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    Aire negro

    Asma, una muestra de Daniel Melgarejo en Al pie de la Muralla

    Hay pájaros con grandes picos desflecados y hay insectos que son una bola enmarañada con muchas patas. Hay ojos que quieren mirar a través de una mata de cabellos revueltos y figuras humanas que son también arañas. Hay imágenes bien oscuras que recuerdan a algún súperhéroe. Y hay cabezas, muchas cabezas cubiertas, tapadas, asfixiadas con lo que podrían ser pelos, telas o la materia indescifrable de esos fardos que van girando por el desierto en los westerns.

    Así son estos 40 dibujos que integran la serie Asma del artista plástico e ilustrador Daniel Melgarejo. La muestra se puede visitar hasta el sábado 20 en Al pie de la Muralla (Bartolomé Mitre 1464), un espacio cultural que conserva en sus paredes la piedra de lo que fue la antigua muralla de Montevideo.

    En ese entorno colonial, los dibujos de Melgarejo impactan y contrastan sobre una pared roja. La primera reacción al entrar es dar un paso atrás; la segunda, avanzar y detenerse en estas obras inquietantes y al mismo tiempo magnéticas. En ellas predomina el negro, a veces salpicado por otros colores. “El azul de la disnea, el negro temor de la muerte, el destello amarillo brillante de la luz al final del túnel”, escribió en el catálogo de la muestra la poeta Laura Bello, esposa del artista. En 2012, Bello publicó Dos cuadras sin aire, un libro de poemas de título sugerente ilustrado por Melgarejo.

    “El último ataque de asma lo habré tenido a los 17 años. Pensé que ya no me iba a pasar más, pero del asma nunca te curás. Ahora, coincidiendo con la muestra, comencé a sentir un silbido y tuve que consultar a un neumólogo”, contó Melgarejo a Búsqueda con una voz ronca, atacada por la disfonía, en su apartamento de Buceo.

    Cuando era niño, el ahora artista tenía pegado en la tapa de un cuaderno un montón de hojas a modo de block. Allí dibujaba perfiles de personas adultas que impresionaban a quienes las veían porque su trazo era muy maduro para su edad. Después de los rostros pasó a los cómics, pero era tan perfeccionista que si dibujaba al Pato Donald no largaba la ilustración hasta que lo veía perfecto, igual al original.

    En ese momento el asma no se había hecho todavía presente en sus dibujos porque Melgarejo tenía otras preocupaciones, que eran sorprendentes para un preadolescente. “Me interesaba la guerra nuclear. Mi padre cubría información internacional en medios de prensa y en mi casa se hablaba de los conflictos nucleares. Me acuerdo que yo dibujaba cómics o el globo nuclear. Tenía hojas y hojas con globos nucleares”.

    Cuando pasó la inquietud por el armamento nuclear, tuvo una etapa más profesional y siempre autodidacta, porque nunca aprendió con un maestro. “De adolescente empecé a dibujar en hojas de medio watman y a mostrar lo que estaba haciendo. Mi primer contacto fue con Ana Rebolledo, que hace batiks hace muchos años en el Mercado de Artesanos. Después empecé Bellas Artes y le mostraba los trabajos”.

    Actualmente, Melgarejo es diseñador gráfico en la agencia de publicidad Ímpetu, pero también ha trabajado como ilustrador en diversos medios de prensa. Su primer trabajo como gráfico y a la vez como ilustrador fue con el disco Maraviya, del grupo Buitres, en 1993. El buitre que aparece en el interior es de su autoría.

    Caminar por el living y el pasillo de su apartamento es respirar “aire Melgarejo”. En un rincón están los originales de su muestra Asma, que los fue haciendo espontáneamente mientras trabajaba en la agencia de publicidad. Algunos de sus dibujos surgieron en la computadora, con Adobe Ilustrator, a puro mouse, y son los que tienen un negro compacto. En otros utilizó el bolígrafo azul sobre papel.

