—¿Qué balance hace de la reunión que mantuvo con los restantes cancilleres del Mercosur para avanzar en las negociaciones con la Unión Europea?
—Básicamente hicimos un esfuerzo muy grande para aproximar las posiciones del Mercosur con las de la Unión Europea, con el objetivo de cerrar un acuerdo que es muy importante para el Mercosur con vistas a su inserción en el mundo. Y que también es importante para la Unión Europea. Existía una distancia —todavía existe—, y tratamos de acercar lo máximo las posiciones mercosurianas y eurpeas. Estamos enviando a la comisaria Cecilia Malmström un documento con lo que ofrecemos y, por otro lado, pidiéndoles a ellos también que se aproximen a nuestras posiciones en algunas cuestiones sensibles para nosotros.
—¿Cuán cerca están de firmar el acuerdo?
—Estamos en un momento en que las cuestiones más importantes están plenamente identificadas. Esa negociación comenzó 18 años atrás, pero recién en los últimos dos años retomó impulso. En los últimos dos años trabajamos intensamente aquí dentro del Mercosur, hicimos una revisión de nuestras prácticas, eliminamos la mayor parte de las barreras que existían sobre el libre comercio entre los países de la región. Y ahora estamos al final de un proceso en el que solo quedan pocos temas. Tenemos algunos asuntos delicados, importantes, pero las partes que parecían muy graves, casi insuperables, hoy ya son superables. Solo quedan unos temas que van a necesitar de una decisión política.
—¿Cuáles son esos temas que quedan pendientes?
—Son cuestiones relacionadas con el comercio de automóviles, acceso de algunos bienes, indicaciones de origen geográficos, servicios marítimos, temas relativos a maquinaria y equipamientos. Y nosotros esperamos que la Unión Europea se aproxime a nuestras demandas en materia agrícola, especialmente carne, arroz, azúcar.
—¿El Mercosur está dispuesto a ceder en indicaciones geográficas?
—Tanto el Mercosur como la Unión Europea, disminuimos el número de conflictos, de más de 300 a cerca de 20, con concesiones de ambos lados. Los países del Mercosur son, en parte, un proyección de la cultura europea. El canciller Nin me decía que aquí en Uruguay se fabrica queso parmesano desde 1860, por ejemplo. Están en el origen de nuestros países, y la Unión Europea tiene que tener eso en cuenta también.
—¿Tienen expectativas sobre los plazos para firmar el acuerdo? En medios argentinos se manejaba como hipótesis el 1º de diciembre. ¿Es posible?
—No hay plazos. Estamos en un proceso de aproximación que depende de algunas decisiones políticas nuestras y de los europeos.
—¿Qué tipo de decisiones políticas?
—No quiero adelantar mucho, porque son cuestiones que están en pleno proceso de negociación.
—¿Por qué confiar en que ahora sí se puede alcanzar un acuerdo cuando las negociaciones llevan casi 20 años?
—El Mercosur estuvo muy parado, trabado durante muchos años. Durante muchos años el Mercosur no se esforzó para abrir nuevos frentes. En los últimos dos años y medio, aceleramos la negociación con la Unión Europea, abrimos la negociación con Canadá, retomamos la negociación con la EFTA, iniciamos la negociación con Corea del Sur y con Singapur. El Mercosur comienza a cumplir con su misión original de ser una plataforma de inserción de nuestros países en la economía mundial.
—¿A qué atribuye ese cambio registrado en los últimos dos años y medio?
—A cuestiones políticas y a cuestiones objetivas. Cuestiones políticas: básicamente los cambios de gobierno en Brasil y Argentina. Uruguay siempre tuvo posturas bastante abiertas. Y cuestiones objetivas: la comprensión del sector privado de nuestros países de la importancia de buscar acceso a tecnología, de mejorar su competitividad, de acceso a nuevos mercados, la comprensión de que el proteccionismo no es el mejor camino.
—Uruguay aspiraba a firmar un TLC con China este año, objetivo que no va a cumpir. A nivel de la Cancillería uruguaya y de China identificaron como una de las trabas la posición de Brasil.
