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    ¿Y si se “cae” la conexión a Internet?: los posibles costos para una economía uruguaya crecientemente digitalizada

    Imagínese lo siguiente. Un día, por alguna razón, Uruguay deja de recibir petróleo crudo (y la ilusión de tenerlo en suelo o plataforma marítima charrúa no se concretó). Poco después habría desabastecimiento: se detendría la flota de camiones, de ómnibus, los autos particulares, los tractores, también muchas fábricas. El país, al menos en parte, se paralizaría.

    Imagínese esto otro. Un día se “cae” Internet y deja de haber conexión para todos, también desde dispositivos móviles.

    Uruguay puso un pie en la red de redes hace casi tres décadas, pero no fue hasta unos 10 o 15 años después que su economía y la gente terminaron de treparse al mundo digital. Pero dejando de lado el síndrome de abstinencia que le provocaría a un ser humano de casi cualquier edad no tener acceso a Internet por unas horas o un día, ¿qué consecuencias tendría un hipotético evento de ese tipo para la economía uruguaya? ¿Cuánto costaría?   

    El cálculo no es sencillo porque no se dispone de datos precisos sobre cuánto de lo que se produce en el país está ligado al uso de Internet. Por tanto, una estimación en tal sentido requiere plantearse supuestos. Si es que no se hizo aún (nada aparece tras un googleo), algún economista imaginará fórmulas complejas y aproximará cifras precisas; la primera respuesta que logró esbozar Búsqueda, en cambio, es vaga, subjetiva, pero relativamente robusta: costaría mucho. Un experto consultado convalida esa idea.

    Conectados

    En Uruguay, la primera conexión estable de correo electrónico con el resto del mundo la logró el Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República el 2 de diciembre de 1988, aunque salir de esa fase prehistórica de Internet llevó varios años, según un artículo publicado en 2015 por “El Observador”. Un primer salto de era se dio cuando Antel decidió entrar a jugar su partido mientras la Red Académica Uruguaya iba creciendo en nodos.

    Internet se viralizó en ámbitos empresariales en el país hace no tanto, a partir de inversiones tecnológicas, la aparición de nuevos productos y, en definitiva, el abaratamiento del servicio. El ADSL móvil, flexible, libre (13 gigas de conexión por fibra óptica, más de 170 veces superior a la del año 2000) surgió recién en 2009, historió el economista Daniel Kefeli, de la Dirección de Industria, al disertar en las Primeras Jornadas de Telecomunicaciones efectuadas en marzo.  

    La capacidad instalada en el país para tráfico internacional de datos (en megabites por segundo) se multiplicó por cuatro desde comienzos de esta década, a la vez que el costo del tráfico bajó. Por otro lado, a junio de 2016 los servicios de banda ancha fija de acceso a Internet en Uruguay eran cerca de un millón; de servicios móviles había una cifra ligeramente mayor —que siguió aumentando en el segundo semestre del año—, según la Ursec. Eso quiere decir que el riesgo de un corte en la conexión en las comunicaciones web se va amplificando, a medida que crece su uso. Muchos clientes son empresas.

    El Instituto Nacional de Estadística publicó a fines del año pasado los resultados de su encuesta de usos de las tecnologías de la información y la comunicación entre micro y pequeñas firmas (que representan una amplia porción del tejido productivo nacional), con cifras para 2013. Un primer dato: siete de cada 10 (69,6%) se conectaban por medio de banda ancha. Segundo, y más importante para nuestro cálculo: 55,8% de las micro y 83,6% de las pequeñas firmas utilizaban Internet (59,6% en promedio de las dos categorías), sobre todo las de sectores como información y comunicación (97,2%); en actividades profesionales, científicas y técnicas (90,3%); y en actividades inmobiliarias (84,5%). Los menores niveles de uso de la red —pero en todos los casos superiores a 40%— se daban en el transporte y almacenamiento; en “otras” actividades de servicio, y en artes, entretenimiento y recreación. Un dato más: casi cuatro de cada 10 (38,1%) de las personas ocupadas por las micro y pequeñas empresas empleaban Internet para su actividad laboral.

    El uso era mayormente para enviar y recibir correos electrónicos, obtener información acerca de bienes y servicios, canalizar formularios en línea, así como para brindar servicios a clientes, según la misma encuesta. El 21,3% hacía publicidad y marketing a través de la red, y un porcentaje algo menor (17,8%) almacenaba información en la nube.

    Por otro lado, el “perfil del internauta uruguayo” relevado para 2016 por la consultora Radar mostró que ocho de cada 10 usuarios de la web buscaba información sobre empresas y 700.000 lo hacía “habitualmente”. Además, casi 1,3 millones de personas había realizado algún tipo de compra online en el último año. Esto sugiere que, para los empresarios, cualquiera sea el tamaño de su negocio, vivir solo en el mundo analógico puede suponer quedar relegado. Al mismo tiempo, depender de Internet implica riesgos.

    La electricidad del siglo XXI

    La banda ancha utiliza líneas similares a las telefónicas u otro tipo de cableado, así como conexiones por medio de redes en el caso de teléfonos o dispositivos móviles. Es improbable, aunque no imposible, que el servicio se corte de forma generalizada y por lapsos prolongados.

