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    Cambio de timón en la villa del Prado

    Cristina Bausero, la nueva directora del Museo Blanes

    Es el primer museo municipal y tiene todo para atraer a los visitantes: una casa señorial al estilo de las villas italianas del siglo XIX, un enorme parque poblado con plantas y árboles exóticos y un acervo de cerca de 4.000 obras de los más importantes artistas del país. Incluso el Museo Blanes cuenta con su propia leyenda, protagonizada por el fantasma de Clara García de Zúñiga, quien fue propietaria de la casa y vivió encerrada en su altillo. A pesar de todos sus atractivos, el museo parece haber caído en el olvido de los montevideanos, aunque los vecinos suelen disfrutar de su parque, que se mantiene muy bien cuidado, igual que las salas de exhibición. El arquitecto Gabriel Peluffo estuvo en la dirección desde 1996 y ahora llegó el momento de su jubilación. La nueva directora es Cristina Bausero, quien ganó el cargo luego de pasar por un concurso de oposición y méritos inédito en Uruguay. Arquitecta, docente de la Universidad de la República y hasta hace pocos días directora del Centro Cultural Dodecá, Bausero asumió el jueves 13 y el domingo 16 se enfrentó con el primer problema: tuvo que cerrar el museo por falta de suficientes guardias para cuidarlo. Sobre su proyecto para el Blanes y sobre lo que necesita para llevarlo adelante, la nueva directora mantuvo la siguiente entrevista con Búsqueda.

    —Gestionar museos en Uruguay no parece sencillo, ¿por qué quiso ser directora del Blanes?

    —Fue una doble motivación. Por un lado, desde hace 13 años estuve gestionando con un grupo el Centro Cultural Dodecá, y esa experiencia me fue dando un espesor de conocimiento en trabajo cultural y también en formación. Por otro lado, siempre estuve vinculada al arte. Cuando me enteré del concurso, y de que Peluffo se jubilaba, me pareció un gran desafío y decidí presentarme. 

    —Fue un concurso inédito en el país, ¿en qué consistió?

    —En una primera etapa hubo una selección por méritos y quedamos tres, quienes tuvimos que presentar un proyecto de museo. Estuve trabajando un mes entero para elaborarlo. Después tuvimos la defensa del proyecto y una serie de seis pruebas, una escrita y otras psicolaborales. 

    —¿Cuáles fueron sus propuestas?

    —Presenté cuatro grandes líneas de trabajo. Partí de mi experiencia universitaria y pensé que así como la Universidad tiene funciones bien claras y específicas, el museo también debía tenerlas. Establecí cuatro de esas funciones: conservar, custodiar, investigar y comunicar. En la comunicación incluyo todo lo que sale hacia fuera del museo, pero también la formación. Ahora la comunicación del Blanes está dirigida a los niños, pero quiero abrirla a los bachilleratos artísticos y a los universitarios. Por día vienen cerca de 200 escolares al museo, hasta fin de año tenemos todas las visitas cubiertas. Un grupo de teatro trabaja con la historia de la casa y su acervo. Pero me gustaría conquistar otros públicos, atraer a ese adulto que vino de niño con su clase y nunca más volvió. Para que regrese, hay que ofrecer propuestas atractivas.  Este es un museo muy valioso y no está comunicando todo lo que es. 

    —¿Qué hace falta para reactivar el Blanes?

    —La lista de lo que hay que hacer es interminable. Hay gastos permanentes de pintura, de azoteas, habría que cubrir las claraboyas que dejan entrar demasiada luz. También la luminaria de la sala es muy vieja. Precisamos aumentar el presupuesto que la Intendencia nos da. Cualquier exposición buena implica mucho dinero, hay que hacer un buen catálogo y colocar banners en los ómnibus y en las paradas. No puede ser que venga la gente y no se tenga un folleto para darle gratis. Le acabo de escribir a la presidenta de Antel, Carolina Cosse, porque no tenemos WiFi y quiero crear una buena web y trabajar con los códigos QR en las obras, incluso se pueden aplicar a los árboles exóticos del jardín. Es lo que hacen los museos del mundo porque son códigos que guardan mucha información para quien quiera profundizar. Ahora hay una movida para revitalizar al Prado, y el Blanes tiene que ser un centro atractivo para la zona.

