N° 1820 - 18 al 24 de Junio de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAntel otra vez haciendo de las suyas. Se mete en actividades que no le corresponden y para las cuales no está ni legal ni constitucionalmente habilitada, como construir el Antel Arena y ahora vendiendo televisores LG de 32 y 39 pulgadas, a pagar en 24 cuotas. También me llamaron —en nombre de Antel— para ofrecerme un seguro de la empresa Mapfre. Y vaya uno a saber qué otros bártulos cargan en su maletín de turco.
¿Para esto existen las empresas públicas? ¿Es este el rol que debe tener el Estado en la economía? ¿Financiar bienes totalmente prescindibles y en largas cuotas? Evidentemente, no.
Para un liberal, Antel no debería ni existir. No tiene sentido que el Estado distraiga dinero, gente y otros recursos cuando hay decenas de empresas privadas que lo hacen mejor y más barato. Pero si algún socialista o socialdemócrata —a pesar de los fracasos y pérdidas multimillonarias a las que las empresas públicas nos tienen acostumbrados— sigue creyendo que Antel tiene que existir, al menos que actúe dentro de sus competencias y explique para qué armaron este negocio.
Como estamos en plena Copa América y siendo el fútbol el deporte más popular del Uruguay, es probable que los populistas se hayan visto tentados a repartir “circo” (televisores) porque para repartir “pan” no les quedó un centavo. El “pueblo”, agradecido con Antel y su TV barato. Tal vez alguna candidatura se esté gestando tras las bambalinas de este proyecto.
La otra interpretación es que Antel está desesperada por facturar lo que sea, en parte para tapar los agujeros que dejó la anterior administración y en parte para mandarle fondos al insaciable gobierno central, quien los repartirá —en un 80%— entre sus insaciables empleados públicos.
El diccionario de la Real Academia Española define las “telecomunicaciones” como el “sistema de comunicación telegráfica, telefónica o radiotelegráfica y demás análogos”, y como Antel es “la empresa de telecomunicaciones de los uruguayos” (y las uruguayas), no es de extrañar que prontamente los veamos ofreciendo radios, home theaters, libros electrónicos, computadoras y hasta automóviles teledirigidos, cuando no cursos de comunicación y hasta una Universidad Antel. Todo bajo un mismo y gelatinoso paraguas de que ellos están para telecomunicarnos.
Mientras tanto, los empresarios del sector se quejan, ma non troppo. Y además lo hacen mal, como casi siempre suelen hacerlo los empresarios. Ponen el foco en la “competencia desleal” de Antel, que usa su inmenso poder para vender con mejores condiciones. ¡Pero a Juan Pueblo qué le interesa! Para Juan Pueblo el empresario es un mezquino, que lo único que quiere es ganar dinero; en cambio, Antel es “solidaria”, ya que lo “ayuda” a tener un TV de 39 pulgadas y así no perderse detalle de los goles (hasta ahora inexistentes) de Cavani.
Los empresarios tienen que dar la discusión de fondo sobre el rol del Estado y si creen, o no, en el libre mercado. Deben explicar cómo funciona una empresa, cuál es el rol del empresario, todos los obstáculos que tuvieron que superar para tener sus negocios y hasta mostrar cuánto realmente ganan, muchas veces menos que sus propios empleados.
Si no se da este debate de fondo sobre el rol del Estado y el rol del empresario actuando en un libre mercado, seguiremos padeciendo de estas aventuras estatistas, donde los emprendedores y los consumidores serán de los más perjudicados.