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La indesmentida vocación de la fuerza política que nos ¿gobierna? por incorporar empleados públicos a la ya ahíta plantilla de servidores públicos (que con el mismo entusiasmo alimentaron en el pasado blancos y colorados) ha mostrado esta semana algunos perfiles merecedores de atención.
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En efecto, tras los 45.000 empleados públicos que nos incorporó don Pepe Mujica durante su mandato, y los 1.000 que acaba de presupuestar el Pelado Martínez con tal de que los patoteros de Adeom le recojan más o menos la basura, esta semana cobró estado público el sonado caso de los asesores ministeriales.
Gracias a un prolijo informe que publicó “El País” el martes pasado, sabemos que al día de hoy (al menos hasta el martes, capaz que hoy ya se agregó alguno más, hay que ver lo dinámicos que son nuestros secretarios de Estado) hay 99 distinguidos técnicos en de-todo-un-poco, que asesoran y aconsejan a nuestros ministros para que su gestión logre los ribetes de distinción y eficiencia que la caracterizan.
Ganan entre 60 y 130.000 mangos por mes, según el Ministerio y según su especialidad, que puede ser tan variada como la vida misma.
En el Ministerio de Defensa, por ejemplo, el año pasado había siete asesores del ministro, y ahora hay doce, vaya a saber uno por qué. El Bicho en el mismo período pasó de nueve a trece, y el Toto Rossi de tres a cuatro. En Economía hay siete, en Turismo hay seis, y así sucesivamente. La tranquilidad nos la da el informe especial de la Oficina Nacional de Servicio Civil sobre este trascendente tema, del que surge que todos los asesores de los ministros “han acreditado idoneidad suficiente a juicio del jerarca, de acuerdo a las tareas a desempeñar”. Qué tranquilidad, señora mamá.
Siguiendo en la parte de “no es broma”, el informe dice que en el Ministerio de Economía, por ejemplo, hay un licenciado en Ciencias Biológicas (no aclara si era compañero del Raulo en Cuba), en el Ministerio del Interior hay otro por el estilo, pero que todavía “no culminó la licenciatura en Ciencias Biológicas” (este se parece más a Raulito que el anterior), un ayudante de perito decadactilar (sic), no te molestes en ir al diccionario de la Real Academia, yo ya fui y dice textualmente “la palabra decadactilar no existe en el diccionario”, apenas si podemos deducir que tiene que ver con diez dedos, pero vaya a saber uno para qué es que los usa el dedacatilógrafo…, además hay un traductor de alemán, (imprescindible, me imagino) y unos no menos importantes señores que son, a saber, un técnico en marketing, un ingeniero eléctrico y “un asesor con tecnicatura en atletismo” (ahí sí que me desconcertaste, Bicho, salvo que te lo haya recomendado la patrona para que te haga hacer ejercicio en el despacho, a ver si bajás unos kilos).
En otros ministerios hay otras perlitas comparables, como una maestra inspectora en Ganadería y Agricultura, un licenciado en Psicomotricidad en Educación y Cultura, y un ingeniero químico en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
Pero lo más interesante de toda esta recopilación que hace el informe periodístico, que incluso supera (al no aclararlo) la afirmación de la Oficina de Servicio Civil en cuanto a que “todos ellos han acreditado idoneidad suficiente”, es que en varios de los casos, hay un lote de asesores “sobre los que no hay datos académicos”, “personas que no reflejan datos”, y personas que no presentaron “información sobre profesión u oficio”.
¿En qué quedamos entonces? ¿Todos han acreditado idoneidad suficiente, o casi todos?
Yo les puedo ayudar a completar la información que quedó pendiente frente a esta sorprendente dualidad de criterios.
En Economía, por ejemplo, uno de los asesores de los que no se obtuvieron datos es en realidad un equilibrista jubilado del Cirque du Soleil, especialista en caminar por la cuerda floja, y en saltar al vacío cayendo siempre sobre una salvadora red que está casi al ras del piso. En esta misma cartera hay asimismo otro no documentado asesor que es un alquimista de nota, candidato al Premio Nobel de Alquimia y Transformaciones Esotéricas, quien exhibe entre sus experimentaciones la transformación del metal de oro en estiércol. Trabaja en el mismo escritorio que un ilusionista con experiencia internacional, quien ha demostrado que se puede hacer desaparecer una suma de 800 millones de dólares pasándola por una máquina de su invención a la que ha bautizado “la Picadora Sendicancap”.
En Relaciones Exteriores hay un asesor indocumentado que pasa por ser un diplomático de carrera, que se peina con fijador, usa trajes grises de casimir inglés con rayitas finitas, y sobretodo de pelo de camello, pero que es en realidad un espía del MPP, que fuma porros a escondidas, y cuando el canciller no está, toma mate con pancongrasas en una salita lateral del Palacio Santos. Es el que le borra a Nin Novoa los mails que le llegan sobre la apertura de la economía y los tratados de libre comercio.
Los que no aportaron títulos habilitantes en la cartera del Bicho Bonomi son en realidad unos estudiantes de Sociología que están preparando una tesis sobre “El Marconi y la responsabilidad de la sociedad en la marginación de los menos favorecidos”, y a ellos se debe que lo hayan convencido al ministro de no seguir buscando mafiosos en ese barrio, porque no hay ninguno. Son todas palomitas perseguidas por la adversidad neoliberal, que ya volverán a ser buenos cuando haya triunfado el socialismo real por sobre las ominosas componendas de la derecha.
Y el Toto Rossi tiene en Transporte un supuesto supervisor de la realidad virtual, que es el encargado de borrar de la pantalla del ministro todos los llamados a Uber que hacen los usuarios hartos de la “familia del taxi” del amigo Dourado.
Está previsto que los presupuesten a todos en fecha próxima, para generar más vacantes a efectos de que el gabinete ministerial se parezca cada vez menos a un gabinete higiénico, y más a uno de gobierno.