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    Bueno sí, pero sobre todo tarde

    N° 2036 - 05 al 11 de Setiembre de 2019

    El Mercosur tardó más de dos décadas en acordar un tratado de libre comercio con la Unión Europea (UE), que finalmente se firmó en julio. Todavía quedan etapas formales, para que entre en vigor, que llevarían un par de años.

    En general, el hecho fue recibido como una buena noticia para nuestro país, como también la culminación hace pocos días de la negociación de otro acuerdo, en este caso con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por su sigla en inglés), integrada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein. Pero la realidad de los últimos años muestra que la lentitud de los gobiernos del Frente Amplio para concretar decisiones trascendentes sigue dejando a Uruguay muy lejos del crecimiento que este tipo de acuerdos generan en los países más desarrollados. Y, lo que es imperdonable, no permite a nuestra población acceder a una mejor calidad de vida.

    Es cierto que sobre el final del mandato del presidente Tabaré Vázquez parece ser que el pragmatismo terminó por imponerse frente a las resistencias ideológicas de ciertos sectores de la izquierda, seguramente obligados por una nueva integración de socios en el Mercosur. Igual es tardísimo y demasiado poco un solo tratado, aunque peor hubiera sido cerrar el período sin nada que mostrar en materia de inserción internacional. El problema es que a este ritmo somos como el caballo de carrera que no llega a la meta, o el que llega cuando ya se repartieron los premios.

    Esto le ocurrió a las tres administraciones del Frente Amplio. Ya señalamos hasta el cansancio que dejar pasar un tratado de libre comercio con Estados Unidos en la primera presidencia de Vázquez fue un error sin supuestos para calificarlo. Lo justificaban como la mejor decisión algunas de las principales figuras del oficialismo, pero ahora —con un tardío reconocimiento— desde el propio gobierno se admite que los avances en materia de comercio internacional han sido insuficientes.

      Al disertar la semana pasada en un evento organizado por la Cámara Española de Comercio, Industria y Navegación de Uruguay, el subsecretario de Economía, Pablo Ferreri —seguramente pensando más en su nuevo rol como asesor del candidato presidencial oficialista Daniel Martínez— destacó que el país diversificó sus mercados de exportación, aunque admitió que el porcentaje del comercio amparado en acuerdos comerciales es “significativamente menor” que, por ejemplo, el de Chile. En efecto, mientras menos de un tercio de los envíos de productos uruguayos disfrutan de preferencias de acceso en sus mercados de destino, ese porcentaje llega al 96% en el caso de los bienes de origen chileno. El acuerdo con la UE le permitirá a Uruguay elevar esa cifra a 47%; eso es mejor que el 31% actual, pero será todavía insuficiente en la comparación con Chile.

    Exportar sin contar con rebajas arancelarias pone a los exportadores uruguayos en una posición desventajosa frente a sus competidores. Los aranceles son impuestos de entrada que pagan los importadores; por eso prefieren proveerse desde otros orígenes si tienen acuerdos que los liberan de esa carga. Para ponerlo en cifras: en 2017 los productos exportados por Uruguay pagaron un arancel promedio de 8,2% para ingresar a China, lo que significaron casi US$ 120 millones. En el caso de la UE fueron US$ 106 millones, con un impuesto aduanero medio de 7,3%. 

    El tratado firmado con el bloque europeo prevé una liberalización inmediata para el 73% de las exportaciones del Mercosur, y entre cuatro y ocho años para otro 16% del universo de productos. En 10 años entrarían sin pagar impuestos aduaneros el 92% de los rubros. A su vez, en ese plazo el 72% de los bienes europeos ingresaría al Mercosur libre de aranceles.

    Ferreri cuantificó el impacto que tendría para Uruguay la entrada en vigencia del acuerdo negociado con la UE. Sus exportaciones crecerían 3,7% y las importaciones 3,4%, en tanto que el Producto Bruto Interno del país aumentaría 1,26% y el empleo lo haría 0,42%. Tras mostrar esos números, el subsecretario dijo que con esto se despeja el debate acerca de la pertinencia de formar parte del Mercosur e impulsa la agenda negociadora del bloque sudamericano. El referente en temas económicos de Martínez parece querer adueñarse del tímido cambio de posicionamiento, insinuando estar a favor de una mayor apertura económica en un eventual cuarto gobierno del Frente Amplio. El problema es quién termina teniendo la mayoría en el oficialismo en caso de que Martínez se transforme en presidente. Los sectores más radicales suelen imponerse por su peso electoral en los momentos de disyuntiva y van camino a tener una alta votación en las parlamentarias de octubre.

    Es cierto que Martínez y su equipo de asesores económicos más cercanos dicen estar a favor de una mayor apertura comercial como forma de lograr más crecimiento. Si bien es un mensaje auspicioso, es lamentable el tiempo perdido, no solo por el contexto económico desafiante que tendrá una futura administración, sino por la riqueza dejada de lado por el capricho de ensayar una ideología perimida. No habrá espacio para dudas; las oportunidades comerciales, en algunos casos, solo se presentan una vez.