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La primera viñeta de la novela gráfica Persépolis (Reservoir Books) es ocupada por una niña de 10 años con el pelo cubierto por un velo que la escuela acaba de imponerle en 1980. La expresión de sus ojos es seria, mientras que la línea que representa su boca forma un arco de tristeza. Con esos primeros trazos en blanco y negro, la artista iraní Marjane Satrapi se dibujaba a sí misma para mirar al mundo de frente.
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Satrapi fue, ante todo, la autora de Persépolis, un libro autobiográfico con el que millones de lectores fuera de Irán entendieron cómo era crecer bajo la Revolución islámica. Durante las dos décadas siguientes se convirtió en una de las obras más leídas y enseñadas del cómic contemporáneo.
También fue una directora de cine que llevó ese libro a la gran pantalla con éxito en Cannes y hasta a los Premios Oscar, y que después filmó otras películas en francés e inglés con actores de renombre. Pintora elegida miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia, logró convertirse en una de las referentes más visibles de la diáspora iraní en Europa.
La artista murió en París el 4 de junio, a los 56 años, y la noticia la dio su entorno familiar a la agencia France-Presse. Decía el comunicado que había muerto “de tristeza” más de un año después del fallecimiento de su marido, el productor sueco Mattias Ripa, ocurrido el 8 de abril de 2025.
Satrapi nació en Rasht el 22 de noviembre de 1969 y se crio en Teherán, en una familia de izquierda con sangre Qajar, una dinastía cuyo último rey, depuesto en 1925, era bisabuelo suyo. Sus padres eran simpatizantes marxistas que se oponían al Shah y que cuando vino la Revolución de 1979 estuvieron del lado de los que creían que venía una sociedad más justa. Cuando los grupos religiosos capturaron el poder, la familia empezó a tener muertos cercanos, entre ellos, el tío Anouche, acusado de espía soviético y ejecutado por el nuevo régimen. En 1983, cuando Satrapi tenía 14 años, sus padres la mandaron sola a Viena, al Lycée Français, para sacarla de ahí.
La adolescencia europea fue dura. Vivió por momentos en la calle y casi se muere de una bronquitis. Cuando volvió a Teherán para estudiar Bellas Artes se casó por primera vez, pero fue un matrimonio breve. Se fue nuevamente de su país en 1994, esta vez de manera definitiva. Primero pasó por Estrasburgo y después llegó a París, donde se sumó al Atelier des Vosges, un taller compartido con varios historietistas franceses ya consagrados, entre los que estaban David B., Joann Sfar y Christophe Blain, que la escuchaban hablar de Irán todo el tiempo y la empujaron a dibujarlo. Según bromeaba ella misma, la sugerencia era para que se callara.
Persepolis-Marjane-Satrapi
La novela gráfica se cuenta en cuatro tomos a través de viñetas en un memorable blanco y negro. Durante la década de los 90, la historieta creció en Europa y Estados Unidos como una forma seria de narrar la memoria. Persépolis fue una de las obras más consagradas del género. En Uruguay está disponible en su edición integral en español, publicada por Reservoir Books, que reúne los cuatro tomos del original francés en un solo volumen.
Originalmente la publicó la editorial independiente francesa L'Association entre 2000 y 2003 con trazos gruesos y rostros minimalistas. La influencia mayor vino de Maus, del estadounidense Art Spiegelman, donde narró la vivencia del Holocausto de su padre en un cómic.
En la introducción que la autora escribió en setiembre de 2002 para presentar el libro, explicó por qué le importaba contar su país en primera persona, después de medio siglo de discusión pública de Irán, sobre todo en relación con el fundamentalismo, el fanatismo y el terrorismo. Ella creía que una nación entera no debía ser juzgada por los actos de unos pocos extremistas. Se podía perdonar, pero no olvidar, dice hacia el final. En mayo de 2007, le dijo a Le Monde en Cannes que no era tanto que a ella le interesara la política, sino que, desafortunadamente, la política se interesaba por ella.
El libro vendió más de cuatro millones de ejemplares en el mundo, entró a programas universitarios en Estados Unidos y en Irán fue prohibido. Se siguió leyendo en copias clandestinas, en el mismo circuito por el que ella había comprado discos de rock cuando era adolescente.
Después de Persépolis siguió dibujando. Bordados (2003) cuenta una conversación entre mujeres iraníes sobre sexo y deseo, que desarma cualquier idea occidental sobre víctimas pasivas del islam. En Pollo con ciruelas (2004) narró los últimos días en la vida de su tío abuelo Nasser Ali Khan, un célebre músico iraní que decidió dejarse morir después de que su instrumento se rompió y no encontró otro que igualara su sonido. Con este libro, ganó el premio al Mejor álbum en el Festival de Angoulême, antes de convertirlo en película en 2011.
Después vino el cine en inglés con The Voices (2014), un thriller de humor negro fallido con Ryan Reynolds, y Radioactive (2019), una película biográfica sobre Marie Curie, con Rosamund Pike. En paralelo se dedicó a la pintura y, en 2024, fue elegida miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia, lo que se sumó al Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades que recibió ese mismo año, otorgado por un jurado que la describió como “una voz esencial en la defensa de los derechos humanos y de la libertad”.
En 2025 Satrapi rechazó la Legión de Honor que el gobierno francés le había otorgado seis meses atrás. Explicó que no podía aceptarla mientras Francia mantuviera lo que llamó una política “hipócrita” hacia Irán, con visas negadas a disidentes y artistas iraníes mientras los hijos de la oligarquía del régimen paseaban por París y por Saint-Tropez.
“Los iraníes no necesitamos comunicación, necesitamos acciones concretas”, dijo entonces, y aclaró que no era un gesto contra Francia, país al que dijo amar profundamente. Tres meses después murió Mattias Ripa, y un año más tarde, en enero de 2026, Satrapi hizo lo último que se le conoce como gesto público al anunciar la creación de una fundación para estudiantes extranjeros en París, en memoria de la historia con él. Ella la describió como un homenaje a “dos extranjeros en París, que se conocieron, se enamoraron, se casaron y construyeron su vida en esta increíble ciudad”.
De acuerdo a la prensa francesa, sus allegados describieron el último período de su vida como el de alguien que ya no encontraba sentido al mundo y se replegaba en un duelo del que no salió. Tras la muerte de Ripa, ella misma había mandado a grabar su nombre en la lápida que llevaba el de su esposo, en el cementerio del Père-Lachaise.
Sobre la muerte, Satrapi había hablado con frecuencia, casi siempre con humor. En una entrevista en France Musique, en junio de 2024, dijo que la vida era demasiado horrible como para no reírse de ella, porque el denominador común de todos los seres humanos era la muerte. Entonces, afirmó, solo quedaban dos opciones: dejarse llevar por la tristeza y dejarse morir, o reírse.