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    CSI Montevideo

    Hasta hace un mes, muy poca gente sabía que el nombre de Milvana realmente existía.

    Si uno hubiera dicho que tenía una amiga que se llamaba así, le habrían dicho “no, estás equivocado, debe ser Malvina y no Milvana”.

    Pero Milvana existe. Por suerte. Y lo más importante es que no solo existe, sino que sigue existiendo.

    La simpática ginecóloga, tan querida por todos, los que la conocían de antes y los que la conocen ahora por su sorprendente peripecia, ha podido contar su historia, en la serenidad de la sede judicial y en la paz de su hogar.

    Pero —como a todos los personajes que protagonizan peripecias— (y Milvana, además de persona, ya es un personaje) sus historias los superan, merced a la trascendencia de los prolegómenos, de la peripecia en sí, y de los epílogos, sí, así, en plural.

    Mientras duró el secuestro, las secciones policiales de diarios, radios y canales de televisión tejieron más hipótesis que Sócrates, Demócrito y Platón, titulares de la firma “Escépticos Cognitivos Asociados”, con sede en Atenas.

    Que el copamiento de la camioneta era casual, que era intencional, que la víctima se había cambiado de ropa dentro del mercadito de la estación de servicio en Florida mientras le cargaban nafta a su vehículo, que en ese mismo sitio había adquirido alimentos para más de una semana, que el auto negro que le hace señales de luces al partir seguramente está vinculado al episodio, que el incendio ulterior de la camioneta probaba claramente la intención de los delincuentes de borrar las huellas del homicidio (debí decir “feminicidio”, como se dice ahora, cuando el género ha derrotado a la lógica…ya llegaremos al “suegricidio” y al “nuericidio”), que la policía estaba trillando Cerro Norte en procura del cadáver, que estaría seguramente calcinado en algún enterradero de narcotraficantes, (lo que se reirá hoy Milvana leyendo estas historias) y que —por supuesto— no podía tratarse de un secuestro, porque en dos semanas nadie había reclamado ni un mango por el rescate de la víctima.

    Pero Milvana apareció.

    Sana y salva, bien puchereada con guisitos de lentejas con chorizo fileteado, y ensaladas con palta, aderezadas con aceite de oliva y aceto balsámico.

    Agarraron a un lote de responsables involucrados, unos fueron para adentro y otros quedaron emplazados sin perjuicio, todos vimos el infame pozo donde parece que estuvo soterrada, y el supuesto pez gordo se entregó mansito como un cordero, después de tomarse el último café en el Bar Arocena.

    El asunto es que la cosa no queda ahí.

    Ni los jefazos de la policía, don Guarteche y don Layera, ni don Perro Vázquez se creen que todo termina acá.

    Dicen que el caso “es raro”, y que da para seguir investigando, lo cual, para la prensa especializada, es como una maravillosa invitación a la creatividad especulativa. Es como si hubieran abierto un concurso a ver quién realmente descubre los misteriosos propósitos que se esconden detrás de este episodio que ha movilizado a la prensa, a la opinión pública, a los videntes que hacen dibujos de las caras y los pozos después que se descubren las caras y los pozos, y probablemente también a las maestras de escuela, que en cualquier día de estos en los que no haya huelga, porque le dejaron el ojo negro a alguna de ellas, pondrán en sexto año el tema de redacción “Si yo fuera Milvana”.

    Los más refinados razonamientos Conandoylescos y Agathachrísticos recorrerán los periódicos, serán levantados por las radios, y recontralevantados por los canales de televisión en sus informativos.

    Milvana podría ser un agente encubierto del Ejército Islámico, que se habría entrevistado durante su cautiverio con uno de los presos de Guantánamo, para planificar la llegada al Uruguay de un terrorista palestino que pondría por fin una bomba que explote cerca de la Embajada de Israel, después de los tres artefactos que ya se colocaron en los últimos tiempos, habiendo aparecido el último la semana pasada, coincidentemente al día siguiente de la liberación de la Dra. Salomone, quien en realidad se llamaría “Salomón”, un apellido de origen judío que ella utilizaría como un biombo táctico de despiste, para escudarse y ocultar sus simpatías por la causa de la Yihad Islámica.

    No, en realidad quienes sostienen esta pista están totalmente equivocados. En realidad la Dra. Milvana Salomone estuvo metida en un pozo oscuro porque integra el Gabinete en las Sombras del Partido Independiente, y, después de este duro entrenamiento, pasará en los próximos días a integrar la secretaría del senador Mieres, en calidad de asesora en sombras y oscuridades políticas. Consultado sobre este punto, el senador Mieres declinó hacer declaraciones, expresando que esta tesis le parecía un divague absurdo e inconsistente, dándonos así la razón para que sospechemos de que estamos en la pista correcta.

    Para nada, señores, quienes así razonan están lejos de la verdad, que es la que hemos investigado nosotros, y que, a pesar de que la niegan Guarteche y Layera, que últimamente no embocan una, porque esta les salió de casualidad, y la nuestra es en realidad la pista correcta. Milvana se habría entrevistado durante los días que duró su supuesto secuestro, con Pedro Bordaberry y con Amorín Batlle, logrando convencerlos de que la salvación del Partido Colorado vendría con su postulación como vicepresidenta de la República en la fórmula del Partido de la Concertación, con Edgardo Novick como candidato presidencial.

    Se ha sabido asimismo que el Ministerio del Interior tiene como propósito asignar a quienes descubran los verdaderos motivos de este misterioso caso, uno de los casos más enigmáticos y de difícil solución que aquejan a la nación.

    Los genios que den con la verdad, serán destinados a investigar el misterio del déficit de Ancap, y las razones por las cuales Raúl Sendic, después de haber fundido al ente, y lograr que Ancap sea la única refinería de petróleo del mundo que da pérdidas, ha sido premiado con la vicepresidencia de la República.

    Ni el caso de Jack el Destripador, pendiente de solución desde 1888, es tan complejo e inextricable como este.