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    100 años de agricultura

    La historia de la agricultura en el Uruguay se puede comenzar a valorar a partir de finales del siglo XIX, ya con un área que se venía expandiendo al tiempo en que se diversificaba con el crecimiento de los cultivos industriales (principalmente del lino) y de los cultivos intensivos (viñedos, fruticultura y horticultura, combinados con la cría de aves).

    De acuerdo con el Censo de 1908, la agricultura ocupaba el 5,2% del territorio nacional y al 60% de la población activa empleada en el agro.

    En la agricultura cerealera, compuesta principalmente por el cultivo de trigo y maíz, las cosechas eran irregulares por efecto del clima y las plagas, y la productividad baja debido a las atrasadas técnicas de cultivo. La rotación de cultivos no estaba generalizada, por lo que la permanencia del cultivo cerealero había ido disminuyendo la fertilidad de las tierras de antigua agricultura.

    El acceso a la propiedad era muy difícil para el agricultor, pues las tierras públicas hacía mucho tiempo que estaban ocupadas por particulares y dedicadas a la ganadería. Tampoco existía un sistema de crédito barato accesible, puesto que a los préstamos contra hipoteca del Banco República solo accedían los grandes propietarios. El único recurso del agricultor para el crédito eran los pulperos e intermediarios.

    Al alto costo de la producción de cereales, atribuible al atraso en las técnicas de cultivo, se agregaba el encarecimiento del producto por las malas condiciones de los caminos y los altos fletes del ferrocarril.

    La exportación de parte de la cosecha de trigo o de la producción de harina, principalmente a Brasil, enfrentaba problemas crecientes debido a su escaso volumen y a la irregularidad de las cosechas que dificultaba asegurar los mercados.

    La producción uruguaya quedaba cada vez más relegada a ser enviada a Argentina para ser reexportada, llenando los vacíos en las bodegas de los buques y el precio de venta era el internacional, bastante por debajo del interno, debido a la baja productividad de la agricultura cerealera uruguaya.

    El estancamiento del área agrícola para esos años es explicado por el auge que adquirió la producción ganadera exportadora, que requirió buenas tierras para el engorde del ganado.

    La instalación de los frigoríficos, el aumento de la demanda de los productos exportados y también de los precios, especialmente durante la Primera Guerra Mundial, generaron el boom de la ganadería.

    Aumentaron los precios de la tierra, subieron los arrendamientos y la ganadería volvió a emplear tierras que habían sido cultivadas. Pero este auge no duró mucho.

    Cuando la debilidad del modelo pecuario-exportador se hace más evidente con la baja de precios que antecede a la crisis del 29, la agricultura acentúa algo su desarrollo, reiniciándose el crecimiento de las superficies sembradas, aumentando la diversificación y disminuyendo la importancia relativa del sector cerealero.

    En forma coincidente tiende a aumentar el tamaño promedio de los predios y las hectáreas por trabajador agrícola.

    También crece la participación de los productos agrícolas en el total de las exportaciones.

    Según la información del Censo de 1908, más de la mitad del área cultivada se concentraba en los departamentos de Montevideo, Canelones, Colonia y San José.

    Para 1916 la zona agrícola se iba extendiendo menos densamente hacia Soriano y en los departamentos cercanos a Montevideo: Florida, Lavalleja y Maldonado.

    En 1928, Soriano ya igualaba a San José en cuanto a área cultivada y se atisbaba el desarrollo de una zona agrícola en el litoral del río Uruguay (comenzando por Paysandú), basada en la diversificación de cultivos, especialmente horticultura y fruticultura, que se afirmará en los años treinta.

    A lo largo del período es notable el desplazamiento de la agricultura hacia el oeste debido a la menor rentabilidad de la agricultura cerealera en las zonas cercanas a Montevideo, que se dedicaron crecientemente a la lechería y a las labores de granja.

    Otro fenómeno observado en esos primeros años es el estancamiento de la agricultura en el este del país: Rocha, Lavalleja y Cerro Largo disminuyen el área cultivada; en Maldonado se estanca en los años treinta.

    Finalmente, en todo el norte del río Negro el área agrícola se reduce en términos absolutos en el período, incluyendo los manchones de agricultura que existían a comienzos de siglo en Rivera, Tacuarembó y Cerro Largo.

    100 años después, algunos de los problemas que enfrentó la agricultura a comienzos del siglo pasado aún hoy podríamos decir que se mantienen.

    Los riesgos de la sustentabilidad por la saturación del suelo, la vulnerabilidad del agricultor frente a la demanda, la dependencia de los mercados internacionales, la propia calidad de las tierras y de la información climática y también muchos de los problemas logísticos de aquella época aún son temas de debate y de preocupación permanente.

    En algunos de ellos se ha avanzado bastante y se continúan buscando soluciones, como el plan de uso y manejo de suelos, que busca una mayor sustentabilidad de esta actividad, la posibilidad de coberturas de riesgo para los agricultores de manera de no quedar expuestos al mercado, un conocimiento mayor de los suelos aptos, mejor, aunque no ideal información climática y hasta en la infraestructura, aun con limitantes.

    En otros aspectos, se han producido saltos importantísimos en la agricultura. Particularmente en la genética de las semillas, con la incorporación de la biotecnología y los transgénicos, que dan a los agricultores una mayor seguridad y estabilidad en su producción por el control de plagas y enfermedades, potenciando los rendimientos por hectárea a niveles insospechados a principios de siglo, la incorporación de tecnología ultramoderna en las técnicas y equipamiento y la posibilidad de un conocimiento mucho más profundo de los suelos a través de la agricultura por ambientes.