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América Latina imparte “una educación del siglo pasado”. Su realidad educativa no se acompasa con la innovación ni la experiencia que necesitan los jóvenes, porque se enseña “desde una mirada exclusivamente instructiva —a leer, a calcular—, pero no a pensar y a reflexionar para la vida”.
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Eso planteó durante una visita a Uruguay el investigador chileno Humberto Maturana, doctorado en Biología en la Universidad de Harvard y candidato al Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1958 junto con Jerry Letvin, con quien registró la actividad de una célula direccional de un órgano sensorial al trabajar como investigador del Massachusetts Institute of Technology (MIT).
“Estamos atrasados en lo que es educar para formar no solo mano de obra para salir al mercado profesional, sino ciudadanos éticos y responsables capaces de ganarse la vida en una sociedad democrática y devolverle al país la educación recibida”, opinó.
Días atrás, el experto de 88 años llenó la Sala Zitarrosa de Montevideo durante un seminario sobre “inclusión social de jóvenes vulnerables”, dirigido a operadores sociales, académicos y autoridades de gobierno y organizado por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre otras instituciones. Maturana estuvo acompañado por su socia Ximena Dávila, cofundadora de la Escuela Matríztica, institución inspirada en el pensamiento del antropólogo estadounidense Gregory Bateson.
Consultado por Búsqueda sobre lo que implica educar para el siglo XXI, Maturana aseguró: “Preguntarse eso exige responder a qué queremos con la educación hoy, qué es educar con calidad, para qué queremos educar, y, en último término, la gran pregunta: ¿qué tipo de sociedad queremos? ¿Qué proyecto de país buscamos? ¿Existe?”.
Al hablar de “educación de calidad”, el experto chileno discrepó con la ministra de Educación, María Julia Muñoz, para quien Uruguay tiene una “calidad” educativa que lo coloca “muy alto” respecto a otros países de América. Muñoz aseguró recientemente que “la calidad está dada porque cada niño tiene una computadora” y porque los escolares de cuarto, quinto y sexto “ya tienen inglés en todas las escuelas”, sea de forma presencial o vía plataformas virtuales a través de las Ceibalitas. (Búsqueda Nº 1.911)
Para Maturana, calidad educativa es otra cosa. “Educar es transformar en la convivencia y calidad es que resulte del proceso educativo un ciudadano democrático, ético y responsable, con conciencia social y autonomía, con capacidad de reflexión y de acción”, explicó. “Fíjese que son dos miradas epistemológicas bien distintas: una es la lineal y causal, centrada en la herramienta —una computadora, un idioma—, y otra es sistémica, focalizada en el proceso y sentido de autonomía para el uso de esa herramienta”.
“Yo puedo tener un computador para crear bombas o hablar un inglés estupendo para estafar. El tema es que los niños y niñas utilicen esas herramientas con un sentido ético y social”, afirmó. Si eso no sucede, continuó, “hay una responsabilidad del Estado que no cumple para guiar a estos jóvenes a insertarse en un espacio productivo, de trabajo, que los acoja honestamente”.
El experto dijo que los gobernantes deben asegurarse de que también los empresarios sean conscientes de esta situación, para generar el espacio laboral de quienes salen del sistema educativo. “El riesgo es ese doble vínculo de ‘te acojo y te dejo’, porque resulta una traición al joven. Y si además sale con mala preparación, quiere decir que algo bien no se hace”, apuntó el premio nacional de Ciencia de Chile (1994).
En América Latina uno de cada cuatro habitantes tiene entre 15 y 29 años de edad. Un tercio de ellos viven en situación de pobreza y uno de cada cinco no estudia ni trabaja de manera remunerada. La tasa de fecundidad de las adolescentes de la región es de 80 sobre 1.000 y mayor aún entre las adolescentes de segmentos sociales más pobres, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
“San Google”.
Maturana es de estatura baja, pelo canoso y revuelto, hablar pausado y mirada inquieta. Salió del laboratorio científico para incursionar en la antropología, la psicología, la filosofía y la sociología. Saltó del estudio de la neurofisiología y neuroanatomía al de las relaciones entre las personas desde una mirada biológica, cuyo entramado llama “biología cultural”.
En diálogo con Búsqueda, Maturana marcó distancia de sus premios y distinciones —incluidas sus dos candidaturas al Nobel— y adjudicó su suerte profesional a la educación pública, aunque aclaró: “La educación nunca es gratis. La pública, la ‘gratuita’, es sostenida por el Estado y el Estado es sostenido por los ciudadanos que pagan los impuestos. O sea que no es cierto que sea gratis así nomás, porque hay un compromiso grande del Estado, de todos”.
Y ejemplificó: “Yo estudié para devolverle a Chile lo que había recibido de él; estaba inmerso en un proyecto de responsabilidad social. Hoy los estudiantes solo se preparan para competir en el mercado profesional. Son dos mundos completamente distintos”.
“Si quiero que mi mundo sea exclusivamente competitivo estaré lejos de colaborar con los demás. Pero si me interesan las personas y el bienestar de un espacio de trabajo, de convivencia en una empresa, buscaré la cooperación, la conspiración. Eso exige otras habilidades”, explicó el científico.
Los docentes deben “invitar” a los jóvenes a formarse, dijo Maturana. “Si los estudiantes se aburren en clase es porque no se explotan sus talentos. Si desertan del sistema es porque no despiertan su curiosidad por aprender”. El desafío es doble, continuó, porque el profesor además compite con “San Google”.
“Pero hay una cosa que ‘San Google’ no puede responder y para la que el docente es absolutamente irreemplazable”, sostuvo el investigador y tras una pausa, soltó: “La reflexión”. “¿Cómo junto, ordeno y presento todos los datos disponibles? ¿Qué hago? ¿Cómo los interpreto? Todo eso surge de la conversación con el educador. Este no se puede quedar solo con el programa curricular del gobierno, debe hacer su clase atractiva, utilizar las tecnologías con inteligencia y siempre, siempre, inspirar la reflexión”.