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    Carta abierta a la presidenta de Antel

    Le agradezco se sirva publicar la siguiente carta abierta dirigida a la Presidenta de Antel, Ing. Carolina Cosse.

    Atentamente

    Ing. Químico Rodolfo Schaich

    Carta abierta a la presidenta de Antel

    De mi consideración:

    Me tomo la libertad de dirigirme a Ud. para relatarle un hecho que quizás le resulte de poca relevancia pero que sin embargo considero importante que Ud. lo conozca, sobre todo pensando en el daño que le pudiera causar a la imagen de la empresa que Ud. dirige.

    El martes 9 de octubre concurrí a la sucursal de Antel de la calle García Cortinas frente al Shopping de Punta Carretas para realizar una consulta. Eran exactamente las 18 y 30 y cuando quise entrar, un agente policial, supongo del servicio 222, me impidió el paso, lo mismo que ya había hecho con otras cinco personas que ya estaban allí cuando yo llegué.

    En la puerta de vidrio está grabado un cartel que dice más o menos “se atenderá al público de lunes a viernes de 9 a 19 horas”. Todos los que estábamos allí entendíamos que se podía entrar hasta las 19 horas y tratamos de persuadir al agente para que nos dejara pasar, ya que la hora de cierre estipulada por la propia empresa eran las 19. A esa altura ya éramos unas 15 personas las que estábamos agolpadas frente a la puerta, pero la única respuesta que obteníamos por parte del agente era la de que él simplemente cumplía órdenes.

    Una de las personas, bastante indignada, adujo que incluso había llamado a la central de Antel para averiguar a qué hora cerraba la sucursal, le dijeron que a las 19, dejó otras cosas que tenía que hacer y se apresuró a concurrir a la misma para realizar un trámite según él muy urgente. Se podrá Ud. imaginar cómo nos sentíamos todos, ya que habíamos concurrido en tiempo y forma para algún tipo de gestión y se nos impedía la entrada.

    Serían las 18 y 40 cuando sale una clienta muy enojada con un número en la mano diciendo que a pesar de que lo había podido sacar y haber esperado durante un largo lapso, igualmente no la atendieron y le dio el número al policía. La persona mencionada anteriormente que evidentemente tenía urgencia, le pidió al agente que le diera el número y lo dejara entrar para intentar que lo atendieran con dicho número, pero el agente se negó.

    Los ánimos ya estaban bastante alterados y entre todos decidimos pedirle al funcionario policial que por favor llamara al gerente o a alguna persona que tuviera poder de decisión. El policía accedió y al rato salió una Sra., supongo la gerente, que de inmediato dio como explicación que ese día había concurrido mucha gente y que por lo tanto habían decidido cerrar antes de la hora. De más está decir que la explicación fue de tal debilidad que se contestaba por sí sola. Si entendíamos bien, los clientes teníamos que “adivinar” que ese día iba a concurrir mucha gente y por lo tanto ir más temprano, ¿pero a qué hora? ¿A las 18 y 5, a las 18 y 20? ¿Y al día siguiente? ¿Y dentro de dos días? Pues entonces, si los empleados no atienden público más allá de las 19, por qué no se establece como hora de cierre por ejemplo las 18 y 30? Todas esas preguntas le fueron planteadas a la Sra. y ella, ya en forma irónica y faltándonos al respeto nos dijo textualmente: “Si quieren yo los dejo entrar, pueden dar una recorrida por el salón, visitar las instalaciones, pero no se les va a entregar números y no van a poder realizar ningún trámite”.

    El colmo fue cuando tuvo la mala ocurrencia de comparar esa situación con la de un supermercado, frente a lo cual le dijimos que si un supermercado cierra a las 22 y Ud. llega a las 21 y 59, puede entrar y los empleados, aunque haya mucha gente atienden hasta que se vaya el último cliente. ¿Sabe lo que ella contestó? “Ah, en ese caso, si hay mucha gente yo me voy”, demostrando no distinguir entre una opción personal y la obligación de los funcionarios públicos de atenerse al horario estipulado.

    Ante esa situación y al no haber podido obtener ninguna explicación racional, personalmente le dije : “Lo que pasa es que los que mandan son los sindicatos”. No contestó nada y se retiró.

    Sra. Cosse, como le manifesté al principio, quizás se trate de un hecho menor, pero considero que son precisamente esos hechos menores los que tenemos que tratar de corregir, ya que cuando los mismos se acumulan o pasan a ser más importantes, tal vez ya sea tarde para hacerlo y pienso que es la sociedad civil en su conjunto la que debe denunciarlos por el bien y la salud de las instituciones.

    De más está decir que quedo enteramente a su disposición para cualquier consulta que Ud. considere pertinente.

    Saluda a Ud. muy atentamente

    Ing. Quím. Rodolfo Schaich