Ante la nueva realidad de precios en la agricultura, adecuándose en niveles significativamente más bajos que en años anteriores, los productores comienzan a repensar su negocio y evaluar conveniencias para mantener la rentabilidad, dentro de un marco de suba de costos, regulaciones oficiales como los planes de uso y manejo de suelos y el bloqueo a la autorización de nuevos eventos transgénicos que podrían potenciar los rendimientos de los cultivos minimizando los riegos.
Miguel Carballal, productor agrícola del departamento de Soriano, directivo de la Asociación Uruguaya pro Siembra Directa (Ausid) y presidente de la Confederación de Asociaciones Americanas para una Agricultura Sustentable (Caapas), explicó a Campo el dilema al que se enfrentan los agricultores. Señaló que los números del negocio cambiaron del año pasado a este y que incluso cambiaron de hace tres meses ahora. En todos los commodities, pero especialmente en la soja, grano del cual se plantan en Uruguay 1.300.000 ha, se produjeron caídas de precios en los mercados internacionales. En el caso particular de la soja, que 90 días atrás se ubicaba en niveles del orden de los U$S 500 por tonelada, los precios futuros con los que los productores deben tomar las decisiones de siembra para la próxima campaña se ubican hoy en el eje de los U$S 380 a U$S 390 y el maíz también tuvo un “derrape fenomenal”.Esta nueva realidad de precios determina que los rendimientos de equilibrio sean cada vez más altos. Carballal señaló que en el caso de un maíz de primera, a los valores de venta actuales y con el costo de implantación, son necesarios rendimientos de entre 8.000 y 8.500 kilos por hectárea renta incluida, mientras que para una soja de primera el equilibrio se logra con una producción de entre 2.200 y 2.300 kilos.
Para este especialista, “un trigo y una soja de segunda es la ecuación que cierra más, porque se reparte la renta en dos cultivos y se le carga todo el fertilizante al trigo y la soja de segunda se lo lleva de arriba”.
Explicó que para una soja de segunda, con 1.500 o 1.600 kilos de rendimiento se cubren los costos, pero aclaró que con los valores actuales del trigo, de entre U$S 210 y U$S 220 por tonelada, se necesitan 4.000 kilos de rendimiento debido a que los costos actuales se sitúan por encima de los U$S 800 por hectárea. El valor de la renta, que se considera un insumo más (aproximadamente el 60 % de la agricultura en el país se hace sobre suelos arrendados), se ha mantenido estable, ejerciendo la misma presión sobre los costos, sin adecuarse a los nuevos valores del producto y por lo tanto afectando la rentabilidad de los cultivos. No obstante, la inmensa mayoría de las rentas se pactan en kilos de producto, unos 1.000 kilos de soja por hectárea por año, y si bien esto es favorable, para Carballal se termina convirtiendo en un problema con la vigencia desde hace dos años del Plan de Uso y Manejo de Suelos implementado por el MGAP, que obliga a la rotación de los cultivos.
Sostuvo que, como directivo de Ausid, considera muy válidos estos planes para el cuidado de los suelos y que no exista un monocultivo o una secuencia de cultivos permanentes, pero aclaró que a quien está pagando una renta de 1.000 kg de soja y planta maíz a pérdida para cumplir con la rotación, no le cierran los números. “Sería algo muy vocacional que nadie lo va a hacer”, enfatizó.
Para este especialista, “esto nos va encasillando en un problema de sustentabilidad de la agricultura, porque indudablemente el único cultivo que va quedando que deja algún peso es la soja”, lo cual supone un “círculo vicioso que no es bueno”.
Sostuvo que los precios de los granos de hoy y la rentabilidad del negocio “atentan contra la sustentabilidad de la agricultura y en consecuencia contra los planes de suelo del Ministerio”.
Con las áreas actuales, prácticamente Uruguay está cayendo en el monocultivo, donde la soja domina las rotaciones.
Para resolver el problema de baja rentabilidad, Carballal no cree que por el lado de una mejora de los precios pueda venir la solución y tampoco cree que pueda venir por el lado de una disminución en los costos.
