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    All you need is love (and money)

    Las Vegas (Matías Larramendi, enviado). Las posibilidades son demenciales. Cuando dicen que Las Vegas es la ciudad del pecado, que se puede ver cualquier cosa y que lo que sucede allí se queda allí, no es ninguna exageración. El lugar, que fue construido en el medio del desierto de Nevada por la mafia, concentra decenas de hoteles con casinos y clubes nocturnos. Y también una multitud de turistas y gente que va en busca de tragos y música y una lista inabarcable de excesos. La concepción de entretenimiento de los estadounidenses no tiene pausas ni comas que la detengan.

    En Las Vegas también hay una cantidad absurda de espectáculos. Entre ellos, los que ofrece el Cirque du Soleil, una de las compañías de circo más famosas del mundo, con sede en Quebec. Aunque los canadienses suelen ser más mesurados que sus vecinos, los cinco shows que brinda la compañía en esta ciudad —y solo en esta ciudad— son algo demencial. Tienen una puesta en escena, un vestuario y personajes que hacen sentir al espectador como si estuviera viviendo dentro de un cuento surrealista, donde los aspectos del mundo siguen siendo identificables pero, al mismo tiempo, irreconocibles.

    Love, que se basa en la obra de Los Beatles, es uno de esos shows. Las canciones de los músicos ingleses se suceden una tras otra y los artistas las representan con magia circense: aparecen figuras inverosímiles, gigantes de zancos, pájaros voladores que caen sobre el escenario, una mujer que tiene una cabeza móvil que se desliza desde sus hombros hasta su abdomen, instrumentos fantásticos, un negro que hace un zapateo primitivo y gutural que retumba en los orígenes del mundo y un ejército de bailarines de muslos torneados que se ríen en la cara de la gravedad. Y los músicos de Liverpool proyectados con luces y sombras. Aparece John, que canta desde el más allá. Paul se sienta en un piano de dos dimensiones y empieza a esbozar las primeras notas de Hey Jude, pero otro le dice que no, que no da, que no está de humor para ese tema. Y así interactúan entre ellos. Y son verdaderamente sus voces, recuperadas de antiguas grabaciones, las que se escuchan por los parlantes. La sensación que da al espectador es la de perder el sentido de la realidad, o de adentrarse en uno de sus pliegues ocultos.

    Love recorre las diferentes etapas de los Beatles, aunque se centra en la década de los 60. Son varios los autos escarabajos que entran en escena y sirven de plataforma para que los artistas salten de un lugar a otro y bailen arriba del techo y del capó. En una parte del show se da una divertida persecución policial con las fuerzas del orden persiguiendo a hippies saltarines. Una manta blanca surge de algún lugar del escenario, se expande y cubre las plateas; queda suspendida y ondulando a unos centímetros de las cabezas del público, que la toca con las manos mientras se va tiñendo y cambiando de colores hasta que vuelve a desaparecer por donde salió (el teatro fue especialmente diseñado en el hotel Mirage para realizar esta obra). Varias pelotas gigantes son lanzadas al aire y se mueven lentamente hasta descender sobre algún espectador, que la golpea hacia otro lugar. El público da gritos de entusiasmo. Es el mismo grito que los estadounidenses dan cuando están en la montaña rusa, una especie de ooouuuuhh (nota: en Las Vegas, en el hotel New York, New York, hay una montaña rusa que gira alrededor del gigantesco edificio temático).

    Antes de entrar al show en el hotel Mirage hay una fila extensa de personas comprando cajas de pop tamaño Las Vegas. La música, por suerte, tapará el sonido de la masticación masiva. Dentro, sin embargo, se respetan las reglas universales del sentido común y no se ve un solo celular prendido. Después de la función, los espectadores terminarán en una tienda de merchandising vinculada al grupo inglés, en donde se podrá comprar absolutamente de todo. Arrastrados por una fuerza casi irresistible, comprarán algo, aunque sea un llavero de un submarino amarillo.

    Los otros espectáculos del Cirque du Soleil son igual de increíbles que Love. Distribuidos en los teatros de los diferentes hoteles, con precios que van desde los 90 hasta aproximadamente los 200 dólares —dependiendo de la ubicación—, la compañía también ofrece un show llamado Mystere, que está en cartel desde 1993 y entremezcla circo, ópera y teatro callejero. aborda la saga heroica de dos gemelos y predominan los movimientos de artes marciales. Ô, que es surrealista y transcurre bajo el agua y One, similar a Love pero con Michael Jackson como figura central, son otros de los espectáculos del Cirque du Soleil.

    Las opciones para transportarse son igual de variadas: se pueden alquilar autos deportivos, limusinas, taxis del color que se quiera, Uber, Lyft, etc. También se puede caminar por la Strip —la calle principal— y disfrutar del entorno. Uno puede cruzarse, por ejemplo, con dos mujeres eslavas vestidas de policía que te dan una palmada en el culo —“you are such a bad boy”— y te piden unos dólares para sacarte una foto con ellas; o con un pibe de ojos desorbitados que te ofrece faso; o con un negro de casi dos metros con voz ronca y gruesa, vestido de calzas y una tanga rosada; o con alguien que lleva una máscara gigante e hiperrealista de un bebé y baila con el torso desnudo, o con vagabundos con divertidos carteles: “Necesito $$$ para comprar gasolina y volver a mi planeta Saturno”.

    Con las luces de neón y el ruido constante atrofiando los sentidos, se degenera la percepción. En el aeropuerto, una pareja de chilenos que vuelve a casa después de una estadía en Las Vegas, comenta que el concierto de Britney Spears no fue lo que esperaban. Y claro, entre tanto desconcierto, hay que saber elegir.

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