Tenía 14 años la primera vez que golpeó el martillo en el mesón de un remate ganadero y ya lleva 48 años en esa labor. Su familia posee campos en Tacuarembó, en Salto, en Paysandú, en Soriano y en Colonia. En esas “varias miles de hectáreas” se dedica a la ganadería y también a plantar unas 3.000 hectáreas de soja, arroz y trigo.
Se trata de Carlos Pagés, presidente de la Asociación de Plantas de Faena del Mercado Interno y, desde el lunes 10, el hombre que representa a esa institución en la Junta Directiva del Instituto Nacional de Carnes (Inac).
En una conversación con Campo, este empresario agropecuario manifestó su posición en contra de fijar precios en el mercado de haciendas, así como de subsidiar la cría de terneros.
“Lo sería si nos ponemos de acuerdo pensando en el futuro y no defendiendo la chacra con uñas y dientes”, advirtió.
En cuanto a la política impositiva oficial, el empresario manifestó: “Vamos a pagar más los que tenemos más; no podemos ser caprichosos, ni necios, ni egoístas”.
Sin embargo, al mismo tiempo criticó al gobierno porque “no aprovechó tanta bonanza junta”, iniciada en el último tramo del gobierno del ex presidente Jorge Batlle (2000/2005) y continuada durante los 10 años de los dos gobiernos del Frente Amplio.
A continuación, un resumen de la entrevista.
—¿Qué justifica la participación de los frigoríficos dedicados al abasto local en el Instituto Nacional de Carnes?
—Planteamos en el Parlamento una modificación de la ley del Instituto Nacional de Carnes, que radicaba en que una de las gremiales de la industria frigorífica que integra la Junta Directiva del Inac en su momento tenía empresas que sólo se dedicaban a la venta de carne en el mercado interno. Pero con el paso del tiempo esos frigoríficos se convirtieron en exportadores y entonces, las plantas de faena especializadas en el abasto no nos sentíamos representadas. Transmitimos además que le estábamos prestando un servicio al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca en cuanto a la faena de animales con brucelosis, porque los frigoríficos exportadores no pueden hacer eso. La carne de los vacunos con brucelosis se puede consumir; lo que no se puede comer son las menudencias. Cuando se empezó a acelerar el proceso de identificación individual del ganado (trazabilidad) surgieron problemas con algunos animales que no estaban trazados y que no se podían faenar para su exportación a ciertos mercados. Ahí también ayudamos a solucionar ese problema, ya que esa carne puede ser vendida en el abasto. Son dos temas sensibles para el país por el tema de la credibilidad de Uruguay en los mercados cárnicos. En la cuestión sanitaria, hacemos la faena corriendo un gran riesgo. Al faenar ganado con brucelosis si se contagia un operario del frigorífico no tenemos seguro que lo cubra. El Banco de Seguros del Estado cubre otras contingencias, pero no este asunto. Intentamos resolverlo, porque no queremos generar complicaciones ni para el dueño de la planta de faena, ni para el operario. En algunos frigoríficos se dieron situaciones gravísimas por los empleados que contrajeron esa enfermedad. Hay seguros para todo, pero para este tema puntual lo estamos instrumentando, porque no existe. Ni la cobertura médica atiende ese tipo de contingencias. El único responsable es el propietario del frigorífico.
—¿Puede explicar cómo fue el proceso para ingresar a la Junta del Inac?
—Demoramos dos años en lograrlo. Recuerdo haber mantenido reuniones con el senador Ernesto Agazzi, que en ese momento era el presidente de la Comisión de Ganadería del Senado. Agazzi me dijo: “creo que ustedes deben estar”. Y le agradezco. El propio presidente del Inac, Alfredo Fratti, nos dijo que un equipo de fútbol que está jugando bien no se tiene que cambiar. Entendimos esa posición, que también la tenían otros integrantes de la Junta. Pese a esa posición diferente, el Poder Ejecutivo resolvió la inclusión de dos nuevos lugares en el Inac: una es ocupada por los frigoríficos dedicados al abasto y otra la ocupan las Cooperativas Agrarias Federadas y la Comisión Nacional de Fomento Rural. Esas gremiales de productores alternarán cada seis meses la representación titular. También otros sectores pretendían ingresar a la mesa del Inac, como los carniceros y consignatarios de ganado.
—¿Cuántas empresas nuclea la gremial y qué porción tienen del mercado local?
— El 60% de los vacunos faenados es para el abasto y el 40% es para la exportación de carne. Ocupamos cerca del 20% de la faena del ganado para el mercado interno. Desde Tacuarembó hacia el sur y desde Colonia hasta Rocha existen plantas de faena para el mercado local.En las buenas y en las no buenas siempre estamos volcando las medias reses o lo que nos pide el carnicero, y al no exportar, no nos guardamos un corte especial, un asado o una molleja.
—¿Qué temas tiene previsto plantear en el Inac?
