Al cambiar el “espíritu expansionista” por uno “más aliancista” con privados, Ancap será “totalmente diferente” en 20 años

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Nº 2158 - 20 al 26 de Enero de 2022

entrevista de Ana Morales

Con el correr de los años y la obsesión por la “eficiencia”, Ancap se va a ir transformando en una empresa “totalmente” distinta, con un espíritu “más aliancista” que “expansionista” o monopólico, proyecta su presidente, Alejandro Stipanicic. Esa visión está por detrás del proceso de asociación en marcha en el negocio del portland y en posibles iniciativas —con socios europeos— para  producir y comercializar hidrógeno y combustibles sintéticos.

En el corto plazo, uno de los objetivos es que el ente logre una “corriente” exportadora del biodiesel tal como Alur lo produce, y en ese camino aspira a exportar 5.000 toneladas en el primer semestre de 2022, anunció. Ello es parte de los resultados que la gestión de Ancap puede mostrar y que contrasta con los “presagios negativos” que al inicio del gobierno existían acerca de la reforma del mercado de los combustibles habilitada por la Ley de Urgente Consideración (LUC) y su reglamentación, sostuvo. Señaló que, con el nuevo sistema de fijación de tarifas, las gerencias de la empresa estatal están “obsesionadas con la eficiencia”, y se demostró que ni el precio de paridad de importación (PPI) era “un monstruo”, ni que el Poder Ejecutivo lo aplica “para beneficiar las arcas del Estado”.

Para Stipanicic, si el 27 de marzo gana el “Sí” en el referéndum por los 135 artículos de la LUC, el mecanismo de fijación de tarifas volvería al esquema anterior, pero ello sería “indiferente” para Ancap. “Volveremos al esquema anterior en el cual los precios los fija el Poder Ejecutivo de la forma que se le cante (...) Pero este Poder Ejecutivo ya estableció que vamos a seguir utilizando el mecanismo de precios en función de la paridad de importación y lo vamos a ajustar en forma frecuente”, alegó.

Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

—En entrevista con El País dijo que el 2021 fue un año de “transformaciones y logros” para Ancap. ¿Cree que eso lo percibe la gente común y el funcionario promedio del ente?

—Hay cosas objetivas que se van viendo y cosas que contrastan con los presagios negativos o las dudas que se generaban hace dos años atrás. Por ejemplo, el tema de la asociación de portland que está decidida y encaminada. Tenemos 11 empresas que tienen un interés preliminar en ese negocio; no es algo para echar las campanas al vuelo, pero hay un camino andado.

El centro de servicios compartidos, que ofreció un montón de resistencias internas de “no va andar”, “la fusión de tantas culturas es complicado”, hoy tiene 120 personas trabajando, ya se elaboraron presupuestos, cierres de trimestre en conjunto, y todo está andando muy bien. Con eso hemos reducido costos de forma significativa.

Hicimos cambios en 10 gerencias dentro de Ancap, con adecuación de áreas, se modificaron cometidos, se reforzó la gerencia general y ha sido sin ninguna dificultad.

¿Qué es lo que percibe la población y los funcionarios? En un año con muchas dificultades y habiendo renunciado a tener más ingresos por la nueva política de precios que se aplica, y habiendo además aportado US$ 100 millones al subsidio de supergas, Ancap dio ganancias por casi US$ 100 millones a setiembre. Obviamente que en esa cifra siempre hay algo de coyuntural, porque están los US$ 50 millones de ganancias extraordinarias por los negocios de exportación de la UTE, y porque el margen de refinación (que es la diferencia entre los productos terminados y el crudo) en todo el mundo ha sido durante todo el año bastante bueno y no suele ser así siempre.

Desde el punto de vista de la población, se tiene que ver que Ancap entrega productos de altísima calidad, en todo el país y a buen precio. Que los uruguayos nos quejemos que el precio es alto, está bien, pero es lo que vale, y si no pregunten a los productores de soja a cuánto la están vendiendo, o a cuánto está el precio de la carne u otros commodities.

— ¿Cree que la aplicación de la nueva estructura de fijación de tarifas fue exitosa para la gente?

—Depende de la expectativa que la gente tenga: si es que el litro de (nafta) súper va a salir $ 40 en vez de $ 70 y... no fue exitosa. El tema es si esa es una expectativa razonable.

Yo creo que fue muy exitosa porque se logró transparentar todo lo que es la cadena de valor y cada vez más gente entiende la complejidad del sistema que tiene tres grandes patas: el problema Ancap; el tema de la distribución y las estaciones de servicio; y el tema de los impuestos.

