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Ella se llama Emmi Rothner, es diseñadora de páginas web y está casada con un hombre que ya tiene dos hijos y le lleva varios años de edad. Un día ella se equivoca en una letra al escribir la dirección de correo electrónico de la revista “Like”, de cuya suscripción quiere darse de baja, y el mensaje le llega a un desconocido.
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Él se llama Leo Leike, es investigador del lenguaje y, entre otros trabajos, analiza la comunicación a través de los correos electrónicos. Está separado y no le ha ido muy bien en sus relaciones sentimentales. Cuando recibe el mensaje de Emmi le responde: “Es la tercera persona que me pide que le dé de baja de la suscripción. La revista debe haberse vuelto francamente mala”. Y Emmi también le contesta, y así comienza un intercambio de mensajes que se hace costumbre, crece y se vuelve romance.
Al escritor austríaco Daniel Glattauer le gustan las historias de amor y encontró en la comunicación por e-mails el formato ideal para narrar la relación de una pareja que solo se conoce a través de una pantalla. La novela se llama Contra el viento del norte y con ella, la primera que escribió, este ex periodista de crónicas judiciales llegó a la fama. Convertida en un éxito editorial, y traducida a 32 idiomas, fue finalista del German Book Prize. Hábilmente, Glattauer dejó su final en suspenso y a los lectores ansiosos, entonces, a los pocos meses publicó la segunda parte que se llama Cada siete olas.
Ágil, fresca y sensual: así es la historia que atraviesa estos dos títulos que reflotaron la novela epistolar en los tiempos de la inmediatez. Glattauer maneja muy bien los estados de ánimo de los personajes, no solo a través de lo que se cuentan, sino de la rapidez o no con que se responden: a veces son minutos y otras son horas, días y hasta meses, depende de la ansiedad o de la necesidad de distancia.
En Contra el viento del norte, título que surge de una descripción que hace Emmi de su dormitorio, los personajes no se conocen físicamente. Esto los obliga a ejercitar la imaginación con los pocos datos que el otro le brinda a través de sus gustos, de la forma de vestirse, del número de zapato que calza. Así Leo, y también el lector de la novela, se va formando una imagen de una Emmi bonita, inteligente e irónica, de una mujer que quiere cambiar su vida aunque no se anima, como una especie de Madame Bovary del siglo XXI. “Contigo, querido Leo, no tengo miedo de ser tan espontánea como lo soy en lo más íntimo de mi alma. No pienso qué puedo exigirte y qué no. Simplemente, escribo a tontas y locas. ¡Y me hace tanto bien!”, dice en uno de sus mensajes.
Por su parte, Leo aparece más directo, gracioso y sabio, sobre todo cuando escribe borracho: “Ahora te toca a ti de nuevo. Escríbeme Emmi. Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente. Emmi. Emmi. Emmi”.
Contra el viento del norte juega con la posibilidad del encuentro, y ese es uno de los mejores recursos que utiliza el autor. Cuando parece que todo puede suceder, la novela se termina, y entonces llega Cada siete olas, con el mismo formato de e-mails, pero con los personajes más distanciados. Ellos han continuado con sus vidas, pero no se olvidaron.
Cuando vuelven a escribirse, regresa el deseo de encontrarse, hasta que lo hacen. Entonces, nuevamente todo puede suceder. El paisaje de una playa con olas adquiere un valor simbólico en esta segunda parte. Emmi le escribe un mensaje a Leo mientras mira el mar: “Las primeras seis son previsibles y equilibradas (...). Pero ¡cuidado con la séptima ola! La séptima es imprevisible. Durante mucho tiempo pasa inadvertida (...). Pero a veces estalla”.
Glattauer ha recibido grandes elogios por estas novelas, y también algunas críticas de quienes las consideran “livianas”. Sin embargo, su historia reflexiona sobre el amor, los celos, la insatisfacción, la rutina y la fidelidad. Y sobre el poder de la palabra para enamorar. No es poco lo que logró el austríaco.
“Contra el viento del norte” (260 páginas) y “Cada siete olas” (270 páginas), de Daniel Glattauer, editorial Alfaguara, $ 380 cada libro.