Sin embargo, cree que sí pueda resolverse el problema futuro de la rentabilidad, aumentando la potencialidad de los rendimientos en los cultivos, apostando a los avances en biotecnología.
Puso como ejemplo la evolución en soja, donde inicialmente se utilizó la RR (resistentes a glifosato) y luego la BT (resistente a lagarta), que este año, para quienes utilizaron esta semilla, les significó entre un 5 % y un 9 % más de rendimiento.
Para Carballal, si se hace un buen cuidado de los suelos, los rendimientos continuarán incrementándose de la mano de la biotecnología, la que considera una “herramienta de gran valor, actual y potencial, para mejorar la performance del sistema agroproductivo”.
Reconoció las críticas que tienen los organismos genéticamente modificados, fundamentalmente desde las organizaciones de ambientalistas, pero también desde parte del gabinete del presidente Mujica.
Carballal sostiene que la biotecnología es “una herramienta y no una ideología” y recordó palabras de Norman Bourlag, Premio Nobel de la Paz y “padre” de la llamada Revolución Verde, quien afirmó que cada año 90 millones de personas se suman a la demanda de alimentos del planeta, y que en función de esto se necesitará “la mayor tecnología posible” para satisfacer sus requerimientos.
Sostuvo que el camino “más fácil” es el de la biotecnología, que a diferencia de la naturaleza es “tremendamente rápida y precisa”.
Respecto a la disputa en la interna en el gobierno, que desde 2012 no autoriza nuevos eventos transgénicos con fines comerciales, Carballal sostuvo que “nos dejan con menos herramientas para competir. Porque hoy, con este mundo globalizado, nuestro competidor es el productor en el mundo; entonces, si no tenemos herramientas acordes, cada vez es más difícil luchar”.
Este productor y directivo de asociaciones de productores entiende que el manejo de los genes y de la biotecnología es algo ya natural, partiendo de la base de que está presente desde la insulina hasta el yogur pasando por una enorme cantidad de productos que consumimos diariamente. Sin embargo, sostiene que existen organizaciones ambientalistas “con mucha fuerza y mucho dinero” que se oponen y que realizan un “lobby impresionante”.
Para Carballal es “imposible” atender la demanda mundial produciendo alimentos naturales. “Si no logramos avanzar mejorando la producción, tenemos que avanzar aumentando el área”, lo cual consideró una perjuicio “peor”, ya que “entraríamos a deforestar, a quemar, a ganar suelos que son marginales, que están generando otro beneficio, como pulmón del planeta”.
Buscando la sustentabilidad
Ante la realidad actual, consideró que debería plantearse un escenario diferente para enfrentar el peligro que supone la forma actual por los problemas físicos del suelo, la erosión y la pérdida de nutrientes como fósforo, potasio y microelementos. “Si no somos conscientes de reponer los nutrientes que extraemos con los granos, corremos con los riesgos de caer en una agricultura minera”, con los perjuicios que ello ocasiona.
Según Carballal, Uruguay debería volver a ser un país agrícola-ganadero, de rotación de cultivos con praderas, como forma de resolver el problema de sustentabilidad. Rotar áreas de cultivos tres años con áreas de pradera dos, tres años, permitiendo la regeneración del suelo y volver a la agricultura, “pero no seguir haciendo algo tan intensivo y tan esquilmante como lo estamos haciendo ahora”.
Atribuyó la situación actual a la llegada masiva al país de los agricultores argentinos a partir del año 2002. Explicó que estos productores “llegaron con sus prácticas de manejo que eran para otros suelos, mejores, más profundos, con napas de agua” y que internamente a los productores uruguayos “les entró por ósmosis” y los llevó a cuestionarse ¿por qué nosotros no?, sin tener en cuenta que los suelos en Uruguay acumulan poca agua, son en buena parte arcillosos y pesados, con laderas largas y pronunciadas con severos problemas de erosión. “Creo que tenemos que mirar un poquito para atrás y volver a nuestra rotación agrícola-ganadera”, afirmó Miguel Carballal.