N° 2020 - 16 al 22 de Mayo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDicen los que saben de olas, mar y la combinación de ambos a través de una tabla de surf, que lo fundamental es la paciencia. Hay que saber esperar, repiten, pero con mucha atención porque el momento perfecto llega sin demasiado aviso. Los que logran los mejores desempeños son los que se anticipan a los movimientos del agua, se suben justo a tiempo a la ola y luego pueden dominarla.
El precandidato blanco Luis Lacalle Pou sabe mucho de ese deporte. Desde su adolescencia practica surf y hasta el día de hoy recurre al mar con una tabla bajo el brazo como forma de sentirse bien. Aunque lo haga con menos frecuencia, los amantes de las olas aseguran que la experiencia adquirida queda como la sal en el cuerpo después de un baño oceánico. Si eso es cierto o no, puede quedar de manifiesto este año, aunque sea en un sentido metafórico.
El mar, en este caso, es la interna del Partido Nacional que se definirá el último domingo de junio. Hasta hace unos pocos meses, estaba calmo, con olas que no alcanzaban el medio metro. Pero los tiempos cambiaron, el viento se hizo más fuerte y las ondulaciones comenzaron a crecer durante las últimas semanas.
Siguiendo con la metáfora, los competidores todavía están flotando sobre sus tablas, de espaldas a la orilla, un poco agitados y temerosos por los nuevos movimientos del agua. No saben si lo que traerá el horizonte será un tsunami que arrastrará con todo a su paso o si todo quedará en ese tímido sacudón que ahora los desconcierta.
Este fenómeno que alteró la quietud marítima y del que todos hablan tiene nombre: Juan Sartori. Es un hecho que Sartori se transformó en el tema más recurrente de la actual campaña electoral. Se hace evidente al ver, escuchar o leer a los distintos medios de comunicación, o al registrar los debates políticos en un encuentro social, un medio de transporte, un boliche, un club o en la calle. Bien o mal, todos hablan de Sartori.
Él sigue adelante con una campaña que parece diseñada por un equipo multidisciplinario de especialistas. Promete medicamentos gratis en un país de viejos, empleos al por mayor en tiempo de escasez y se ríe cuando lo dejan en evidencia. Así logra seguir sumando votos por fuera de los círculos más intelectuales y así también es como desespera a sus rivales internos y agita las olas. Con plata, es cierto, pero también con astucia y con mucho trabajo. Y entonces crece la tormenta dentro del Partido Nacional.
Por ahora, los enfrentamientos más intensos se mantienen por lo bajo. Las agresiones y las amenazas circulan mediante mensajes de WhatsApp o conversaciones entre dirigentes intermedios. En la superficie solo se ve el agua un poco agitada, con intercambios que son apenas una muestra mínima de lo que trae la marea.
El precandidato Jorge Larrañaga acusando a Lacalle Pou de utilizar los mismos argumentos que el Frente Amplio en contra de la reforma constitucional que él promueve; Enrique Antía y otros intendentes acusando a Sartori de consolidarse en base al dinero; Sartori amenazando con hacer juicios por difamación e injurias a dirigentes que lo atacan, y Verónica Alonso hablando del nerviosismo de algunos ante la posibilidad de perder sus lugares de poder y cuestionando el status quo del Partido Nacional. Eso es lo que se dice en público.
Lo otro, lo que todavía no se sabe, es mucho peor. Algunos aseguran tener “munición gruesa” contra otros, que a su vez se refieren a los primeros como “acomodados” y “corruptos”; hay otros que son catalogados como “torpes” y “burros” y todos tienen la certeza, o al menos así lo transmiten, de que el Partido Nacional puede explotar después de las elecciones internas.
Los últimos días han sido los peores. Al tanto de esta situación, Lacalle Pou optó por suspender un debate entre los precandidatos blancos, que había sido organizado por Búsqueda para el 3 de junio. Prefirió bajarse, por más que ya se estaban negociando los últimos detalles y que él había sido uno de los grandes defensores de esa instancia.
Más allá de la discusión generada por el cambio de planes a último momento y de las críticas que Larrañaga le realizó en público, Lacalle Pou eligió no debatir porque realmente cree que la situación se puede complicar y mucho. Prefirió hacerle caso a su olfato y no subirse a esa ola, que de antemano parecía muy difícil de controlar.
Pero la gran duda sigue siendo el tamaño que tendrán las olas el domingo 30 de junio y de qué forma afectarán a todos los competidores que las esperan. En los hechos, son tres los escenarios posibles y nadie, ni políticos ni encuestadores, se atreve todavía a vaticinar quién se impondrá.
El primer escenario es que ese día Sartori realmente logre provocar un tsunami y gane las elecciones internas del Partido Nacional. Es poco probable teniendo en cuenta todos los sondeos, pero nadie lo descarta. Si esto ocurre, el efecto será devastador en la interna nacionalista. Es muy difícil que los demás precandidatos puedan subirse a esa ola y llegar al destino ilesos. Lo lógico sería que terminen revolcados en la arena y con ganas de llevarse sus tablas para otro lado, aunque ya sea demasiado tarde.
El segundo, el más probable si Sartori logra mantener la tendencia creciente que muestra en todas las encuestas, es que su votación ese día sea por encima del 20% en la interna. Eso también provocará olas importantes, pero de no más de cinco metros, desafiantes para los surfistas, pero accesibles para los más experimentados. Por supuesto que también traerán consecuencias y más de uno caerá en su intento por sobrellevarlas, pero también es posible que otros logren dominarlas.
El tercero es que el caudal electoral de Sartori sea menor al que pronostican los sondeos y no tenga una incidencia relevante en la interna. Esto será suficiente para que en poco tiempo el viento se transforme en brisa y el mar embravecido sea sustituido por otro apenas ondulado.
Si en julio todo se calma, Sartori quedará como una simple anécdota, pero si permanece fuerte después de las internas o si finalmente se forma el tsunami, cambiará la historia. Vendrá la Convención para definir la fórmula presidencial, que será un campo de batalla, y luego el sinuoso camino a octubre, probablemente con muchas nuevas sorpresas. Pero, más allá de eso, lo que habrá que pensar y discutir es por qué en Uruguay también pasan las mismas cosas que en otros países de la región, que parecían tan ajenas.