—China es el principal socio comercial de Brasil. Suplantó inclusive a los Estados Unidos. Para nosotros es una relación muy ventajosa, porque el superávit comercial que tenemos con China es equivalente al déficit que tenemos con Estados Unidos. China es un gran inversor en Brasil, ambos somos miembros del Brics, tenemos proximidad en muchas cuestiones de política internacional. Para nosotros no es un obstáculo a superar. Incluso, ya les dijimos a nuestros amigos de Argentina y Uruguay que estamos dispuestos a discutir nuevas formas de acercamiento común a China.
—¿Brasil no tiene problemas de negociar con China?
—Ahora, nosotros precisamos también mejorar el Mercosur. Existen todavía obstáculos al libre comercio entre nosotros, hay productos que después de superar el arancel externo común tienen que pagar dos o tres tarifas internas. Por eso, el Mercosur necesita ser mejorado.
—Uruguay planteó en más de una oportunidad que el Mercosur flexibilice su política y le permita negociar acuerdos comerciales a una “velocidad distinta”, pero hasta el momento no tuvo suerte.
—Se refiere a la resolución 30/00. Estamos prontos para discutir eso. Hay que ver cómo compatibiliza con las otras normas del Mercosur, cómo puede convivir con ellas. Esa es una decisión posterior a los tratados fundadores del Mercosur, pero no nos negamos a discutirla.
—Uruguay ha planteado el tema en varias ocasiones y no prosperó.
—Tenemos una reunión en 10 días del Mercado Común y lo vamos a discutir.
—¿Está ese tema en la agenda?
—Está planteado el tema, sí. Si quisiéramos hacer esa flexibilización, tendríamos que mejorar al mismo tiempo las reglas de funcionamiento del Mercosur.
—Uruguay aumentó poco tiempo atrás la tasa consular que le cobra a la importación de algunos bienes. ¿Eso también es parte del menú que se tiene que discutir?
—Sí, es parte del menú. Eso está fijado en una regla presupuestal de Uruguay y tiene una vigencia temporal de tres años y no es una regla estructural.
—Es una tasa que se aplicaba temporalmente, pero que se vuelve a establecer cada vez que vencen los plazos.
—El gobierno uruguayo está teniendo problemas con otros países además del Mercosur por esta tasa consular. Es algo que en el Mercosur no representa un problema insoluble, lo importante es saber cuánto se mantendrá en el tiempo.
—Usted decía que no hay un plazo fijado para acordar con la Unión Europea, pero hay cambios políticos que están cerca de concretarse. En Brasil, por ejemplo, quedan pocos días para el balotaje. ¿El resultado puede afectar las negociaciones?
—El tema del Mercosur no estuvo presente en el debate el electoral. Dentro de Brasil la existencia del Mercosur es vista como algo positivo, es importante para nuestra economía y es un factor importante de nuestra integración en la región. Para la política exterior brasilera es un punto fundamental y permanente la integración de nuestros países. Una condición para tener una buena presencia de Brasil en el mundo es tener una relación buena, positiva y de integración con los vecinos. Cualquiera sea el resultado de la elección, ya sea que gane Bolsonaro o Haddad, no creo que haya un cambio sensible en nuestra orientación.
—En el gobierno uruguayo hubo varias críticas a Bolsonaro tras el resultado en la primera vuelta. ¿Su gobierno le hizo algún planteo al de Uruguay a raíz de esas salidas públicas?
—No, no vamos a comentar declaraciones de políticos uruguayos. Brasil es una gran democracia. Tenemos inscriptos para votar 140 millones de personas, el conteo de votos se hace en pocas horas, las urnas electrónicas son muy seguras. Brasil es una gran democracia con un altísimo grado de institucionalización; tiene un sistema judicial independiente, un Ministerio Público independiente, una empresa libre, total libertad de organización política. Nuestros compromisos democráticos están escritos en la Constitución de manera detallada y su vigencia es acompañada con rigor por el Supremo Tribunal Federal. Una ruptura democrática en Brasil es una idea absurda. Incluso, nuestras Fuerzas Armadas son unas fuerzas profesionales, absolutamente integradas al sistema democrático. No hay ningún tipo de riesgo de ruptura.
