N° 2020 - 16 al 22 de Mayo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCorría el invierno de 1926. Eduardo de Windsor, entonces príncipe de Gales, visitó el cabaré Chantecler, donde actuaba el sexteto de Julio de Caro.
Se enamoró del tango, al que conocía de modo difuso, y especialmente de uno: fue tal su entusiasmo que al regreso llevó varios discos y la partitura impresa, además de invitar a De Caro, que era su autor, a tocar en los escenarios más prestigiosos de Londres, aventura que el músico recién abordó en 1931.
El tango que sedujo al noble británico es Buen amigo, cuya historia, aparte de esta peripecia, sugiere una comedia de enredos.
Nadie lo duda: es uno de los mejores tangos del violinista renovador, pero hasta hoy, como un raro capricho, sobreviven dudas acerca de la fecha y las circunstancias de su composición.
El propio Julio de Caro, en un reportaje de 1941, dice:
—Mientras el público iba aceptando mi música armonizada, compuse mis primeros tangos: Buen amigo y El monito; el tercero fue Copacabana, que lo hice en Brasil, en 1927.
¿Traición de la memoria? Quién sabe. Pero está sólidamente documentado que su primera obra, creada a los 19 años, en 1918, fue Mala pinta, en la que tuvo la colaboración de su hermano Francisco, el pianista.
Por cierto, no se detienen ahí los sacudones del nacimiento de Buen amigo, y otra vez recurro al testimonio del autor:
—Una noche, en el Chantecler, uno de los mozos, que me conocía, se acercó llorando y me contó que su mujer estaba internada por una dolencia en el abdomen y le habían dicho que moriría pronto. Advertí que en una mesa cercana estaba el doctor Enrique Finochietto, eminente cirujano, a quien acompañaba mi amigo Florencio Lezica: bajé del palco, le planteé la situación y, de inmediato, se levantó y me dijo: “Voy para el hospital, a ver qué puedo hacer”. La cosa fue que le salvó la vida. Por eso le dediqué un tango recién hecho, que toqué por primera vez esa noche y todavía no tenía nombre. Y, claro, le puse Buen amigo.
Sin embargo, en la partitura oficial registrada en Sadaic, de Caro añadió esta dedicatoria: “A mi amigo de siempre, Florencio Lezica”.
Ah, lector, no se apure. Faltan enredos.
En otras declaraciones a la prensa, Pedro Maffia, primer bandoneón del sexteto decareano, cambió la historia:
—Lo cierto es que Julio había venido noches antes con partes de ese tango, al que no podía dar forma final. Para no perder más tiempo, días después le agregó al principio un fragmento de la zamba Mi manta pampa, de Barbieri, y lo unió al resto de la melodía con unos acordes de Susheta, de Cobián.
¡Vaya voltereta de esta comedia! ¿A quién creer?
A decir verdad, lector, si se piensa en la trayectoria de Julio de Caro y su influencia en la evolución del tango clásico, poco importa, más allá de lo anecdótico, que refleja una época muy peculiar.
De Caro, cuyo padre quería que fuera médico y cuya oposición al tango lo hizo abandonar la casa todavía adolescente junto a Francisco, comenzó con Arolas y siguió con Firpo, Fresedo y Cobián, hasta dar forma a su sexteto, con su hermano en el piano, Maffia y Petru-ccelli —luego Láurenz— en los bandoneones, el Negro Thompson en el contrabajo y él con su violín y la responsabilidad de la dirección. De sólida formación, amante de la música clásica y el jazz, percibió antes que otros que el destino del tango no sería tanto el baile o el canto sino la música. Dividió y acentuó el fraseo, dejando que cada nota brillase con su particular tonalidad, incluyó el contrapunto y la intercalación de los solos, el acompañamiento armonizado del piano y los célebres contracantos del violín, al que sumó una corneta para dotar al grupo de una mayor y singular sonoridad y urdir melodías en contraste con el tema central; un recurso, según los entendidos, muy parecido, en su búsqueda de “algo más”, a la trompeta campana de Dizzy Gillespie o a la guitarra cuadrada de Bo Diddley.
Después de Julio de Caro, nada fue igual en el tango. ¡Si hasta contó con la admiración de Gardel, quien le grabó Aquella noche, con letra de González Illescas, Todo corazón, con letra de Ruffet y Cómo nos divertimos, con versos de Dante Linyera, y al que acompañó en el filme Luces de Buenos Aires.
Un último dato. Aunque la mayoría de las grabaciones de Buen amigo son instrumentales, el tango cuenta con letra de Marambio Catán:
—Hermano fiel / en mi orfandad. / Tu mano firme y noble / floreció en amistad. / El tiempo cruel / no ha de borrar / jamás tu fiel recuerdo, / buen amigo leal.