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    Al igual que lo ocurrido con la soja, el cultivo de cáñamo a cielo abierto fue “muy afectado” por el déficit hídrico de este año

    Productores ven atractivo en esa nueva actividad, como una alternativa al trigo, la cebada y la colza
    Redactor Agro de Búsqueda

    Así como el déficit hídrico de este año derivó en la pérdida de producción de soja, que es la principal actividad agrícola de Uruguay, ese factor climático también le pegó fuerte a otro cultivo innovador, como es la plantación de cáñamo industrial no psicoactivo.

    Una decena de empresas ya están operando en ese sector para producir semillas destinadas a la exportación, granos para alimento animal, fibras y flores. En algunos casos se trata de productores agropecuarios que decidieron incursionar en una nueva actividad, como una alternativa a los cultivos de invierno (trigo, cebada y canola).

    El cultivo de cáñamo que se realiza “a cielo abierto” fue “muy afectado” por la falta de lluvias el verano pasado, específicamente en una extensa superficie de una empresa que produce flores para exportar, señaló a Búsqueda el jefe de Asesoría Técnica de la Dirección de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Sergio Vázquez.

    El área de cultivo perjudicada por la escasez de precipitaciones se encuentra en Salto, y son unas 800 hectáreas. Es que la mayor superficie de cáñamo en Uruguay es al aire libre y está concentrada en la empresa Innovaterra, instalada en campos salteños. El resto de las firmas del rubro tienen poca área a cielo abierto y, por lo general, producen en invernáculos.

    La superficie autorizada de cáñamo es de casi 1.800 hectáreas y de unos 12.500 metros cuadrados en inver­náculos, según datos del MGAP. Vázquez comentó que las plantaciones que “son chicas” y que se realizan en inver­náculos “no se vieron afectadas” por la sequía, ya que se manejan con riego, entre otras condiciones más controladas.

    Esos casos no suman área, porque no es comparable una producción por metro cuadrado de un invernáculo con la hectárea, acotó.

    Explicó que el cáñamo es un “cultivo estival que maximiza su potencial en verano pero se puede plantar en invierno”. De hecho, “hoy hay 10 hectáreas plantadas de prueba con un cultivo arriba a cielo abierto”, indicó Vázquez.

    Otras dos empresas de capitales uruguayos con áreas pequeñas, de unas 10 hectáreas cada una en Durazno, también sintieron el rigor de la falta de agua en sus plantaciones de cáñamo.

    Hay una firma australiana denominada Ecofibre que se vio afectada por ese factor, pero “pudo resolver la situación bastante bien”, porque “difirió la época de siembra” y “diversificó los lugares de su producción, como Paysandú, Río Negro y Soriano”, dijo el asesor técnico de Servicios Agrícolas.

    Recientemente, el MGAP otorgó nuevas autorizaciones a dos empresas: New Agro y Ca­nnabis Uruguay, que se suman a las que ya existían: Adelnor, Oransur, BCBD, Tersum, Inverell, Campo de Violetas, Innovaterra, Ecofibre, según registros divulgados en la web del MGAP. Ocho de las diez operan como sociedades anónimas.

    El cáñamo industrial y la marihuana se distinguen por sus diferentes usos, perfil químico y prácticas de cultivo en producción. Mientras que la marihuana generalmente se refiere a la droga psicotrópica (mayor contenido de tetrahidrocannabinol o THC), ya sea con fines medicinales o recreativos, el cáñamo (sin efecto psicoactivo) es utilizado comúnmente para propósitos industriales.

    Confusión y anonimato

    Las empresas autorizadas por el MGAP “tienen permiso para producir hasta la flor del cáñamo; después, qué destino le dan a esa flor es un tema aparte”, aclaró Vázquez respecto a los objetivos de cada producción.

    Las firmas en cuestión pueden producir grano, semilla, fibra o flor.

    “Si la flor la quieren vender a una industria farmacéutica tendrán que presentar los documentos que requiera el Ministerio de Salud Pública”, indicó.

    A modo de ejemplo, ese técnico comparó eso con lo que sucede con las yerbas compuestas, considerando que los proveedores de esos productos que se mezclarán con la yerba común, que tiene el nombre científico Ilex paraguariensis, están auditados por el MSP, y “no cualquiera” puede hacerlo. “Esto es más o menos parecido”, enfatizó.

    Otro de los usos más difundidos en los últimos tiempos de los derivados del cáñamo es el medicinal. Actualmente, “el MGAP no ha autorizado cáñamo para uso medicinal porque ninguna empresa presentó la documentación necesaria para ese destino”, contó.

    Según Vázquez, “tanto la marihuana como el cáñamo o sea el cannabis pscioactivo como el no psicoactivo, pueden o no ser de uso medicinal”. Y planteó la importancia de “incorporar al Reglamento Bromatológico nacional el cáñamo como un alimento”.

    Al respecto se refirió a algunas confusiones respecto a ese tema, específicamente en cuanto a la vinculación que se hace con el cannabis de uso recreativo. “La harina del cáñamo no tiene THC (tetrahidrocannabinol)”, que es el principal componente psicoactivo del cannabis, remarcó. Y puntualizó que esa harina “tiene características nutricionales interesantes”. De ahí que es un error pensar que un alfajor o una torta hecha con ella pueda tener algún efecto psicoactivo.

    En cuanto a la demanda de la producción de cáñamo, Vázquez mencionó que hay mercados “de lo más variados” desde algunos países de Europa del Este hasta Suiza, que es “de los más refinados” y demandan productos de “máxima calidad”.

    Mientras, en el mercado local las empresas autorizadas “lo único que pueden vender es material de propagación”, como es la semilla, “y fibra, pero no pueden comercializar el aceite comestible y el grano para consumo humano, porque no están incluidos en el Reglamento Bromatológico” local, advirtió.

    En otro orden, hay algunos productores agropecuarios que están intentando incorporar el cáñamo como cultivo invernal, porque lo ven como atractivo por la posibilidad de sacar grano y tener una alternativa a otros cultivos de invierno, como trigo, cebada o canola.

    En la mayoría de esos casos prefieren “mantener el anonimato” porque la banca todavía no entendió la diferencia entre el cáñamo y el ca­nnabis psicoactivo, comentaron a Búsqueda fuentes del sector. Eso señalaron en alusión a las restricciones legales que rigen a las instituciones financieras al operar con clientes vinculados a ciertas actividades, como la producción de marihuana.

    A diferencia de ese producto, el cáñamo se puede cultivar tanto para el aprovechamiento de la fibra o del grano, o bien con el doble propósito y se orienta a la producción de una gran diversidad de productos dentro de las áreas de mercados agrícolas, alimentación y bebidas, textiles, papel, industria automotriz, materiales de construcción, industria farmacéutica y cosmética, según un reporte del MGAP publicado a fines de 2017.

    Para la incorporación de productores a esa actividad, según el informe, “será necesario contar con una cadena de valor identificada y establecida” y entre los principales desafíos figuran la necesidad de “aumentar la disponibilidad de cultivares de cáñamo adaptados a los diferentes destinos” y “contar con información de evaluación de cultivares y certificación de semillas para diferentes usos”. Se debe “disponer de un sistema de transferencia tecnológica” y “recomendaciones agronómicas de producción para los distintos usos”, así como la “identificación de zonas agroecológicas y productivas más adecuadas”, y otros desafíos.