Hasta el momento esa cartera de Estado mantiene la decisión de la apertura del mercado para las exportaciones de vacunos. Sin embargo, entre los operadores del mercado cárnico local es un secreto a voces que en algunas oportunidades el MGAP enlenteció la aprobación de certificaciones sanitarias que requieren esos negocios, entre otros trámites.
Ahora este informe, que comprende algo más de 70 páginas y al que accedió Búsqueda, pone sobre la mesa una serie de elementos para abordar el asunto.
Escenarios y cálculos
Por cada cabeza faenada por debajo de ese punto de equilibrio, el sector de los frigoríficos pierde unos US$ 76 de margen de contribución promedio, según Inac.
Para alcanzar el punto de equilibrio promedio hubiera sido necesaria una disminución de los costos industriales en promedio de 3,6%, equivalente al 1% sobre las ventas de carne, lo que representa unos US$ 28 millones.
El informe plantea también la opción de que si se diera una reducción de 7% de los costos industriales, eso haría caer el punto de equilibrio un 11% por debajo de la faena real, permitiéndoles obtener una ganancia neta de 1% sobre las ventas de carne a las empresas del sector.
Inac advierte que menores niveles de faena disminuyen la demanda de mano de obra.
Tomando como caso de análisis el ejercicio de 2017, “por cada 100 animales anuales menos de faena se reduce la demanda de mano de obra entre 300 y 500 empleos por año”, lo que equivale a la mano de obra directa de un frigorífico de porte mediano-grande, valora el informe de Inac.
Sin precisar los nombres de las empresas, algunas gráficas incluidas en el trabajo dejan en evidencia que algunos frigoríficos registraron resultados negativos pronunciados y otros menos significativos. Mientras, solo cinco firmas alcanzaron un margen positivo de rentabilidad, según el estudio basado en datos de 2017.
El principal costo de los frigoríficos es la compra de vacunos para su faena. Por fuera de la materia prima, la estructura de costos de esas industrias muestra que las remuneraciones abarcan 50,7% de participación, lo que representa un peso destacado en comparación con otros rubros de costos, según el informe del Inac. La energía eléctrica comprende 4%, los gastos de comercialización 12,2%, los gastos de mantenimiento y los envases cada uno 10%, y otros de menor participación, como agua 0,2%, gastos de administración 2,3%, resultados financieros 1,7% e impuestos 1%.
La eventual rebaja de costos de 3,6% requeriría una disminución de 7,1% en las remuneraciones, 63,4% de los insumos y de 90,2% de la energía, de acuerdo con el estudio de Inac.
Evalúa que en un escenario de una mayor rebaja de costos, que llegara a 7%, eso significaría el equivalente a una reducción de 13,8% de las remuneraciones y de 123,2% de los consumos.
Inac maneja en el análisis técnico unos US$ 480 millones de total de costos de la industria frigorífica local.
En cuanto al impacto de la exportación de ganado en el empleo, ese organismo calculó que la reducción de 100.000 cabezas en la faena tendría una incidencia en la demanda de mano de obra (número de empleos en producción y en servicios) de entre 4% y 4,5% para jornadas laborales de ocho horas y siete horas, respectivamente. Esa estimación se realizó considerando la exportación de 321.000 cabezas registrada en 2017.
Fiscal
Hay renuncias fiscales por cada animal exportado vivo que “no tendrían impactos importantes”, según Inac.
Una renuncia fiscal promedio de US$ 50 por vacuno implicaría un monto total de entre US$ 15 millones y US$ 20 millones, estima el trabajo del Inac.
Al analizar una cuantificación primaria de la renuncia fiscal por un novillo de producción local, ese organismo calcula un monto de US$ 98,5, que se distribuye en US$ 16,9 en la etapa de engorde, US$ 43 en la entrada a faena, US$ 47,3 en las ventas al mercado interno y US$ 8,9 por la exportación.
Mientras, en el caso del ganado para su exportación en pie los gravámenes fiscales generados alcanzan US$ 48,5.
Para determinar la carga fiscal por cabeza de un vacuno de 250 kilos que es destinado a la exportación en pie, el Inac consideró el pago de US$ 5,75 por Impuesto a los Semovientes, US$ 9,27 por análisis sanitarios y otras intervenciones del Ministerio de Ganadería, US$ 11,21 por concepto de Impuesto a la Enajenación de Bienes Agropecuarios (Imeba), US$ 1,21 para el Mevir (Vivienda rural), US$ 2,24 para financiar el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), US$ 5,75 para el Fondo de Inspección Sanitaria (FIS), US$ 3,45 para financiar el Inac y US$ 3,80 de Impuesto al Valor Agregado (IVA), entre otros aportes y tributos.
Turquía y China
En 2018 las exportaciones de ganado de Uruguay a Turquía llegó a 375.000 cabezas. Y de enero a mayo de 2019 ese negocio abarcó el envío de 48.000 vacunos al mercado turco, lo que evidencia una caída significativa en comparación al año anterior.
La participación de Uruguay versus el resto de los exportadores de ganado en Turquía muestra un pico máximo en 2015, cuando los vacunos uruguayos acapararon casi el 75% del total. Si bien hubo una disminución de la participación uruguaya en los años siguientes dentro de ese negocio, la cantidad de cabezas se incrementó, pero fueron otros los países que ganaron una mayor porción en sus exportaciones a Turquía.
En 2018 Brasil desplazó a Uruguay como principal proveedor del mercado turco, ya que ese año los brasileños exportaron 552.000 cabezas y los uruguayos 375.000.
Otro mercado relevante en cuanto a las importaciones de vacunos es China, cuyo principal abastecedor es Australia, pero Uruguay también figura en los registros de países exportadores. Los australianos exportan un millón de cabezas anuales de ganado.
El arancel de importación de ganado en pie en el mercado chino es de 0% para el caso de vacunos de razas puras destinados a la reproducción y de 10% para el resto, lo que involucra a animales para engorde, faena y otros. El mercado de importación y exportación de ganado está concentrado en pocos países y los centros importadores están lejos de Uruguay.
Es un mercado muy sensible a variaciones de la oferta, como el caso de Brasil cuando duplicó sus exportaciones en 2018.
El trabajo del Inac plantea la interrogante: ¿Emergencia de China como el próximo gran demandante de ganado? Eso en alusión al impacto negativo de la fiebre porcina africana en el mercado chino, que obligó al sacrificio de millones de cerdos, derivando en un bajón en la oferta de carnes y un fuerte impulso en la demanda de esos productos.
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