Nº 2209 - 19 al 25 de Enero de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs tradicional que el primer mes del año sea un lapso sin actividad oficial en el fútbol. La competencia queda reducida a una serie de partidos amistosos, en los que todos los equipos del medio local empiezan a delinear el plantel con el que habrán de encarar la temporada. Aunque no será este, precisamente, el tema de la presente columna.
Tampoco —y por ahora— lo que acontezca desde hoy en Colombia, sede del Campeonato Sudamericano Juvenil Sub-20. Un torneo creado en 1954 que Uruguay ganó en las tres primeras ediciones (entre 1954 y 1964) marcando una clara supremacía continental. Ese dominio se reiteró años después con cuatro torneos consecutivos (entre 1975 y 1981). Luego, tras una sequía de 17 ediciones, hubo un último triunfo en 2017, en Ecuador.
Aunque seguiremos de cerca este certamen, en esta columna se irá unos cuantos años hacia atrás, hasta el lejano mes de enero de 1981, recordando la última proeza del glorioso fútbol uruguayo a nivel de selecciones: la obtención de la Copa de Oro o Mundialito. Fue un torneo inédito que enfrentó a las selecciones de aquellos países que habían ganado la Copa del Mundo. Además de Uruguay participaron Argentina, Italia, Alemania, Brasil y Holanda, que no había sido campeón pero, como selección vicecampeona en 1978, sustituyó a Inglaterra, que declinó la invitación.
Si decidimos ocuparnos de este evento, es en homenaje a quienes hicieron que lo que, en principio, fue una idea genial —o casi una alucinación— al final lograra el aval de las más altas autoridades de la FIFA de la época y la conformidad de aquellos países invitados (con la solitaria excepción ya mencionada). Pero, sobre todo, nos anima el propósito de descorrer el velo que inmerecidamente ha caído hasta sobre el mero recuerdo de un hito formidable e irrepetible de este fútbol uruguayo cargado de glorias.
La idea original fue festejar los 75 años de la Asociación Uruguaya de Fútbol en 1975, pero no pudo entonces lograrse el aval de la FIFA. Durante el Mundial de Argentina la iniciativa fue reflotada y puesta en conocimiento del mandamás de la federación, Jo??ão Havelange. El motivo invocado para hacer ese torneo fue más atractivo: conmemorar los 50 años del primer Campeonato del Mundo en nuestro país. Fueron fundamentales las gestiones de varios dirigentes de la época como Eduardo Rocca Couture y Washington Cataldi para obtener esa aprobación imprescindible. También las que hizo el presidente de la AUF, el capitán de Navío Yamandú Flangini, para conseguir la anuencia de las autoridades de gobierno de la época (estábamos en plena dictadura), aunque no el pretendido apoyo económico.
La solución económica llegó a través de los fuertes contactos de Cataldi con Silvio Berlusconi, quien ya empezaba una carrera que le llevaría a ser una figura relevante en el mundo de los medios de comunicación. Los gastos que cubrir eran de enorme magnitud y fue necesario remodelar de forma parcial el Estadio Centenario, reconstruyendo todo el campo de juego, instalando bancos de hormigón en los antes despojados taludes y un moderno sistema lumínico, apto para la comprometida televisación en colores del evento a todo el mundo.
Mientras esto ocurría y luego de confirmada la presencia de los invitados campeones del mundo, hubo una concienzuda preparación de nuestra Selección, a cargo del excampeón de Maracaná Roque Gastón Máspoli. Hubo una gira por Europa, con discretos resultados, y luego un par de partidos en Montevideo ante las selecciones de Suiza y Finlandia. El plantel definitivo contó solo con futbolistas del medio, en su mayoría de los equipos grandes. De Nacional estaban Rodolfo Rodríguez, Eduardo de la Peña, Waldemar Victorino, Julio César Morales, José Moreira y Arsenio Luzardo; de Peñarol, Víctor Diogo, Walter Olivera, Venancio Ramos, Rúben Paz, Fernando Álvez, Ernesto Vargas y Nelson Marcenaro. El resto del plantel lo conformaban Ariel Krasowski, Daniel Martínez, Jorge Barrios, Jorge Siviero y Hugo de León, que recién había sido transferido al Gremio de Porto Alegre.
Los equipos visitantes estaban plagados de estrellas. Argentina, reciente campeón del mundo, contaba con Diego Maradona, Alberto Kempes, Ualdo Fillol y Osvaldo Ardiles; Alemania, con ??Karl-Heinz Rummenigge, Hans Müller y Harald Schumacher; Italia, con futbolistas que serían campeones del mundo en España dos años después, como Giancarlo Antognoni, Marco Tardelli, Gaetano Scirea y Alessandro Altobelli; y Brasil, dirigido por Telé Santana, con figuras como Sócrates, Júnior o Toninho Cerezo. El torneo se desarrolló entre el 30 de diciembre de 1980 y el 10 de enero de 1981 y se dividió en dos grupos. Uruguay y Holanda abrieron el torneo, con un cómodo triunfo Celeste por 2 goles a 0, convertidos por Venancio Ramos y Waldemar Victorino. Cuatro días después, Uruguay venció a Italia por 2 a 0. Julio César Morales, de penal, marcó el primer gol y otra vez Victorino liquidó el partido.
En el otro grupo, Argentina remontó una desventaja parcial y le ganó 2 a 1 a Alemania, con una anotación en la hora de Ramón Díaz. Unos días después empató 1 a 1 con Brasil en un partido plagado de incidentes y con goles de Maradona y Everaldo. En el último partido del grupo, Brasil le ganó 4 a 1 a Alemania —ya eliminada—, luego de revertir un comienzo de partido adverso, y clasificó así a la final con Uruguay. Otra vez, como en aquella ya lejana tarde de 1950 en Maracaná, uruguayos y brasileños definirían el Mundialito, el sábado 10 de enero.
Un legendario campeón mundial de 1930, Ernesto Mascheroni, dio el puntapié inicial y ante un estadio repleto como nunca. Nuestro equipo se puso en ventaja al comienzo del segundo tiempo, con un gol de Jorge Barrios. Sócrates, de penal, emparejó el tanteador. Ya cerca del final, un centro de Ramos en un tiro libre sobrepasó a Krasowsky, pero entrando por detrás Victorino conectó un cabezazo que le daría la victoria y el título de campeón al anfitrión. La “revancha” de Maracaná no pudo ser y nuestro país sumó otro lauro más para sus vitrinas, en un torneo que nunca más habría de jugarse.
Ese año, 1981, le depararía luego al fútbol uruguayo la Copa Intercontinental en Japón de Nacional ante el Nottingham Forest. Poco después, la selección juvenil ganó el Sudamericano de Quito, goleando a Argentina por 5 a 1. Sin embargo, con esa misma base de equipo, el ganador del Mundialito ¡no logró clasificar para el Mundial de España del año siguiente!
Algunos (o muchos) con una flagrante mala intención procuraron empañar la legitimidad de este triunfo Celeste en un torneo entre campeones del mundo invocando una supuesta influencia de la dictadura que por entonces imperaba en nuestro país. A diferencia de la que pudo darse en Argentina en el Mundial de 1978, jamás existió en este caso. Sin embargo, esa nunca acreditada circunstancia le ha quitado a esa conquista única e irrepetible el reconocimiento imperecedero que mereció tener. ¡Ante esta infamia nos rebelamos ardientemente en cada oportunidad que se nos presenta!