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Al presidente Mujica lo hemos visto a lo largo de estos interminables años de su mandato en varias situaciones patéticas, de esas que producen toneladas de alipori (que es nombre técnico de la vergüenza ajena, y si tienen dudas vayan al diccionario de la Real Academia).
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Entre ellas recuerdo algunas especialmente destacadas, como cuando tuvo frío en Venezuela, y se puso la campera de un oficial del ejército chavista, con escudo y bandera, cuando asistió con pantalones remangados, patas sucias y sandalias a la toma de posesión del ministro de Economía Mario Bergara, cuando se subió a un podio con los demás presidentes del Mercosur y Cristina Fernández le observó la vetustez y mal estado de los zapatos medio descosidos que utiliza normalmente, o cuando despidió al cadáver de Chávez abrazando el féretro en medio de sollozos.
Pero uno de los mejores episodios fue hace unos días, cuando tuvo sus cinco minutos de gloria conversando con Vladimir Putin en Brasil, y trató de “venderle” la idea del famoso puerto de aguas profundas, con el que viene haciendo gárgaras desde que asumió el mando. El puerto este es como el reflotamiento de AFE, las 10.000 casas del Plan Juntos y el petróleo en el mar continental. Van a estar listos el día del arquero.
Pero el Pepe extrajo de entre sus ropas el mapa de carreteras de Ancap, ése que guardamos en la guantera del auto cuando andamos por los caminos de la patria entre las rutas 83 y la 144, y no sabemos dónde doblar. El Pepe desdobló el mapa, y trató de extenderlo sobre una mesita que separaba a los dos contertulios, sobre la cual había un pequeño y coqueto arreglo floral, que Putin se apresuró a retirar antes que el Pepe lo tirara al suelo desplegando el mapa, que era el doble del tamaño de la mesita.
Ahí, podemos presumir, el presidente uruguayo le mostró al presidente ruso dónde iba a estar ubicado el puerto de aguas profundas que Rusia sin duda construiría con generoso desprendimiento, desviando algunos de los fondos que destina a la construcción de misiles, bazookas, aviones de combate y tanques de guerra.
A la salida de una de las cien salas destinadas a los más diversos actos, celebraciones, cocteles, recepciones, asados, y demás eventos a los que concurre semanalmente, el presidente fue consultado por la bandada habitual de periodistas que lo rodea para tirarle de la lengua, cosa que le encanta y practica con exquisita habilidad, poniendo siempre cara de fastidio pero hablando hasta por los codos.
—“She lo ofreshí al Putin, vamoavé, ujtede shaben que no e changa el puerto ejte, ¡pero que lo vamoashé, lo vamoashé, papá!” —replicó el primer mandatario a sus interlocutores —“y no she vayan a crer que me quedé en esha, no, ahora en Caraca me preshentaron un ricacho desho que cashi ya ni quedan en Veneshuela, ¡y aproveché pa venderle la idea del puerto tamién!” —prosiguió, demostrando su tenacidad. Y siguió adelante “tamién me debe la rejpuesta tuavía el Yor Shoro, que me yoró la milonga dishiéndome que ya había puejto mucha guita pa la mariguana, pero que igual iba a vé shi hashían una vaquita con el Roquefele, y entre lojdó me contruían el puerto, me contruían, y no she vayan a crer que me conformo con esho, el mé que viene me voy pa México, y aí viablá con el Carlos Eslín, quejelhombre má rico del mundo, el de la telefónica, y le viá pedí dojmil miyonedólare, que é esho pa él, cambio chico, y ashí dijpué va tené un puerto pa venir con la familia, y lo yate deyo, esha puede andá, vanavé, pero por la duda y con la in-va-lo-rable ayuda del Cánepa, porque yo pa la computadora shoy medio bejtia, le mandamo un meil al grone Obama, y le dije que cuando nojvimo el mé pashao me había olvidao de deshirle que preshishaba un puerto de agua profunda, y que le tomaba shei prishionero má de Guantánamo shi me conseguía alguien que me contruyera eshe puerto, y ademá y por lajduda, como andamo a la patada con la Crijtina y con la Argentina, agarré y le mandé tamién un meil desho a la reina delojingleshe, la viejita esha ejtá forrada de guita, pa que invierta y haga un puerto de agua profunda aí en Rocha, y tiene pa recalá lo barco ingleshe que van pa lajmalvina o laj fóclan, como lajyamaneyo a lajisla esha…¡ya vanavé cómo alguno va picá, papá!” —reafirmó con entusiasmo el presidente.
Uno de los periodistas le preguntó concretamente cuál había sido la respuesta de Putin, cuando le propuso esta idea, —“aunque sea lo que le comentó sin compromiso, pero qué fue lo que le dijo” —inquirió.
—“Voshabé que mucho no lentendí” —replicó Mujica — “al tradutó apena si lojcuchaba, tanto que dijpué que terminó lantrevijta le pregunté al hombre qué fue lo que Putin me dijo, y él me contejtó que tampoco le quedó muy claro, pareshe que en Rushia hay una región que se yama Kagar, o algo ashí, porque dishe el tradutó que Putin me invitó para que me fuera a Kagar a ver el puerto que hay aí, pero no noj quedó muy claro…”.