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Carlos Arboleya es el hooker del seleccionado uruguayo de rugby Los Teros. En octubre pasado, con 30 años, jugó el Mundial y anotó el primer try de Uruguay después de 12 años. Le hicieron notas medios locales e internacionales y se convirtió en un emblema de esa selección. El mismo Arboleya fue a quien años atrás se le ocurrió, junto a unos compañeros de clase en la Universidad de Montevideo, que para su tesis hicieran un plan piloto de llevar el rugby a las cárceles.
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Los alumnos voluntariamente dieron clases a un grupo de 36 reclusos y el éxito de las prácticas culminó con la firma de un convenio entre la Universidad y el Patronato de Encarcelados y Liberados en 2011. La Unión de Rugby Uruguaya (URU) también se sumó y la iniciativa se convirtió en un programa oficial luego de que el Ministerio del Interior (MI) y la URU firmaran un acuerdo en marzo. El proyecto “Rugby en las cárceles” es coordinado por Pelota al Medio a la Esperanza, el programa del Ministerio que llevó el fútbol a los liceos públicos.
Desde marzo, jugadores de Los Teros y de los clubes Champagnat y Trébol de Paysandú han dirigido dos entrenamientos por semana en el Comcar. La intención fue trabajar con 80 reclusos y evaluar. Fueron 30 entrenamientos por los que pasaron 179 presos, de los cuales 56 están preparados para practicar rugby. Para las autoridades fue un éxito y por ello pretenden extender el programa con el objetivo de llegar a 1.000 reclusos entrenando el deporte.
“El programa del rugby se enmarca en el cambio de modelo de gestión del Comcar resuelto por el Ministerio un mes atrás, después de que se detectara que en tres módulos las condiciones de reclusión eran inadecuadas”, declaró a Búsqueda el director de Secretaría Charles Carrera. “El objetivo es darles más actividades a las personas privadas de libertad y que eso esté integrado sus procesos de rehabilitación y reinserción social”.
La experiencia pilota “fue exitosa”, dijo. De los 179 privados de libertad que participaron en los cursos, 40 pidieron para participar en otros cursos y talleres. Según Carrera, resultados como el del rugby demuestran que la rehabilitación es un proceso “progresivo” que debe seguir incluso hasta después de que la persona esté en libertad. En ese sentido, informó que en el proyecto de Rendición de Cuentas el Ministerio incluyó un artículo para habilitar la creación de una fundación que facilite al Patronato de Encarcelados y Liberados firmar convenios y conseguir “becas de rehabilitación” para quienes recién dejan la prisión.
Mejor que nada.
El presidente de la URU, Sebastián Piñeyrúa, está convencido de que los valores que inculca el rugby pueden provocar un cambio en los reclusos que los ayude a salir adelante. El compromiso, el esfuerzo, la solidaridad, su carácter integrador y el apego a la disciplina que transmite el deporte lo convierten, según Piñeyrúa, en “una excelente herramienta de educación” para los presos.
Tiempo atrás se contactó con colegas argentinos que llevaron adelante el programa Espartanos, que consistió en llevar el rugby a las cárceles argentinas. La iniciativa se inició en 2009 y tuvo grandes resultados. Jugadores profesionales, entre ellos miembros de la selección Los Pumas, dieron clases, entrenaron a los presos y el programa llegó a tal nivel que Los Espartanos es un equipo amateur que enfrenta a otros equipos fuera de la cárcel. Las cifras de reincidencia descendieron entre quienes practicaban el deporte. Entre los reclusos argentinos se daba un 65% de reincidencia; entre los que jugaban rugby descendió a 10%.
Este avance motiva a Piñeyrúa. “Hay gente que probablemente no tenga solución, pero hay otra que con ayuda y contención puede salir adelante”, dijo. Y a ellos apunta con el rugby. El presidente de la URU sabe que “no se van a resolver todos los problemas”, pero “con que les sirva a algunos ya es suficiente”. “Es involucrarse en el problema y hacer lo que uno pueda. La mejor manera de no resolverlo es comentarlo sin hacer nada”, agregó.
Y resaltó que durante la experiencia piloto vio los efectos positivos en los reclusos. “Empezaron a mostrar disposición a trabajar, algunos que no comían volvieron a hacerlo, otros volvieron a salir de las celdas y se los veía con más ánimo dentro del contexto en el que están”, dijo.
A partir de setiembre comenzarán a trabajar con entre 480 y 600 reclusos, de acuerdo con el convenio firmado con el Ministerio. Un equipo de 10 profesionales estará a cargo de la propuesta y se prevé que en un futuro la selección nacional realice un entrenamiento en la cárcel.