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    Abre las puertas de su hogar fugaz

    Mateo Ottonello encabeza cuatro recitales con músicos de trayectoria e incipientes

    Al compositor y baterista montevideano Mateo Ottonello se lo ve rodeado: tambores, platillos y un sinfín de golpes suelen ser la compañía usual del joven con formación como baterista dedicado al jazz. En el último par de años, además, se lo ve junto con diferentes clases de músicos: incipientes, profesionales y reverenciados. Prueba de ello es Residencia Ottonello, una serie de cuatro conciertos que el artista se encuentra liderando en La Trastienda desde el domingo pasado, y que continúa el 21 y 28 de marzo y tendrá su cierre el 4 de abril.

    Las citas, todas ellas domingueras y protagonizadas por diferentes grupos, reunirán a una veintena de músicos entre los que se incluyen Hugo Fattoruso, los hermanos Nicolás y Martín Ibarburu y Luciano Supervielle, entre otros. Las entradas se encuentran a la venta en Abitab y en la boletería de La Trastienda con precios de $ 585 (mesas) y $ 700 (platea preferencial), con disponibilidad de una promoción 2x1 para usuarios del BROU.

    La propuesta, en la que Ottonello será baterista de todos los conciertos, es presentada por el instrumentista como una evolución de Música en la Azotea, una tanda de conciertos que tuvo lugar en febrero de 2020 en el espacio cultural Tribu. Una vez más, Ottonello hace uso de una red de colaboraciones en pleno crecimiento dentro de la escena local para establecerse como organizador, curador y eje musical de una variedad de artistas inmersos en el jazz, candombe y rock uruguayo.

    Ante esa heterogeneidad de géneros, Ottonello señaló, en conversación con Búsqueda, que hoy se siente a gusto desprendiéndose de las etiquetas musicales. Si bien cuenta con un aprendizaje (y devoción) hacia el jazz y la música instrumental (presente en el primer álbum de Mateo Ottonello Grupo, 1612), su propia exploración hoy lo tiene como integrante de grupos de hip hop (Meteoro, junto con el rapero Berna) o incluso improvisando en redes sociales sobre alguna canción producida por Bizarrap, el creador argentino de hits que domina las plataformas de streaming.

    “En todos los lugares y circuitos de música hay algo para aprender”, afirma. “Si estuviese encerrado solo en el jazz, no saldría de ahí. Busco otra cosa: ver algo más grande. La residencia trata de eso”, comenta al detallar el génesis de su estadía mensual en La Trastienda.

    El primero de los conciertos de Residencia Ottonello fue una muestra de la diversidad en la que el músico se encuentra sumergido. La primera de las bandas convocadas tuvo al baterista tocando con el pianista Luciano Supervielle, el vibrafonista Maxi Nathan y el cantautor montevideano Mariano Gallardo Pahlen, autor de Los sueños de los otros, uno de los álbumes nacionales imperdibles de 2020.

    Durante el recital, que contó con una reveladora apertura a cargo de Helen Olhausen, Ottonello compartió que fue el entusiasmo por el álbum de Gallardo lo que motivó la formación de este nuevo cuarteto. En vivo, el resultado fue un recorrido por las canciones de Los Sueños de los Otros, piezas de Supervielle de su disco Rêverie y composiciones propias de Ottonello y Nathan. Una embestida de virtuosismo, exaltación y el hervor producido del intercambio de canciones entre pares.

    La convocatoria del próximo domingo 21 tendrá a Ottonello tocando con los hermanos Ibarburu (“¡Son los músicos de Jaime, ¿sacás?!”, señala con entusiasmo el baterista), Rolo Fernández y Hernán Peyrou. Sofía Gabard será la cantante encargada de abrir el show. La ejecución los llevará hacia más improvisación que la primera fecha, pero también habrá lugar para la canción. “Son los responsables de interpretar muy bien la música de acá, marcando historia todo el tiempo”, agrega el músico sobre la segunda de sus bandas efímeras.

    En paralelo a su pequeña maratón musical, Ottonello prepara un inminente ingreso a estudio para preparar el segundo trabajo discográfico de Mateo Ottonello Grupo, su proyecto más personal. El baterista señala un pequeño alejamiento con su anterior álbum, 1612, y señala a la pandemia como un disparador directo de una indagación en sus propias capacidades como baterista y compositor de melodías, llevándolo por géneros como el funk y la electrónica.

    Barajar cuatro formaciones diferentes ha sido, en tanto, un desafío de organización que ha sumergido a Ottonello en una cadena de ensayos que todavía tiene mucho por delante. La apuesta, que tuvo un puntapié a sala llena el pasado domingo, también es una prueba para su propia capacidad física y mental detrás de la batería. Confía, de todas formas, en la visión de la música que lo ha mantenido, en su breve carrera, siempre atareado. “El ritmo está en el corazón. Tun tun, tun tun, se toca el pecho. La música está en todo. Solo depende de cómo lo escuches y lo descifres”.

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