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    Al borde del enfrentamiento entre militares

    La Armada vivió durante la crisis de febrero de 1973 momentos de extrema tensión y más de una vez algunas de sus naves estuvieron a punto de abrir fuego, según recuerda el entonces capitán de navío Julio César Franzini, quien había quedado a cargo de casi todos los barcos de guerra que estaban operables.

    En un documento inédito preparado por Franzini y que se incluye en el libro “El pecado original” del periodista Alfonso Lessa, el marino dice haber recibido la orden del entonces comandante de la Armada, Juan José Zorrilla, de atacar al tenderredes “Huracán”, que se encontraba en el Dique del Cerro y del que se había apoderado un puñado de marinos afines al Ejército bajo las órdenes del capitán de navío Jorge Nader”.

    El trabajo de Franzini, titulado “Algo sobre los hechos de febrero de 1973 y algunas de sus consecuencias”, fue escrito en enero de 2010, entregado a Zorrilla y corregido y ampliado en setiembre de 2012.

    El marino recuerda que Zorrilla dispuso el 6 de febrero de 1973 retirar los barcos del puerto, mediante una “orden condicionada a otras disposiciones ‘secretas’”, “en sobres cerrados, los que deberían ser abiertos únicamente ante posterior y expresa disposición suya. Así se procedió para regresar a puerto el viernes 8”.

    “Mientras tanto”, conocido el levantamiento del Ejército y la Fuerza Aérea, los Fusileros Navales “habían tomado posiciones” en la Ciudad Vieja y los miembros de la Aviación Naval “permanecían en sus puestos”.

    Franzini dirigió sus acciones desde el buque “Campbell”, al que trasladó la insignia de las dos divisiones entonces a su cargo.

    El 9 de febrero, en presencia del jefe del Estado Mayor, capitán de navío Carlos Jaunsolo, y del director interino de los servicios, capitán de navío Bernardo Piñeyrúa, Zorrilla dio a Franzini “órdenes terminantes”: “el ‘Campbell’ navegaría aguas adentro por la bahía y a una distancia conveniente haría fuego sobre el insurrecto ‘Huracán’, aún en dique seco”, con el objetivo de “inutilizarlo”.

    Ante la orden del comandante en jefe de la Armada, “Franzini solicitó información técnica ‘actualizada’ sobre la capacidad de respuesta de fuego del área del Cerro, comentó sobre pormenores de la situación táctica y le manifestó a Zorrilla, con el mayor respeto, que ‘saldría a ejecutarlas tal como se le ordenaba, no sin antes recibir su propia reiteración personal por medio de los canales internos de comunicaciones de la Armada’, ya que estaba aún en juego la instancia de ‘negociación’ y la expectativa sobre si sería realmente necesario consumar hechos irreversibles, en todo lo cual hubo rápido consenso”.

    Franzini salió del puerto para cumplir su misión y debió enfrentar la insubordinación de un oficial y un guardiamarina, pero recibió el apoyo explícito del resto de la tripulación.

    “Pasaba la tarde y la convenida reiteración de la orden de Zorrilla no llegó”, cuenta Franzini, pero sí “un mensaje proveniente del Comando de la Armada, que indagaba” acerca de si el capitán de navío se encontraba bien “ya que en tierra había rumores que sostenían lo contrario. El motivo de la indagatoria quedó claro horas más tarde, porque se supo que desde una unidad de artillería del Ejército próxima al Dique Nacional, se nos haría fuego en caso de aproximarnos. Nos llegó a continuación, buen rato después, la orden escueta por parte de Zorrilla de regresar a puerto”.

    Paralelamente a los hechos relatados por Franzini, en la zona del Dique del Cerro, centro de operaciones de Nader, llegaron a producirse escaramuzas e intercambios de disparos.

    Franzini no tiene dudas: el levantamiento de febrero “a todas luces constituyó el verdadero golpe de Estado militar de 1973”, “claramente más grave —por haber sido el punto de partida y causante del resquebrajamiento inicial de la disciplina militar— que los hechos acaecidos en junio de 1973”.

    El marino considera que en los episodios de febrero, la Armada “apoyada por las limitadas fuerzas de la Prefectura General Marítima”, “tomó distancia de la posición inconstitucional del Ejército y la Fuerza Aérea (…) resistiendo la acción golpista con la totalidad de sus comparativamente precarios medios disponibles”.

    Franzini añade que “esto dio a Zorrilla la indiscutida imagen de hombre demócrata que aún conserva y que lo prestigió ante la ciudadanía, para reconocerlo como la figura en torno a la cual se agrupó la mayor parte de la oficialidad de la Armada, en porcentaje superior al 90%” (negrita en el original).