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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCastiguemos al muerto. Nadie puede dudar que episodios como el ocurrido en la madrugada del pasado día lunes, en el cual un policía fue asesinado a sangre fría, producen profunda consternación en la ciudadanía en general. Ni que hablar, compañeros y familiares del funcionario policial, a quien cumpliendo su labor le tocó encontrarse con un inadaptado que cruel y cobardemente decidió que el dinero que había en una caja registradora valía más que su vida.
Es cierto que el oficial no cumplía con el reglamento al ejercer un trabajo por fuera del mismo. También es cierto que la reforma del trabajo policial, la cual se está llevando a cabo ya hace algunos años y que incluye tratar de excluir a los policías de ese régimen cruel de multiempleo mal pago, ha mejorado los salarios y las condiciones de trabajo de estos funcionarios públicos. También estoy de acuerdo con que, teniendo en cuenta las circunstancias y la forma, siempre debe de existir autocrítica, incluso en situaciones como estas, justamente con la intención de aprender, modificar lo que haya que modificar y evitarlas.
Sin embargo, no estoy de acuerdo con la forma utilizada, en la cual se decidió no brindar los honores fúnebres al oficial caído en funciones.
Como habitualmente se entiende a través de estas horribles circunstancias, los seres humanos son quienes pueden desatar el dolor más profundo en otro ser humano. De la misma manera, son los seres humanos quienes pueden contrarrestar este dolor a través de actos nobles, solidarios y con empatía.
¿Cuál es el costo de un abrazo?
¿Cuánto valen unas palabras de aliento a la familia del fallecido en estas circunstancias?
¿Cuánto vale entregar un pabellón nacional a los hijos de quien perdió la vida protegiendo a los demás?
¿Qué se gana castigando a un muerto?
¿Acaso espera el Ministerio del Interior adoctrinar a la Policía a través de la frialdad?
Sinceramente, creo que las palabras del subsecretario del Interior son desafortunadas y la pena totalmente fuera de lugar. Me atrevería a decir que están distanciadas de la realidad policial, no del procedimiento, sino de las personas que cumplen tan noble tarea pese a las penosas condiciones con las que les toca lidiar.
Creo sinceramente que el Sr. Vázquez debe disculparse en nombre del gobierno con la familia del oficial Wilson Coronel, con la Policía y con los uruguayos en general por semejante desatención.
Gonzalo Spera
CI 2.909.148-2