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    75 años ha

    Un día como hoy hace 75 años, el 3 de mayo de 1937, estalló en Barcelona una guerra civil en la guerra civil.

    Para entender los motivos de este enfrentamiento, que se cobró unas 1.000 vidas, hay que tener en cuenta dos datos fundamentales. Uno es la gran fuerza del nacionalismo catalán. Otro, la gran fuerza del anarcosindicalismo, que en Cataluña y Aragón contaba, en los primeros meses de la contienda española, con dos millones de afiliados en sus organizaciones.

    La revuelta contra la República estalló el 17 de julio de 1936, y no el 18 de julio, como equivocadamente se conmemora. Pero los insurgentes fracasaron en su intento de tomar las grandes ciudades. Madrid, Barcelona y Valencia permanecieron bajo control gubernamental.

    El responsable de la revuelta en Cataluña fue el general Manuel Goded, quien fue derrotado por las milicias anarcosindicalistas y fusilado pocos días más tarde.

    En el gobierno catalán que se formó en noviembre de ese año, los anarquistas tuvieron cuatro ministros. Justamente, la primera ministra mujer en toda Europa fue la anarquista Federica Montseny.

    Otro anarquista, Juan García Oliver, fue nada más y nada menos que ministro de Justicia del gobierno central durante seis meses.

    Cataluña se convirtió inmediatamente en un paraíso anarquista. Las banderas rojinegras cubrían Barcelona. En los bares colectivizados, en los taxis, en los tranvías y en todos los centros de trabajo, la rojinegra mostraba la fuerza del anarcosindicalismo.

    George Orwell, voluntario en las filas del POUM (grupo antiestalinista aliado al anarquismo) escribió que hasta los lustradores de zapatos habían pintado sus cajas con pomadas y cepillos de rojo y negro.

    El movimiento anarquista ocupó el importante edificio de Telefónica, desde donde podía controlar y censurar todas las llamadas dentro de Barcelona y entre la ciudad y el mundo.

    La rebelión iniciada por Franco (pero no dirigida por él hasta octubre) desató en Cataluña dos grandes procesos: la revolución anarquista y un movimiento catalanista (pero no socialista) cuyo objetivo era la independencia de la región.

    Tanto uno como otro dieron origen a un conflicto crucial dentro del bando republicano.

    La primera fase de la guerra española duró desde julio de 1936 a mayo de 1937. Dentro del bando nacionalista, este período se caracterizó por la lucha interna entre monárquicos antagónicos (alfonsistas y carlistas), republicanos de derecha, fascistas…y Franco, que seguía sus intereses personales.

    Dentro del bando gubernamental, las diferencias principales corrían entre los grupos radicales (anarquistas, poumistas y socialistas de izquierda), por un lado, y el Partido Comunista y los socialistas moderados por el otro.

    Los pequeños partidos verdaderamente republicanos, con el presidente Azaña a la cabeza, habían perdido completamente el control sobre el aparato estatal durante la primera semana de la contienda, cuando se repartieron armas y se formaron las milicias.

    Inexplicablemente, como si hubiese estado coordinado por un imaginario cuartel general de los dos bandos enemigos, entre el 19 de abril y el 7 de mayo de 1937 hubo un cambio radical en las características de la guerra.

    El 19 de abril, Franco dio una suerte de golpe de Estado en el bando nacionalista; expulsó, arrestó y condenó a muerte a algunos aliados suyos y unificó a las organizaciones rivales, poniendo la nueva fuerza bajo su mando directo.

    Dos semanas más tarde comenzó en Barcelona el enfrentamiento entre anarquistas y poumistas, por un lado, y comunistas y fuerzas armadas del gobierno central por el otro, cuando los comunistas intentaron desalojar a los anarquistas del edificio de Telefónica.

    Quien quiera seguir desde adentro el desarrollo de estos hechos puede leer Homenaje a Cataluña, de Orwell, que describe los combates de forma tal que al lector se le llenan las narices de pólvora (Orwell se salvó de ser asesinado en esa oportunidad, pero fue herido de un balazo en el cuello pocos días más tarde).

    Como resultado de la guerra civil dentro de la guerra civil, los comunistas tomaron el control del gobierno regional, eliminaron algunas figuras emblemáticas como Andrés Nin, el líder del POUM, que fue asesinado, y neutralizaron las tendencias revolucionarias y catalanistas en la región.

    Pronto quedó claro que la operación limpieza en Cataluña era el primer paso para la mudanza del gobierno central de Valencia a Barcelona.

    Es importante recalcar que a partir de abril-mayo de 1937, la guerra civil española tomó un nuevo rumbo. De un lado quedaron las fuerzas nacionalistas, con Franco como jefe indiscutido; del otro las fuerzas mal llamadas republicanas, pues en todo ese entramado no había un solo actor que defendiese la república parlamentaria burguesa.

    A partir de ese entonces, la guerra fue entre Berlín y Moscú.

    (*) El autor es doctor en Historia y escritor