A 25 años de la muerte de Wilson no quisiera más que recordar una anécdota que presencié una noche en la sede de Por la Patria en la calle Yaguarón en los días inmediatos a la aprobación de la “ley de caducidad”.
A 25 años de la muerte de Wilson no quisiera más que recordar una anécdota que presencié una noche en la sede de Por la Patria en la calle Yaguarón en los días inmediatos a la aprobación de la “ley de caducidad”.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSe trata de un hecho más bien pequeño —y es precisamente en estos pequeños actos donde uno aprende a valorar más a las personas— pero que describe claramente la grandeza de nuestro inolvidable líder.
Nos habíamos congregado un nutrido grupo de militantes de “las coordinadoras” para escuchar los argumentos de Wilson acerca las circunstancias que lo llevaron a impulsar “la ley de caducidad”. Por supuesto que el desconcierto entre los jóvenes era muy grande. Luego que Wilson nos explicó las razones de su decisión, intervino Margentina (entre otros), una compañera muy militante, muy sincera y muy convencida de que no se podía no juzgar a los militares. Increpó duramente a Wilson pero su sentimiento en aquel momento era de tal desazón que terminó llorando. En ese momento, Wilson le hizo llegar una esquela donde le dijo: “Daría diez años de mi vida (si es que me quedan tantos) por convencerte. Se trata de argumentos racionales y no de emociones, porque esas nos sobran a los dos. W”.
Estas dos frases resumen la grandeza de un estadista. Un hombre que después de ser perseguido por la dictadura, exiliado, preso, inhibido de postularse, enfrenta las graves circunstancias de aquel momento y antepone a sus sentimientos el deber de gobernante, haciendo prevalecer la paz y seguridad de la Nación por sobre cualquier otra consideración, sin dejarse guiar por las emociones (y vaya si le sobraban) y sin medir consecuencias electoreras, como hoy lo hace a diario más de un personaje que nos gobierna, es un grande de espíritu.
¡Qué falta nos hace un Wilson que ayude a elevar la mira en medio de esta enorme crisis de valores a la que nos están conduciendo nuestros gobernantes de hoy en día!
Una vez más, y como siempre, ¡viva Wilson! ¡Viva el Partido Nacional!
Ing. Qco. Gualberto M. Mato
CI 1.199.021-4