Nº 2248 - 25 al 31 de Octubre de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa reacción a las políticas climáticas es un fenómeno mundial creciente y se anotó una resonante victoria en Nueva Zelanda, uno de los países que ha sostenido políticas más fuertes por parte del Partido Laborista, que se desplomó en las elecciones del pasado 14 de octubre, cosechando la mitad de los votos que hace seis años, cuando Jacinda Ardern obtuvo una resonante victoria.
Aunque eso no puede adjudicarse exclusivamente a las políticas climáticas para intentar frenar el calentamiento, estas son incómodas y los electores se ven más interesados en la comodidad del corto plazo que en prevenir problemas que perciben tal vez probables en un futuro distante.
El resultado de Nueva Zelanda es importante por variadas razones. Algunas de la mayor importancia geopolítica: es fácil verse tentado a proyectar que algo similar puede pasar el año próximo en Estados Unidos, cuando Donald Trump proponga volver al petróleo y abandonar las políticas de reconversión energética de Joe Biden.
En un mundo acosado por la inflación y las altas tasas será muy difícil que las políticas que generen costos adicionales puedan implementarse. El 20 de setiembre el primer ministro de Gran Bretaña, Rishi Sunak, anunció una postergación en metas como la prohibición a la venta de automóviles cero kilómetro con motor a combustión.
Por otro lado, para las potencias embarcadas en una nueva etapa de enfrentamiento global la prioridad es aumentar el gasto en defensa y evitar que se dispare aún más el déficit y la deuda.
Este cambio político en Nueva Zelanda es el inverso al que ocurrió en Australia, donde el gobierno al estilo Trump negó el cambio climático pero tuvo que padecer los peores incendios de su historia en 2019 y 2020 y luego fue castigado por el electorado. En esa dicotomía se mueven las políticas y los electores.
La proporción de ciudadanía que considera al calentamiento global un problema serio va aumentando con la temperatura y los incendios, pero al mismo tiempo los ciudadanos quieren combustibles baratos y los productores no quieren condicionamientos respecto a su forma de producir.
El rumbo político de Nueva Zelanda tiene implicancias para el sector lácteo y cárnico de Uruguay. Las limitaciones a la carga animal y a la fertilización, así como la proyectada asignación de una tasa de impuestos a las emisiones de metano llevaban a proyectar una caída en la producción neozelandesa, tanto de leche como de carne. Pero esa perspectiva es ahora diferente.
A su vez, esas medidas daban a los neozelandeses una ventaja de colocación de mediano y largo plazo respecto a países que no son tan drásticos, al menos en la Unión Europea.
El presidente electo, que viene de ocupar puestos gerenciales en Unilever, Christopher Luxon, ha preferido eludir el tema del cambio climático en su campaña electoral, pero muestra que para implementar políticas que puedan mitigarlo hay que encontrar vías que den beneficios al productor –como el proyecto Ganadería y Clima en Uruguay– más que buscar castigar impositivamente a los productores, que ven cómo los aviones privados de una elite adinerada emiten impunemente, mientras ellos lidian con sus problemas cotidianos bajo la amenaza de castigos y limitaciones.
El diseño de políticas que optimicen la posibilidad de capturar emisiones en los suelos, de forma gradual, persistente y que contemple la sustentabilidad económica queda aún más revalorizada.