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    Algo malo puede suceder

    Con Bernardo y Rafael Antonaccio, directores de En el pozo

    Los hermanos Bernardo (31) y Rafael (34) Antonaccio son la dupla creativa detrás de la primera sorpresa cinematográfica del año. Ambos se desempeñan en el campo de la comunicación audiovisual realizando trabajos en publicidad y televisión. En 2009 fundaron Saico Films, productora a través de la cual han filmado varios cortometrajes y clips musicales. Rafael ha dirigido y fotografiado videoclips para canciones de Alfonsina, Buceo Invisible y Los Terapeutas. Junto con Bernardo, también guionista y director de cortometrajes, filmaron el video Revólveres y Rosas, de Socio (proyecto solista de Fede Lima), premiado con el Graffiti al Mejor videoclip 2017. En el pozo es su primer largo. Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.

    —Cuando lo que tenían era el borrador de una historia, ¿hubo alguna escena en particular que se haya aparecido en sus cabezas?

    —La del inicio de la película. Nos atrapó la posibilidad de presentar una situación que aparentemente es la de una relación de pareja y tiene un giro inmediato. Sentimos que era una premisa muy potente para desarrollar en esa locación, que es un quinto personaje. No hubo una imagen en particular sino un clima de fatalismo, la sensación de que algo malo puede suceder en cualquier momento.

    —¿Qué los llevó y cómo llegaron a definir una historia con esta concentración espacio-temporal?

    —La película nace por la necesidad de filmar. Nos propusimos generar una historia que pueda ser contada con nuestros propios medios. Queríamos hacer un thriller que manejara la tensión desde el comienzo, que mantuviera al espectador enganchado pero partiendo desde un hecho natural y cotidiano, algo con lo que todos se puedan identificar. Para lanzarnos a filmar y jugarnos de esa manera tuvimos que hilar fino en el guion. Hasta no sentir que la historia fluía no comenzamos la preproducción. Y en ese tiempo reescribimos bastante, nunca cambiando la estructura pero sí buscamos que los personajes y lo que suceda sea lo más natural posible. Luego, entre el casting y las visitas a la cantera, se fue afinando el guion. Se fue quitando todo lo que no era vital. Es algo que también sucedió en el rodaje y luego en el montaje, donde incluso encontramos el modo de resignificar alguna escena jugando con saltos en el espacio y tiempo.

    —Cuatro personajes, una sola locación, unas pocas horas (y en su mayoría, diurnas), implica una planificación rigurosa y muy precisa de la puesta en escena. ¿Hubo margen para la improvisación?

    —En el rodaje había dos elementos fundamentales a cuidar: las actuaciones y la puesta en escena. Los planes de rodaje dependían exclusivamente de la luz solar y eso nos llevó a optar por una cámara más chica, pero que nos permitía trabajar con dos cámaras para aprovechar mejor la luz. También la película tiene buena parte en horario de atardecer. Por lo que todos los días filmábamos una hora de estas escenas. Hubo lugar para la improvisación, pero en su mayoría surgida en ensayos previos con los actores.

    —¿Cómo fue el proceso de elección y el posterior trabajo con los intérpretes?

    —El casting fue largo y con varias instancias de callback. Es una película que se apoya mucho en los actores, y necesitaba una atención absoluta. Lo más difícil fue armar el puzzle: un actor podía gustar, pero tenía que encajar en un grupo y funcionar en él. Esta última parte fue la más interesante. La elección final fue con los actores, que le dieron vida a los personajes. Sentimos que el elenco le da gran naturalidad a la película, lo que permite que la narrativa fluya y el espectador se pueda meter en la historia.

    ?? Recuadro de la nota: A pleno sol