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Cuando mis lectores me preguntan de dónde saco tema para mis columnas, siempre les contesto con la vieja y manida frase, que no por antigua y repetida deja de ser cierta, insistiendo en confirmarse semana tras semana: “la realidad supera la ficción”.
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Esta semana le extiendo mi sincero agradecimiento al señor subsecretario del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, don Nelson Loustaunau, que estuvo en una asamblea de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra, en la cual pronunció un conceptuoso e innovadoramente revolucionario discurso, del cual me veo obligado a reproducir algunos de sus párrafos, para ratificar el firme concepto que respalda el subtítulo de esta columna desde hace más de cuatro décadas: “No es Broma”.
Dijo el jerarca uruguayo ante el previsible asombro de sus colegas de todo el mundo: “La imagen de Internet como nube abstracta sobre la cual no puede ejercerse ningún tipo de control, debe abandonarse”.
A esta altura, varios delegados que dialogaban por lo bajo entre sí, tal vez organizando una ida a comer una fondue en algún restaurante de la Vielle Ville ginebrina, hicieron silencio y prestaron mucha atención. En realidad, la asamblea quedó muda, a la espera de lo que seguiría.
Y prosiguió el jerarca oriental: “Uruguay propone que haya una regulación internacional del trabajo en Internet, porque no alcanzará con el esfuerzo que pueda hacer cada país en forma individual”. Y siguió, más adelante, ya mostrando los dientes recaudadores que vienen caracterizando a cuanto jerarca celeste que ande por ahí: “La informalidad del sector, el pago de tributos y el régimen previsional están en la base de la regulación. Estos fenómenos (los trabajos por Internet) parecen haber sido diseñados como un gran portal de escape a la formalización, tal como la concebimos hoy”, agregó nuestro representante.
Y si algo faltaba para que entendiéramos bien el mensaje de don Loustaunau, concluyó: “El ciberespacio donde actualmente se desempeña un número importante de trabajadores y empleadores, de alguna manera debe integrarse al mundo tangible, y sus productos y trabajadores sin fronteras convertirse en objeto de regulación”.
Culminadas sus palabras, se pusieron de pie para aplaudirlo los delegados de Nigeria, Costa de Marfil, Burundi y Lesotho, mientras el delegado de Zambia le gritaba desde su asiento al uruguayo: “¡eso ya lo discutimos con Sendic durante su reciente visita, y nos pusimos de acuerdo en todo!”, lo cual hizo surgir en el rostro de Loustaunau una sonrisa de satisfacción.
Terminada la sesión, el Club del Cuarto Mundo le organizó un homenaje al subsecretario uruguayo en el Centro Cultural Salvador Dalí, dedicado al análisis, estudio y profundización de las ideas surrealistas que surgen en el mundo académico.
El ministro de Inspección del Teletrabajo y Supervisión del ciberespacio de Zimbabue, Lic. Zambombo Kontrolembe Lointangimbli, tras el brindis de rigor y las felicitaciones al expositor uruguayo, le preguntó cuáles eran las medidas concretas que su país tenía planificadas para ejecutar esta patriótica defensa de la soberanía fiscal, abiertamente violada por los piratas de la nube cibernética.
Loustaunau comentó entonces que el Uruguay desde hace años mantiene una amistosa y muy estrecha relación con la República Democrática del Congo, desplegando misiones de paz en varias regiones de dicho país africano.
“Pues bien” —prosiguió el Dr. Loustaunau —“en las llanuras centrales del Congo existe una tribu de pequeños hombres que todos conocen con el nombre de “pigmeos”. El Uruguay se ha caracterizado en los últimos tiempos por estimular una inmigración inusual, como la de los ciudadanos sirios y la de los ex presos de Guantánamo. Ahora nos proponemos estimular la llegada al Uruguay de un aluvión de pigmeos, que serán destinados a un experimento revolucionario. La industria del armado de hardware en Uruguay se verá en el futuro abocada a la instalación de un pigmeo por computadora. Los mismos se instalarán en un espacio junto al disco duro, y tendrán en sus manos una libreta en la que irán registrando los contactos físicos de los teletrabajadores, pasando semanalmente la lista de estos evasores directamente al BPS y a la DGI. Se les dotará asimismo de un celular, para reforzar su misión de vigilancia y control. Para evitar que tengan que estar saliendo a cada rato de la carcaza de la computadora, se les practicará un ano contranatura combinada con una sonda uretral, para que puedan evacuar sus necesidades sin descuidar los controles. Podrán cambiar la bolsita en las noches, una vez que el usuario de la computadora la apague para descansar, oportunidad en la que también se les hará llegar una ración de vegetales concentrados con vitaminas, que les permitirán subsistir en forma saludable en esta dura pero necesaria tarea”.
A esta altura los “vivas” y los “hurras” de los asistentes hacían casi inaudible las declaraciones del subsecretario uruguayo, pero todavía quedaba más por agregar, para seguir desconcertando al mundo.
“También hemos encomendado a nuestro embajador en Australia una gestión a realizar en la vecina isla de Liliput, porque no se nos escapa que, si bien los pigmeos son manuables y pequeños, fácilmente introducibles en las torres de las PC tradicionales, las laptops son más pequeñas y, en defensa clara de los derechos humanos, como se caracteriza nuestro país, no queremos comprimir a los pigmeos adentro de las computadoras portátiles. Pero, según Jonathan Swift en su tratado sobre los viajes de Gulliver, los liliputienses miden 15 centímetros, por lo que será sencillo introducirlos en las laptops para que ejerzan los controles sobre los piratas que evaden las contribuciones de seguridad social y los impuestos trabajando por Internet sin declarar nada. Creemos que nuestro sistema será seguido por el mundo, y en los años por venir Uruguay volverá a ser destacado por sus innovaciones tecnológicas en defensa de la Humanidad, y de la recaudación de impuestos”, culminó Loustaunau, quien fue sacado en andas del local, y llevado en desfile por las calles de Ginebra, hasta que, cuando llegaron al borde del Ródano, el homenajeado se les cayó al río, y lo rescataron mojado algunos kilómetros más abajo.
Sano y salvo, por suerte, para el futuro de la patria, que precisa hombres de esta talla.