Nº 2132 - 22 al 28 de Julio de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAl presidente argentino, Alberto Fernández, no le gustó nada cuando su par uruguayo, Luis Lacalle Pou, definió al Mercosur como “un lastre”. En forma inmediata e intempestiva se puso el sayo, se alteró e invitó a su país vecino y socio comercial a irse si la situación era tan grave. El tiempo, una vez más, puso las cosas en su lugar. Todo lo que sucedió después de aquel bochornoso enfrentamiento entre presidentes del Mercosur no hace más que reforzar lo que ya habíamos señalado en esta página editorial en aquel momento: con la Argentina de hoy, enferma de ideología, no hay posibilidades de modernizar el sistema comercial del organismo regional. En esa oportunidad estábamos pensando en un eventual Uruexit y ahora se suma el Braexit, haciendo un combo que a primera vista parece atractivo.
La alianza que logró armar Lacalle Pou con su par brasileño, Jair Bolsonaro, es una movida inteligente para romper el corsé en que se convirtió el Mercosur, que con su burocracia ideologizada solo logra obtener resultados mediocres. Ya no se puede seguir esperando y es tiempo de aprovechar las buenas relaciones con algunos países fuera de la región, favorables al libre comercio. Para llegar a este punto había que tener la convicción que no tuvieron los anteriores gobiernos, lejos del verdadero objetivo y centrados en las pequeñeces de los líos locales. Las administraciones del Frente Amplio no estaban dispuestas a pagar el costo político y salir de la zona de confort, pero eso también cambió tras el 1º de marzo de 2020.
Es sintomático que luego de que el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Bustillo, participando en una reunión del Atlantic Council y recogiendo algo dicho antes por Lacalle Pou, marcara la cancha diciendo que “parecería que el único que nos escucha es China”, Estados Unidos haya resuelto aparecer. La semana pasada, Búsqueda publicó una larga entrevista con el encargado de negocios de la embajada de ese país en Montevideo donde manifestó el interés norteamericano por avanzar comercialmente lo máximo posible con Uruguay. La movida inicial de Lacalle Pou ya está dando resultados concretos.
Seguir atados al Mercosur, como ocurrió en el pasado cuando dejamos “pasar el tren” de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, sería un desperdicio de oportunidades y de tiempo y da la sensación de que el gobierno actual tiene muy claro esa premisa, a diferencia de lo que ocurría en el pasado.
La famosa flexibilización del Mercosur quedó como un tema cerrado por la declaración política uruguaya de interpretar que la decisión 32/00 no fue válida, según explicó el secretario de Itamaraty, Pedro Miguel, también entrevistado por Búsqueda en la última edición. Lo dijo sin marcar posición de la administración de Bolsonaro, pero dejando claro que los gobiernos pueden ya empezar a negociar directamente con terceros.
Brasil también se juega mucho en el nuevo plan de negociaciones bilaterales por fuera de la región. Bolsonaro tiene una campaña electoral por delante, el próximo año, y había prometido la modificación a la baja (10%) del arancel externo común. Brasil parece entonces irse acercando al Braexit. Así lo definió Pedro Miguel: “Las negociaciones externas, donde estamos muy muy sintonizados con Uruguay en querer no solamente cerrar las negociaciones concluidas, sino también avanzar más rápidamente en las negociaciones en curso, como Corea, Singapur, Líbano y Canadá. Y lanzar nuevas… Ya todos tenemos acuerdos de avanzar con Indonesia. Queremos todos profundizar acuerdos que todavía no son significativos, como con la India. Está el frente de Centroamérica, que para Brasil es importante, tal vez más que para Uruguay. Queremos avanzar con países de África, de Oriente Medio, de Eurasia. Nuestra idea es ir plantando semillas para futuras negociaciones y cerrar las que ya están en curso. En eso creo que estamos muy sintonizados con Uruguay”.
Una invitación a mucho la que plantea Brasil, que corremos el riesgo de perderla por complacer una visión caprichosa del mundo que todavía existe en el bloque regional. Es ahora.