Tenemos una elección donde hay una disputa de dos polos, pero no es la primera vez que sucede. Aconteció en la elección de Collor, en la de Fernando Enrique, en la elección de Lula, la de Dilma; hubo mucha disputa entre un polo más a la izquierda y otro más a la derecha. Y Brasil salió al frente como las grandes democracias del mundo.
—En este caso parece que las opciones son dos polos más extremos. ¿No?
—Uno más derecho y otro más izquierdo. Ustedes también tienen en Uruguay esta concentración de fuerzas políticas más a la izquierda, que están conduciendo al país muy bien, con gran equidad, y tienen políticos más a la derecha. El PT es el partido más organizado de Brasil, con una inserción muy fuerte en la sociedad, en los movimientos sociales, en la intelectualidad, con una fuerte relación con políticos, intelectualidad e instituciones culturales fuera de Brasil. Eso le permitió hacer una campaña absurda diciendo que Lula es un preso político, cuando no lo es. Es un partido muy sólido, que tiene una disciplina, una identidad fuerte y poco tiempo después de anunciar su candidato logró cerca del 30% de los votos. La votación de Bolsonaro es mucho más de un movimiento que de un partido. El partido de Bolsonaro tuvo un crecimiento muy grande, pasó de ocho a 52 diputados, y en buena parte son diputados novatos que acceden por primera vez al Congreso. Su campaña se hizo a partir de las redes sociales. Es una candidatura que tuvo siete segundos por día en radio y televisión, en comparación con los seis minutos del candidato Geraldo Alckmin. Es un candidato que gastó 2 millones de reales, comparado con más de 50 millones de reales que gastó el candidato del PMBD y de los 30 millones del candidato del PT. Y tiene una votación de este tamaño. Entonces, esta votación tiene muchos componentes. No tenía un proyecto integrado, sino que fue algo resultado del rechazo al PT, del miedo a la inseguridad pública, del conservadurismo en materia de costumbres presente en la sociedad brasileña. Por eso, es una votación más de movimiento que de partido estructurado, con proyecto definido. Es más un sentimiento difuso de opinión pública que incluye el rechazo a la corrupción, el rechazo a un modo de hacer política. Pero ni el PT ni el movimiento de Bolsonaro, uno más a la izquierda y otro más a la derecha, pone en cuestión la institucionalidad democrática del país.
—Pero puede generar incertidumbre en los vecinos acerca del relacionamiento en el futuro.
—¿Por qué?
—Por la descripción que usted hizo de Bolsonaro como un movimiento y no como un partido con un proyecto de país claro.
—Lo que digo es lo siguiente. El PT tiene un patrón de relacionamiento que no se alejó del Mercosur, pero que tiene una visión —especialmente en el gobierno de Dilma y cuando Cristina Fernández gobernaba en Argentina— de privilegiar los aspectos más políticos del Mercosur antes que los económicos.
—Dilma Rousseff también tenía una buena relación con el presidente José Mujica.
—Con Mujica también. Era una relación que privilegiaba los aspectos políticos, que son importantes, pero había un problema de énfasis. En los últimos dos años y medio nosotros procuramos reactivar la alianza económica del Mercosur y la afirmación de su pilar democrático. Estoy pensando en el tema Venezuela, en el que contamos con el apoyo de Uruguay.
—¿Costó conseguirlo?
—No sé si costó.
—A Uruguay le tomó tiempo tomar esas medidas.
—No, no, no, no. Fue una decisión inmediata que hicimos en una reunión en San Pablo. Fue después de la reunión de la Asamblea Constituyente en Venezuela, cuando Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay constatamos que había una ruptura en el orden constitucional y, por lo tanto, aplicamos la sanción prevista en el Mercosur. El Mercosur, la integración del Cono Sur, nuestras relaciones con Argentina, Paraguay y Uruguay son permanentes y, desde el punto de vista de la política brasileña, son absolutamente fundamentales. Componen nuestro perfil en política exterior, por lo que no habrá cambios por más que gane un gobierno más de izquierda o más de derecha.