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En febrero de 1973, el diputado socialista Vivian Trías no interrumpió sus vacaciones en Costa Azul (Canelones) mientras el cuerpo de Fusileros Navales de la Marina, armado a guerra, bloqueaba la Ciudad Vieja en defensa de las instituciones y se procesaba la crisis que terminó con la llegada de los militares al gobierno, primero a través del acuerdo de Boiso Lanza y luego mediante la segunda parte de un golpe de Estado que se oficializó el 27 de junio con la disolución de las Cámaras.
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El libro Vivian Trías. El hombre que fue Ríos, de Fernando López D’ Alesandro, cuenta que el dirigente del Partido Socialista del Uruguay (PSU), que residía en Las Piedras, recibió en el balneario canario a un enviado de la Inteligencia checoslovaca y lo tranquilizó respecto a la crisis y a las posturas “peruanistas” del general Gregorio Álvarez, entonces jefe del Estado Mayor Conjunto, tal como había consignado en un extenso informe de mayo del año anterior.
Trías había viajado en 1970 a Lima con su esposa y su hijo Facundo a cuenta de la StB y luego había escrito un libro donde se relata la singular experiencia de los militares peruanos que en 1968 dieron un golpe de Estado antiestadounidense con el general Juan Velasco Alvarado al frente.
Tres años más tarde, exceptuando a algunos militares frentistas, al director del semanario Marcha Carlos Quijano y a los anarquistas, el espejismo peruanista había nublado la visión prospectiva de la mayoría de la izquierda, incluyendo a socialistas (salvo el dirigente Reinaldo Gargano), comunistas, tupamaros, Zelmar Michelini y otros.
Tres años después, cuando el general Jorge Videla encabezó un golpe de Estado en Argentina, Trías volvió a hacer un análisis despreocupado de la “democracia burguesa” y demasiado optimista respecto al papel de los militares.
López, que no advierte que a actores argentinos también les pasó lo mismo, llama la atención acerca de las lecturas que tanto Ríos (Trías) como Medio (el historiador Carlos Machado) hicieron para la StB, no solo de Videla sino incluso del papel del último gobierno de Juan Perón y del exjefe de los grupos paramilitares agrupados bajo el nombre de Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y ministro de Bienestar Social, José López Rega. En sus informes, Medio adjudicó el asesinato de los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz a sectores que estaban en contra de Videla en la interna militar, así como antes, por su simpatía con el peronismo, relacionó a la Triple A (que había desaparecido a 600 personas antes del golpe) más con la CIA que con el poderoso ministro de Isabel Martínez de Perón al que llamaban el Brujo.