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    Barroco, improvisación y kickboxing

    La mezzosoprano Joyce DiDonato

    Nació en 1969 en Kansas, sexta hija entre siete hermanos. Se graduó en la Universidad de Wichita y luego en la Academia de Artes Vocales de Filadelfia. En 2007 ganó el premio Beverly Sills; en 2012 el Grammy a la mejor artista vocal clásica y hace dos meses la Juilliard School de Nueva York le confirió el Doctorado Honorario en Música. En 2009, haciendo la Rosina de “El barbero de Sevilla” en el Covent Garden, resbaló al final del primer acto y se quebró el peroné derecho, lo que no impidió que continuara actuando hasta el final con la ayuda de un bastón y una muleta. Quienes asistieran al Teatro Solís a las transmisiones de ópera en directo desde el Metropolitan Opera de Nueva York, habrán visto a Joyce DiDonato presentando las obras, entrevistando a los artistas y también cantando. Como varios roles de ópera para su tesitura eran personajes masculinos, optó por ejercitarse en el kickboxing, algo que le ayuda a adoptar una expresión corporal más varonil cuando su papel lo requiere. Su entrenador es Marty Herrera, actor de reparto con una brevísima aparición en la serie “Breaking Bad”.

    DiDonato es una mezzosoprano de coloratura, con un repertorio que abarca principalmente el bel canto desde el barroco hasta comienzos del siglo XIX con Rossini, Bellini y Donizetti. Algún crítico ha dicho que hay una calidez en su voz que puede transformarse en fuego. Montevideo tendrá el privilegio de escucharla el viernes 15 de agosto en el Auditorio Nacional Adela Reta dentro del Ciclo del Centro Cultural de Música. Lo que sigue es un resumen de las preguntas que la artista accedió amablemente contestarle a Búsqueda vía correo electrónico.

    —¿Tiene alguna rutina diaria?

    —Depende enteramente de si estoy en período de ensayos o de concierto. Por lo general trato de ser flexible para conservar la capacidad de improvisar y adaptarme en función del país en que estoy, o del lugar en que me alojo: hotel, casa o apartamento. Por lo menos dedico una hora diaria a una mezcla de yoga, kickboxing y danza; luego me lleva bastante tiempo responder los correos electrónicos e interactuar con las redes sociales. Por supuesto dedico todo el tiempo que necesite a estudiar y vocalizar. Todo eso con la esperanza de que al final quede un tiempo libre para una fabulosa cena en buena compañía.

    —¿Cuál es su repertorio favorito?

    —¡Me gustan todos! Es imposible elegir, ya que tengo un gran apetito musical y aún siento mucho entusiasmo abordando un nuevo repertorio o revisitando viejas tonadas familiares. De todas formas, si me obligaran a pronunciarme, diría que Handel es aún hoy la música más reconfortante para mi espíritu.

    —Entre los varios directores con los que ha trabajado, ¿cuáles son aquellos que más la impresionaron?

    —Es como un sueño trabajar con Sir Anthony Pappano, y también con Yannick Nezet-Seguin y con James Levine, por supuesto. Durante un año trabajé codo con codo con Sir Charles Mackerras y Sir Colin Davis y eso fue para mí un éxtasis absoluto. Me fascinó cómo la mayor parte de su arte de conducir consistía simplemente en escuchar. No olvidaré jamás el tiempo que compartí con ellos.

    Después de los ensayos, ¿queda algún espacio para la improvisación la noche del estreno?

    —¡Siempre hay un espacio! Cuando ya no exista ese espacio estaré pronta para retirarme. Pero cada instante, cada frase, cada escena, debe sentirse como si la estuviéramos creando en el momento. Si uno está activamente escuchándose como intérprete, debería percibir que cada nota está siendo concebida por primera vez.

    —¿Quiénes son los compositores que más realzan su canto?

    —Handel, sin duda. Más recientemente, Donizetti ha sido un desafío grande y haciéndolo he logrado más libertad en mi técnica vocal. Pero sin duda aprendo algo de cada compositor.

    —¿Hay alguna obra que invariablemente la emocione hasta las lágrimas al interpretarla?

    —La escena de la confesión de María Estuardo con Talbot; casi todas las arias lentas de Handel con bajo continuo; particularmente “Camille Claudel dentro del fuego”, de Jake Heggie y muchas otras.

    Francesco Santoliquido es un nombre inusual en los programas de concierto. ¿Por qué lo incluyó?

    —Lo descubrí hace pocos años, era completamente desconocido para mí. Tiene una escritura muy romántica, muy lírica. Cantando sus canciones siento que nunca lograré una forma más cercana de cantar Puccini y, como mezzo, disfruto de esta pequeña gratificación. Además, teniendo ya numerosos compositores que son buenos amigos, me gusta la idea de apoyar nombres menos conocidos pero merecedores de reconocimiento.

    ¿Por qué eligió el apodo “Yankee Diva” para escribir en su blog?

    —Es bastante fortuito, pero es un nombre dentro del que creo haber crecido. Estoy orgullosa de ser americana (una yankee) y unifico eso con ser una ciudadana del mundo y una cantante internacional (“Diva”). Es un poco irreverente y eso también me gusta.

    ¿Hay algún cantante desaparecido con quien le habría gustado compartir escenario?

    —¡Ay, Dios mío! Pienso que haber formado pareja con María Callas en “Anna Bolena” o en “Norma” habría sido una experiencia única. También me habría gustado cantar bajo la batuta de Leonard Bernstein. ¡Y Pavarotti! No por el hecho de que compartiéramos un repertorio; simplemente me habría gustado estar parada cerca suyo y tener ese sonido derramado a escasos centímetros de mí.

    —¿Tiene alguna preferencia en pintura?

    —Adoro pintar mi apartamento: es una combinación salvaje de azul, violeta, magenta, anaranjado y verde. Pero en términos de pintura artística (!) soy una chica clásica: Turner, Rembrandt, Monet, Degas.

    ¿Qué está leyendo actualmente?

    —Acabo de terminar un libro enormemente transformador: “Cielo sin límites”, de David Manners.

    ¿Le gusta algún deporte?

    Ya no soy más una fanática del deporte competitivo. No me gusta la idea de nosotros contra ellos, que encuentro divisionista. No obstante, disfruté el Campeonato Mundial de Fútbol este año y también comprendo y me parece apasionante que los atletas trabajen para dar lo mejor de ellos. En cuanto a mí, estoy practicando algo de kickboxing y me ha resultado explosivo.