—La carne es el buque insignia de Uruguay y no podemos aferrarnos a nuestra chacrita. Tenemos que ser bastante más amplios. En algún momento podrá haber algo que no le sirva al abasto interno o a la industria exportadora o a los productores. Y habrá que consensuar. No se pueden patear para adelante todas las cosas. Hay que resolverlas porque el mundo y los negocios son muy dinámicos. No podemos darnos el lujo de perder el tiempo. En el Inac opinaré no sólo por el mercado interno de carne, sino también como productor ganadero y agrícola. Conozco el negocio rural. Tenemos un local de ferias ganaderas en Dolores donde rematamos entre 1.200 a 1.800 vacunos en promedio, con un predio de venta de maquinaria agrícola, vial y forestal.La empresa tiene más de 2.900 fichas de clientes de diferentes puntos del país. No utilizamos el crédito financiero bancario, salvo que algún cliente que compra venga con un préstamo otorgado. Nuestra palabra vale y la respetamos. Y el que está en estos negocios sabe a lo que me refiero con esto. Hoy, el campo que tengo en propiedad es pasajero, porque el campo es un bien finito y es un bien de Uruguay. Por eso lo tengo que cuidar, porque en esa tierra puedo producir poco, mucho o nada. Y puedo hacerlo bien o mal, de acuerdo a las prácticas que utilice para cuidarlo en la rotación de los cultivos.Hasta ahora el equipo del Inac, conjuntamente con la Junta Directiva y con Fratti a la cabeza, han mostrado la carne uruguaya en todo el mundo y lograron abrir mercados. Eso hay que reconocerlo públicamente.
No existe cadena
—¿Cuál es la solución para la histórica puja entre frigoríficos y ganaderos por el precio de la hacienda?
—Pedimos al Inac la información presentada por esos sectores respecto a este tema para poder estudiarla y adoptar una posición. Los industriales y los productores son inteligentes. No podemos seguir con que cuando hay poco, vale mucho, y cuando hay mucho, vale nada. Tengo la esperanza de llevar una solución a este tema tan ríspido. Si queremos seguir teniendo casi tres millones de terneros, tenemos que ser inteligentes en liquidar este tema. Recuerdo que el empresario Ernesto Correa, cuando era propietario del frigorífico PUL, en Cerro Largo, planteó a la industria frigorífica brindar a los productores asesoramiento técnico y ayudar a salvar ganado, apoyado en la siembra de verdeos, entre otras medidas. Con eso, la industria propuso que haya más terneros para que aumente la faena. Las empresas exportadoras fueron a la feria Sial, en París, y se encontraron con que no le pueden vender a Rusia, que devaluó 25% el valor de su moneda, el rublo. No le podemos vender carne a mucha gente y estamos fuera de precio de mercado. Eso no quiere decir que el criador del ternero tiene que pagar los platos rotos. Porque ese productor no tiene voz ni voto en esto. Pero sí puede decir: “no quiero tener más terneros, elimino las vacas y me dedico a la invernada”. Y eso sería lo peor que le puede pasar al país. Algo que nadie quiere que pase; por eso vamos a tener que encontrar una solución entre todos. Para mi gusto, no hay cadena. Hay sectores que nos aunamos pero no es una cadena. Lo sería si nos ponemos de acuerdo pensando en el futuro y no defendiendo la chacra con uñas y dientes.
—¿Está de acuerdo en dar un apoyo financiero al criador de ganado y establecer una franja de precios para los vacunos, como planteó Fratti?
—Le dije a Fratti que no estoy de acuerdo con poner un precio fijo para el ganado porque entonces la industria le va a pedir un precio tope. Si empezamos a manosear el libre mercado, las cosas cambian. Tiene que ser algo por consenso. Si bien los frigoríficos exportadores tienen un reintegro de impuestos y podría pensarse que corresponde darle un estímulo al productor de terneros mediante un subsidio, hoy no estoy de acuerdo. Porque la cría de terneros es algo que mueve al país y no se puede menoscabar al criador subsidiándolo. Hay que proyectar algo más, con ingenio, para que el productor sienta lo importante que es para Uruguay. Siempre he sido muy frontal, porque no le debo nada a nadie. No se trata de tirar piedras, ni de sentirse el sabelotodo. Acá no hay iluminados. Tenemos que ser lo más coherentes, honestos e inteligentes para encontrar una solución.
—¿Qué opina de las políticas públicas en el agro y del cobro de impuestos a los tenedores de tierras?
—No soy político aunque tampoco apolítico; tengo mi corazoncito. No podemos pensar en un IRPF (Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas) en gente que gana 30.000 a 40.000 mensuales, porque gana una canasta familiar y nada más. Sin embargo, se le aplica ese tributo. Vamos a pagar más (impuestos) los que tengamos más; no podemos ser caprichosos, ni necios, ni egoístas. Porque a mí, que terminé el liceo y no hice ninguna carrera universitaria, este país me permitió llegar a donde llegué económica y socialmente. También debo decir que el país vivió no una década sino 11 años y medio de bonanza, porque cuando Jorge Batlle le entregó la banda presidencial a Tabaré Vázquez ya llevábamos un año y medio con los precios de los commodities agropecuarios en alza. Este gobierno agarró un viento de cola como nunca se esperó. Y ese viento de cola llevó a que subieran los valores de los campos y los productos, pero no se hicieron las cosas bien. (El gobierno) no aprovechó tanta bonanza junta y hoy los granos no valen lo mismo y la carne sólo se mantiene en un precio en torno a U$S 4.000 la tonelada exportada. Los insumos subieron en pesos y en dólares de una manera descomunal. No digo que haya sido una mala política, pero sí que podía haber sido mucho mejor. Batlle sacó al país adelante, con un equipo encabezado por el ministro de Economía de ese momento, Alejandro Atchugarry, y nadie puede decir nada. Recuerdo que el futuro presidente de los uruguayos, que va a ser sin ninguna duda Tabaré Vázquez, dijo en ese entonces que había que declarar el default (cese de pagos). Y no solamente lo dijo en el interior, sino también fuera del país. Pero Batlle se negó rotundamente a eso. No tengo duda de que los políticos deben querer hacer lo mejor para el país, pero se equivocan en todos los términos. Son seres humanos, no son dioses.