El tema de los impuestos hace a la situación fiscal del país, en el tema de la distribución será en este año y el que viene que se empiecen a dar las transformaciones, y en el caso de Ancap, ¿cómo no se puede decir que es exitoso el sistema si ha tenido un precio que es técnicamente definido, independientemente de Ancap, salvo en los últimos meses, pero por la positiva?

El nuevo sistema le puso una presión a Ancap en la cual todas las gerencias y todas las empresas del grupo están obsesionadas con la eficiencia, porque ahora no se disfraza.

En los últimos meses, desde setiembre, tenemos el mismo precio de venta al público, y si se hubiera considerado estrictamente el informe de la Ursea hubieran seguido subiendo (como en Europa y Estados Unidos). Y no hubiera tenido nada que ver ni la política, ni los impuestos, eran los precios internacionales que se reflejaban.

—Para algunos, la discrecionalidad en la fijación de precios en los últimos meses cuestiona la transparencia y credibilidad del nuevo sistema tarifario...

—Creo que es al revés, que lo consolida. Porque justamente, la LUC lo que dice —y fue a instancias de la oposición— es que el Poder Ejecutivo obligatoriamente debe considerar el informe de la Ursea y el de Ancap. En marzo o abril de 2020 todo el mundo cuestionaba que la LUC y el PPI eran mortales para Ancap. Hoy se está considerando, y si Ancap dice: “Estoy teniendo una ganancia extraordinaria, tratá de trasladar esos US$ 50 millones al público”. Justamente lo que el Poder Ejecutivo hizo fue que, como Ancap tiene las finanzas bastante ordenadas, una economía saneada y ganancias extraordinarias, usó esas ganancias como una especie de fondo de compensación.

Los números son tercos: Ancap debería haber cobrado más de US$ 100 millones en la gasolina y el gasoil para llegar al PPI, pero además puso casi US$ 100 millones en el subsidio del supergas. Son US$ 200 millones y aun así Ancap dio ganancia. Sacale los US$ 50 millones de UTE; hasta setiembre igual dio US$ 40 o 50 millones de ganancia; sacale lo de Ducsa, igual Ancap tiene US$ 10 millones de ganancia. O sea, ni el PPI era un monstruo ni el Poder Ejecutivo utilizó la ganancia extraordinaria de Ancap para beneficiar las arcas del Estado.

— ¿Cómo se prepara Ancap de cara al resultado del referéndum de fines de marzo? ¿Qué escenario está planificando y qué hará si gana el Sí?

—Nos es indiferente. El mecanismo de fijación de precios que está en la LUC es una garantía para todos los actores del mercado, porque por ser ley este gobierno y los siguientes tienen que tener en cuenta el informe de Ancap y de la Ursea para la fijación de los precios en una revisión que no puede ser más de 60 días.

—Pero de ganar el “Sí” eso se termina...

—Si esa parte se derogara, volveremos al esquema anterior en el cual los precios los fija el Poder Ejecutivo de la forma que se le cante, cuando quiera, como quiera y donde quiera. Pero este Poder Ejecutivo ya estableció que vamos a seguir utilizando el mecanismo de precios en función de la paridad de importación y lo vamos a ajustar en forma frecuente. Porque si no se ajustan todos los meses y dejás que las finanzas de Ancap se deterioren, la necesitás capitalizar; fue lo que pasó entre 2012 y 2015. Si ayudás mucho a las finanzas de Ancap ocurre lo que pasó entre 2015 y 2019, cuando se le cobró a la sociedad los US$ 600 u 800 millones —fácilmente— por encima de lo que costaba importar.

Lo que interpreto es que los diversos actores de la sociedad tienen una falsa sensación de seguridad cuando el precio se fijaba sólo en enero y no cambiaba durante todo el año. Lo que no se han dado cuenta es que eso implica o una gran pérdida o una gran ganancia para Ancap, porque el mercado internacional no está quieto.

— ¿Cuáles son los objetivos de Ancap para este año?  

—Tenemos el desafío de mantener los logros de más eficiencia en la parte industrial de la caña de azúcar y de salir a exportar biodiesel, porque la ley de Rendición de Cuentas quitó la obligatoriedad de mezclar biodiesel en el gasoil. Eso se traduce en que la Ursea, a partir de enero, no reconoce el costo del biodiesel en el gasoil, y si bien Ancap sigue mezclando 2,5% nuestra intención es empezar a exportar parcelas de biodiesel. Encontramos algunas ventajas logísticas en los barcos de Argentina, que salen con limitación de volumen por el calado y eso se podría completar en Uruguay, y justo se necesitan parcelas chicas que son las que puede producir Alur.