    Por diversas razones el servicio puede verse interrumpido. La Unidad Reguladora de Servicios de Comunicación (Ursec) recibe los reclamos, pero no los tiene sistematizados, se respondió ante el pedido de información formulado por Búsqueda.

    Cuánta producción o Producto Bruto Interno (PBI) genera el uso de Internet es difícil de estimar con exactitud, lo mismo que cuánto se perdería por un corte de la conexión a la red para muchos o todos los usuarios. Si —por poner una cifra arbitraria, ya que no hay datos serios al respecto— 1% de la actividad de una micro, pequeña y mediana empresa dependiera del acceso a la web, por “caerse” durante un día la pérdida sería de unos U$S 72 millones (asumiendo que esa categoría de firmas aporta 40% del Producto en Uruguay, según surge de algunas estimaciones, y calculando la producción para un año “hábil” de seis jornadas semanales). El impacto también alcanzaría a las grandes empresas, privadas y públicas, así como al resto del Estado —en donde los trámites están migrando casi por completo a lo digital.

    Con más rigor técnico, un estudio presentado por el Banco Interamericano de Desarrollo en 2012 calculó que un aumento de 10% en la penetración de la banda ancha deriva en un PBI 3,2% mayor, en 2,6% más productividad y en 67.016 nuevos empleos en América Latina y el Caribe, en promedio. En Uruguay el impacto sería similar al que tendría en países como Chile, Argentina, México o Panamá. Esas cifras dan pistas de cuánto costaría una interrupción generalizada de la conexión; otra vez, mucho.

    En las Jornadas Nacionales en Telecomunicaciones, Luis González, un especialista de la Ursec, planteó que la economía digital —la creación de bienes y servicios digitales, además de la agregación de valor a bienes y servicios no digitales— impacta en aquellos sectores con altos costos de transacción. Identificó, entre otros, al transporte, la intermediación financiera, el comercio, el entretenimiento, las actividades inmobiliarias y la hotelería. Y concluyó que aún es posible seguir sosteniendo los “modelos clásicos” de la teoría económica pero asumiendo que hay oportunidades y desafíos con la evolución desde la economía industrial hacia la digital. Eso, para las empresas tradicionales, implica que la “única forma” que tienen para continuar en el mercado es “incorporar la innovación como parte de su ADN” y que “las barreras o las protestas no son la solución”.

    Diego Vallarino, especialista en gestión de datos y tecnología de la innovación, compara la importancia de Internet en la producción actual con la que tuvo la electricidad el siglo pasado. “De hecho, para ciertas industrias es más crítico: para Internet no hay sustituto, mientras que ante un corte de la electricidad pueden disponer de generadores”, señaló, consultado por Búsqueda.

    En Uruguay, ante la eventualidad de no poder acceder a la web por ningún medio, los impactos serían diferentes por sectores, dependiendo de lo intensivo que sea su uso de Internet. Estimó que habría un efecto menor sobre las actividades primarias que en aquellos de “conocimiento-extensivos”, como los de las tecnologías de la información. Según datos de la cámara que agrupa a las empresas del rubro, en 2016 su sector generó unos U$S 1.100 millones de producción.

    Pero también actividades como la banca quedarían fuera de servicio parcialmente al cortarse o demorarse la transmisión de datos. “Esto implicaría que se vería impactada la mayoría de la operativa financiera del país”, con efectos colaterales sobre el comercio, advirtió. Con la inclusión financiera que sustituye dinero en efectivo por pagos electrónicos en expansión, durante el hipotético día sin Internet “el volumen de transacciones se aproximaría a cero”.

    “Uno se imaginaría que dado que la mayoría de los servicios y el comercio se verían afectados, la banca incluida, el impacto en el PBI sería similar a no producir ese día. Lo que implicaría, si se hace una linealidad con las jornadas realmente trabajadas, estaríamos hablando que el impacto podría estar aproximado a los U$S 250 millones diarios. Obviamente, este análisis no tiene rigurosidad de ningún tipo, pero da una idea de la magnitud que puede ocasionar un día de ‘no producción/no actividad’ en Uruguay”, razonó Vallarino.

    “Poco probable”

    ¿Qué tan factible es que se “caiga” Internet en Uruguay? El riesgo es “muy bajo. La confiabilidad de Internet es muy alta y no depende de un solo equipamiento sino que está distribuida entre varios equipos, lo que hace que sea mucho menos probable que se produzca una falla general”, dijo a Búsqueda el presidente de Antel, Andrés Tolosa. “Hoy una falla en una fibra óptica porque fue rota a causa de una obra afecta a una zona y a un porcentaje muy bajo de clientes en el total”, añadió. La distribución del servicio es mayor que hace unos años y los efectos serían más localizados. Una falla global es muy, muy poco probable. Hablamos de valores mínimos”, insistió.

    El ingeniero admitió, no obstante, que no hay inmunidad absoluta: “En algún momento se puede dar” y, “como en todo, no hay 100% de seguridad. (...) WhatsApp tuvo una falla muy grande hace muy poco tiempo; eso produjo un impacto muy importante, ya que hoy es una plataforma que se utiliza mucho”.

    Economía
    2017-06-01T00:00:00