    —¿Cuántos funcionarios trabajan en el museo?

    —Son pocos para lo que se necesita. El museo tiene 22 funcionarios, pero no hay conservador de las obras. El restaurador de papel a veces oficia de conservador. Más allá de este cargo que falta, es importante que todos los funcionarios tengan en su cabeza lo que significa conservar. Por ejemplo, que no se puede tomar mate o comer cuando se está frente a un original. En el archivo hay dos personas y quiero incorporar a otra funcionaria que trabaja en la biblioteca. Mi intención es formar un departamento que trabaje con el archivo. También faltarían más guardias de sala, cada sala debería tener uno como ocurre en los museos del mundo. Este domingo tuve que cerrar el Blanes, me llamaron porque había un guardia de sala enfermo. Quedaban solo dos y no podían hacerse cargo de todo el museo. Por lo tanto, decidí cerrar a las 15. 

    —Usted hace hincapié en la formación de los técnicos y funcionarios, ¿es una carencia que tiene Uruguay?

    —Se hizo una tecnicatura en Museología en la Facultad de Humanidades, pero ahora se termina porque no tienen financiación. A los profesores hay que traerlos del exterior y eso es un costo importante. Sería fundamental que quienes cursaron esa tecnicatura se puedan distribuir en nuestros museos. En el Blanes vamos a organizar un sistema de formación permanente, y ojalá puedan acceder también funcionarios de otros museos.

    —El último inventario lo hizo Peluffo en el 2012, ¿piensa hacer otro?

    —Se está haciendo un “activo fijo”, así lo llaman en la Intendencia, que es un inventario total del museo. Hay una persona que está trabajando en eso. El museo cuenta con unas 4.000 obras entre cuadros y esculturas. Pero además tiene obra en papel y archivos de artistas que es algo inédito en Uruguay. Se tienen las cartas, entre ellas las de Blanes, y los bocetos de los pintores. Por eso quiero continuar con el departamento que había iniciado Peluffo, para trabajar con varios archivos a la vez y restaurar lo que haga falta. Y después comunicarlo, mostrarlo.

    Del despacho de la intendenta Ana Olivera desapareció a fines del 2011 un cuadro de Pedro Figari, y aún no aparecen 21 obras que el Blanes le había prestado a la Intendencia. ¿Qué opina de los préstamos de obras de arte a la administración pública?

    —Ahora nos llegaron las 182 obras del museo que la Intendencia tenía en préstamo. Aún están empaquetadas y hay que sumarlas al activo fijo. La pregunta es si la obra de arte es para decorar el despacho de un director o tiene que estar presentada con una curaduría para que se interprete y se aprenda de ella. No estoy de acuerdo con que los cuadros decoren los despachos, y es un problema cuando algún jerarca los pide para sus oficinas. En el museo están las personas preparadas para la custodia de la obra de arte, y esa custodia no se hace en las oficinas. Me dijeron que en la Intendencia encontraron obras hasta dentro de los armarios.

    —Entre los directores de museos se ha discutido el cobro de entrada, ¿usted está de acuerdo?

    —Estamos muy acostumbrados a la gratuidad, pero que los museos sean gratis no debería pelearse con la posibilidad de que tengan mayores ingresos. Una persona me dijo frente a mi planteo de buscar apoyos económicos: “Con lo que nos cobra la Intendencia de impuestos, que le ponga la plata al Blanes y se acabó”. Sin embargo, muchas personas que piensan así van a París o a museos del exterior y pagan la entrada. Aquí vienen novias o quinceañeras a sacarse fotos, porque el jardín y la casa son preciosos como decorado. Ahora, el fotógrafo, la modista, los que organizan la fiesta cobran, porque todo tiene su costo, ¿no se podría entonces hacer un abono o apoyo para colaborar con la manutención del edificio? 

    —¿Tiene pensado qué va a exponer de aquí a fin de año?

    —Mi idea es que podamos hacer cuatro exposiciones anuales, una de ellas que sea del exterior. Cuesta mucho dinero, pero trataremos de hacerla. Ahora están las muestras permanentes, y también la del Club del Grabado que se baja en julio porque hace nueve meses que está expuesta y le hace mucho mal al papel una exhibición tan larga. Para lo que queda del año tengo algo en mente, pero no lo puedo decir. 

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