Ahora que cambiaron las condiciones del entorno y las exigencias  hay una parte de Alur desesperada buscando contactos entre todas las aceiteras del mundo, productores y consumidores de biodiesel y aparecen oportunidades que siempre estuvieron ahí y nunca se explotaron.

Es un gran objetivo de este año: lograr una corriente exportadora permanente de biodiesel. Atrás de eso, nuestro mayor anhelo es que en el futuro no solo exportemos biodiesel sino también aceites hidrogenados, aceites vegetales al que se le agregan hidrógeno con los que se hacen combustibles más finos y más rentables. Por eso, este año tenemos con el Poder Ejecutivo  que estudiar el alcance y los cometidos de Ancap, porque es posible que tengamos que promover alguna modificación legal para que pueda participar en emprendimientos no monopólicos para la producción de hidrógeno y en consecuencia la producción de metanol y de combustible sintético, que es el futuro de las refinerías en el mundo.

—Esa reforma legal, ¿qué implica?

—Ancap sólo puede hacer lo que dice la ley. Allá por el 2010 en la Rendición de Cuentas se introdujo que Ancap podía producir alimento animal, porque la torta proteica que salía de los biocombustibles se tenía que vender como alimento animal. Lo que hay que hacer es lo mismo que en aquel momento pensando en el largo plazo: que Ancap pueda participar en proyectos o emprendimientos no monopólicos para la producción y comercialización de hidrógeno y todos sus derivados incluyendo combustibles sintéticos. Tenemos una versión de ese artículo y seguramente lo trabajaremos (y en su fundamentación) para que vaya en la Rendición de Cuentas que empieza a regir en 2023 y todo el mundo esté tranquilo cuando se vaya a votar en el Parlamento.

Y enfatizo: “en actividades no monopólicas”, porque no me gusta que Ancap sea monopólico. Pero, además, porque no tenemos escala para desarrollar esos productos, sino que tenemos que desarrollarlos en asociación o asociados con alguien que lo haga.

Dentro de 20 años vamos a ver una Ancap totalmente diferente a lo que es hoy y a lo que fue hace 10 años. Hace 10 años Ancap era una especie de masa de lava que iba tapando todo, que iba participando en todos los emprendimientos que había que introducir al país. Ancap estuvo a punto de tener una empresa de riego, denotaba un espíritu expansionista que va a ser distinto al del futuro. Si lo tuviera que describir, el espíritu del futuro de Ancap sería como más aliancista, una empresa con muchos negocios en alianza con privados, en negocios diversos y en distintos lugares pero siempre vinculados con la energía y en particular con la transición energética.

— ¿Con la apuesta a la exportación, la producción de biodiesel en 2022 no va a caer entonces?

—El 2,5% de biodiesel que se resolvió seguir mezclando en el gasoil tiene que ver con un mínimo técnico para mantener la planta operativa y con las existencias de materia prima y productos intermedios.

Queremos asegurar la producción continua de la planta para retener el personal, porque cuando se abra la corriente exportadora vamos a necesitar la capacidad de la planta a pleno o quizás haya que hacer inversiones para ampliarla.

— ¿Ya tiene negocios concretos para exportar?

—Tenemos dos fuertes interesados, pero ya en tono de “hagamos una alianza para llevar adelante el emprendimiento”. El tema es que son empresas muy grandes, lentas, pesadas, que están pensando individualmente que se puedan hacer inversiones y el proceso de evaluación lleva tiempo.

Lo que vemos es la necesidad de tener un puente de exportación de biodiesel tal como lo venimos produciendo para llegar a eso, y si eso no se concreta, seguir exportando biodiesel.

Queremos aprovechar el contrato con Cousa y sacar el mayor jugo posible.

Hablamos de tres o cuatro exportaciones de parcelas de 5.000 toneladas o metros cúbicos consumiendo la materia prima que ya tenemos. Para 2022, la aspiración es exportar en el primer semestre una parcela, eso es posible y razonable y no está lejos de concretarse con traders.

Las otras iniciativas, con socios europeos, son más concretas porque son para su uso propio.

En Uruguay no se valoriza ambientalmente este producto; en Europa muchísimo. Una parcela de biodiesel producido con canola, como el de Uruguay es buenísimo, falta certificar la materia prima. Para el futuro es fácil certificarla y estamos tratando de hacerlo con la que ya tenemos. Y si no, es un tema de precio, lo vendés más barato.

  • Recuadro de la entrevista

Nuevos productos y el “posicionamiento mental”

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2022-01-19T22:04:00