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    Cada cosa en su lugar

    A esta altura del partido no es ninguna novedad decir que Clint Eastwood es uno de los principales realizadores norteamericanos de la actualidad, e incluso un probable clásico en la galería del séptimo arte, como John Ford o Howard Hawks. Pero sí es novedoso que su última película, Río Místico, es una de las mejores que ha filmado en mucho tiempo y posiblemente uno de los más destacados estrenos del año. Conviene advertir al lector, de todos modos, que no se trata de una película de acción en el sentido tradicional —es bastante hablada— ni de un típico policial, aunque a su manera es también una película de acción y un policial, porque tiene una intriga, sospechosos y un desenlace imprevisto.

    ¿Cuál es la diferencia, entonces? El autor, el propio Eastwood, ni más ni menos, un señor que a los 73 años y luego de una larga carrera como intérprete y director, que le valió el merecido reconocimiento de la Academia de Hollywood, tiene un secreto muy sencillo: hacer las películas que le da la gana, y que son reconocibles por un estilo prolijo, seco y sin aspavientos, donde cada cosa está en su lugar y no hay preciosismos innecesarios. A pesar de que siempre se apoya en guiones ajenos.

    Río Místico trata de tres amigos de la infancia, un asesinato y la tragedia que sobreviene a todos ellos de una forma u otra, como si fuesen diferentes eslabones de una cadena que ha sido inexorablemente golpeada y tiene sus uniones más firmes o más débiles. 

    La tragedia es el asesinato —no temáis, así comienza la historia— de la hija de uno de los amigos, hecho que ocasiona que los tres se vuelvan a juntar luego de 25 años. Y el marco referencial urbano es Boston, aunque podría ser cualquier ciudad de los Estados Unidos que sea atravesada por un río donde los barcos navegan, los muchachos pescan y la Policía encuentra cadáveres.

    El mecanismo dramático se dispara y diversifica con ese asesinato, pero en realidad no comienza ni termina allí. Precisamente es la propia diversificación de las emociones y las angustias lo que le interesa investigar al cineasta, y para eso tiene tres personajes principales bien diferenciados, a los que va desollando a lo largo de la película hasta exponer sus vísceras afectivas más silenciadas, más miserables: el dueño de una tienda de comestibles con un pasado turbio (Sean Penn), un atormentado padre de familia (Tim Robbins) y un extraño y solitario policía (Kevin Bacon). A estos individuos se deben sumar otros tantos secundarios que no son menos importantes. Y la mirada de un maestro para captar detalles, potenciar contrastes y resaltar significados con un riguroso naturalismo que por momentos hace olvidar al espectador que semejante drama es una ficción.

    Resulta curioso, porque Río Místico tiene un solo disparo, un par de comportamientos violentos y poca cosa más en materia de acción, pero eso no quiere decir que no se trate de la película más dura y descarnada del realizador de “Bird” y “Cazador blanco, corazón negro”. Conocedor de la naturaleza humana, viejo lobo de mar y diablo experiente, el hombre de Malpaso puede destilar una violencia furibunda en el discurso de una esposa, en la imprevista revelación de alguien que hasta ese momento veía en la tele una película de vampiros o en el mero hecho de que un niño tímido suba al auto equivocado. Y eso comenzó a aprenderlo allá a lo lejos, en las arenas de Almería, con Sergio Leone, cuando fue el cowboy sin nombre de tantos spaghe­tti-westerns, y combatiendo a las órdenes de Don Siegel a los peores criminales, cuando se lo conoció durante un buen tiempo como Harry Callahan. En realidad, eso no se aprende: viene del rincón de los que saben de cine porque saben, y punto.

    Lo han dicho todos quienes han trabajado con él: Eastwood es rápido y eficaz y lo pasa bien durante los rodajes, y desea que el resto del equipo también disfrute. El estrés, la tensión y los gritos son para gente insegura. Él pone la cámara aquí, luego allá, un plano así, otro asá y basta. Y así tenemos “Los puentes de Madison”, “Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal” y Río Místico, ejemplos donde las historias son creíbles y conmueven, y los actores rinden al máximo y el espectador abandona la sala en un estado letárgico, sintiendo las imágenes reverberar como arenilla (¿adentro?, ¿afuera?) durante un buen tiempo, cuando ya está en la calle o en su casa, síntoma de haber contraído por los ojos la maravillosa enfermedad del gran cine. 

    “Río Místico” (Mystic River). EE.UU., 2003. Dirección: Clint Eastwood. Guión: Brian Helgeland, sobre novela de Dennis Lehane. Música: C. Eastwood (orquesta conducida por Lennie Niehaus). Con Sean Penn, Tim Robbins, Kevin Bacon, Laurence Fishburne, Laura Linney, Marcia Gay Harden, Eli Wallach. Duración: 137 minutos.

    E.A.L.