    “Si me preguntás por qué hice ese pájaro con cuatro patas, en realidad no lo sé. Pienso que era algo que hace mucho tiempo quería hacer y que tal vez no me lo estaba permitiendo. Por eso esta serie es como un quiebre. Esos dibujos de corbata con caras que se desflecan y se arruinan tienen mucho de la injusticia del ser humano, del abandono, de la vejez, de la soledad, la tristeza, la descomposición. Me permití sacar mucho de mí mismo y hacerlos me dio una bocanada de aire y me permitió romper con concepciones mías estéticas, con mis preconceptos”.

    Entre los más de 60 dibujos que guarda en su casa, Melgarejo tiene algunos al óleo, en los que predomina el rojo mezclado con el negro. Otros en los que los ojos parecen mirar, amenazantes, al visitante. “No tomo dimensión del efecto que causa mi obra. He estado entre el público, pero no lo sé, aunque cuando tomo un poco de distancia, me doy cuenta de que hay dibujos muy violentos, muy fuertes”, confiesa el artista.

    Cuando era soltero, Melgarejo había llenado su cuarto con su obra. “Los puse todos en el piso y en las paredes, y tuve que salir a tomar aire. Eran cerca de cien dibujos. Sé que a alguna gente que los ve les pegan en el pecho”. De aquella época conserva un dibujo de grandes dimensiones que tenía pegado en la puerta de su cuarto y Laura, su esposa, rescató con mucho cuidado. “Lo hice escuchando un disco de Neil Young, Living with War, que me había enviado un amigo de España. Lo puse y allí quedó, sacó algo oscuro, pero la figura negra tiene movimiento, vida, ¿verdad?”. Y es verdad, allí hay una especie de Neil Young que se asoma entre una bruma de manchas. Y parece caminar.

    Otra muestra de lo que provocan sus obras la tuvo hace muchos años, cuando presentó uno de sus trabajos para ilustrar El País Cultural. Elvio Gandolfo, entonces editor del suplemento, lo recibió y le dijo: “Pah, esto está re heavy”. Era una serie de dibujos hechos con pluma, muy oscuros y con cierta ironía. A partir de entonces, ilustró varios números de el Cultural. “Siempre tuve libertad para hacer mis trabajos. Todos tenían mi perfil: en blanco y negro, de trazo grueso, densos. Pero nunca nadie me dijo ‘este dibujo no va’ o ‘bajá un poco el perfil’. He sido afortunado en ese sentido”. También ilustró el suplemento Economía y Mercado y allí comenzó a trabajar con dibujos a color.

    Las obras de Asma surgieron cuando estaba desani­mado en el trabajo y decidió sacar “los bichos” hacia fuera. “Lo que no tienen mis dibujos, creo, es maldad. Son figuras sufridas y doloridas, pero en todo caso se hacen daño a sí mismas. No son como los dibujos de H. R. Giger, el creador de Alien”. Con una estética que recuerda la de Tim Burton, los dibujos de Melgarejo tienen incorporados a sus ídolos de la infancia y adolescencia, como Batman o los personajes de la Guerra de las Galaxias. “Es inevitable porque yo me moría con todo eso. Las naves, los cascos de los soldados blancos, la nave Galáctica. Para mí era algo hermoso, verla y dibujarla”, recuerda.

    Melgarejo ha llegado a algunas pocas galerías, pero se le ha hecho difícil exponer, sobre todo en el ámbito público. “Tendría que ser más fácil. No puede ser que te pidan que presentes todo un presupuesto para poder exponer. Para eso están los gestores culturales. Mi postura ahora es producir, difundir, exponer y no tener en cuenta los apoyos públicos. No voy a perder tiempo de presentarme a un lugar y esperar hasta el 2017 o 2018. Además, hay chacras y yo no estoy en ningún grupo ni sigo a nadie”.

    Aparte del dibujo y del diseño gráfico, incursionó en la locución e hizo algunos avisos para Movistar. Pero la falta de tiempo y la disfonía le juegan en contra. Tomó clases con el veterano actor Roberto Fontana. “Fue como tomar clases con Peter O’Toole. Es un grande, yo le decía: ‘Lo que estás haciendo conmigo no tiene precio’. Espero que cuando muera se lo reconozca como se debe. Pero aquí, en general se mira para el costado con estas figuras”.

    Mientras muestra todos “los bichos que sacó para afuera”, la gata de la familia se pasea por el pasillo y mira con cierto recelo a la visitante. Se llama Nani y, por supuesto, es negra.