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    Cartas al Director (III)

    El Hospital Vilardebó

    Sr. Director:

    Es con mucho dolor que escribo estas líneas. A fines de 1985, luego de una profunda crisis interna, me tocó el enorme privilegio de dirigir el Hospital Vilardebó. Guardo, con orgullo, un hermoso Quijote que me obsequió su Comisión de Apoyo. En algunas salas, como la 11, la situación era aún peor. Desde ese cargo y con la ayuda de la gente que compró una rifa a su beneficio se intentó iniciar una recuperación, en el bien entendido de que no puede haber posibilidad de recuperación en ambientes tan deplorables. Renuncié a fines de 1986 porque no logré convencer a las autoridades ministeriales de que era imprescindible continuar los cambios.

    Luego, como director general de ASSE, apoyé obras que se continuaron haciendo en el bien entendido de que no se pueden mantener estos verdaderos depósitos de desechos humanos. El programa “Cámara Testigo” de Canal 12 me volvió a golpear con mucha fuerza y compruebo que, como si me hubiera trasladado en alguna máquina del tiempo, todo sigue prácticamente igual y como en la metáfora de la rana y el agua hirviendo, quienes ahí trabajan y dirigen ese centro hospitalario se van adormeciendo sin percatarse de que la situación se continúa deteriorando.

    Es más preocupante aún cuando vemos que una dirigente de primera línea de la Federación de Funcionarios de Salud Pública fue funcionaria de dicho centro y que según tengo entendido un integrante del Directorio de ASSE, en representación de los funcionarios, cumplió funciones en las colonias psiquiátricas.

    Yo me pregunto: ¿es ese el modelo de servicios estatales que quieren para toda la población? ¿La realidad de este hospital forma parte de los logros de la reforma de la salud? Si es así, mejor buscamos otras opciones.

    Jorge Parodi Bernardi

    CI 2.004.692-9

    La despenalización del aborto

    Sr. Director:

    23 de junio: pensar y festejar. Decía Albeto Zum Felde: “No solo los partidos tradicionales del Uruguay, sino todos los partidos políticos del mundo, cualesquiera sean el país en que actúen y el nombre que se les dé, representan dos fuerzas opuestas: la conservadora y la renovadora. Monárquicos y republicanos, reaccionarios y reformistas, dogmáticos y liberales, capitalistas y socialistas, representan estas dos fuerzas, según el lugar y el momento en que actúen”.

    En el pronunciamiento de este 23 de junio pasado, destinado a expresar la voluntad de llevar a plebiscito derogatorio la ley de interrupción voluntaria del embarazo de 22 de octubre de 2012, los ciudadanos se inclinaron casi unánimemente por la negativa. Apenas un diez por ciento de los habilitados para votar concurrió a las urnas para expresar su conformidad. Casi un noventa por ciento se abstuvo de concurrir, con lo que la posibilidad de un plebiscito derogatorio quedó descartada. Es probable que muchos no hayan concurrido a las urnas por el clima, por el fútbol, pero es razonable deducir que la ruidosa ausencia —mayoritariamente— significó un pronunciamiento por la negativa.

    Es interesante intentar un análisis del porqué de ese resultado casi asombroso, aun para los que pensábamos que la iniciativa —impulsada mayoritariamente por el Partido Nacional y por la feligresía católica y sus autoridades— estaba destinada al fracaso.

    Los orientales dispusimos, desde nuestros orígenes como tales y como modelo y guía, de una escala de valores de moral política incomparablemente valiosa. Artigas fue un caudillo de ideas progresistas, avanzadas para su época, inspiradas —como se enseña desde la educación inicial— en el ideario de la Ilustración y de las revoluciones norteamericana y francesa. Su enfrentamiento y su lucha perfilan, del principio al fin, una matriz ideológica liberal, tal como es visible su nítido relieve en las Instrucciones del Año XIII. Quien conoce medianamente su ideario sabe que su pensamiento se orienta definidamente hacia la libertad de conciencia y de pensamiento “en toda su extensión imaginable” y que su perfil político es laico y distante de credos, tal como lo revelan las frecuentes alusiones de su epistolario.

    Por otra parte, Zum Felde remonta a Rivera y a Lavalleja, a sus respectivos perfiles psicológicos y sociales —astuto, racional y pícaro uno, pasional, orgulloso y clasista el otro— el hontanar de las dos grandes vertientes de nuestro pasado político posterior a Artigas, sin que los adjetivos adjudicados a ambas personalidades se identifiquen necesariamente con el ADN de cada una de ellas, pero sí con ciertos biseles comportamentales definibles por su orden con lo progresista y lo conservador. Tal es la identificación que hace Zum Felde de las dos vertientes políticas históricas con aquellos dos biotipos, y lo creemos acertado, tanto que atribuimos al claro enfrentamiento de ambos perfiles —por encima de lemas y cintillos— el resultado, naturalmente que relativizado, de la votación de este 23 de junio.

    Es cierto que al día de hoy nuestro mapa político es muy diferente del de la primera mitad del siglo XX. La irrupción del Frente Amplio provocó un quiebre del esquema bipartidista y parte importante del caudal electoral —mayoritariamente del Partido Colorado— fue cantera que con el tiempo pasó a acrecer la tercera fuerza, encolumnada tras el liderazgo de un militar colorado, Líber Seregni, más otras figuras de prestigio del mismo partido. como Zelmar Michelini, Alba Roballo y Hugo Batalla entre otros. Por supuesto que la célula madre fue la izquierda tradicional y la izquierda cristiana. Pero numerosos fueron los que dejaron de ver en el lema Partido Colorado la fuerza innovadora, laica, liberal y reformista impulsada por José Batlle y Ordóñez. La habitualidad en el ejercicio del poder enlentece y desgasta, y la complementariedad de los opuestos —la 14 y la 15— tuvo su inevitable crisis.

    El Partido Nacional, como tal nacionalista, de raigambre rural, ajeno al espíritu de la Ilustración y emocional, patriota, clasista y conservador, afín a lo religioso y tradicional —Bernardo Prudencio Berro sería una de sus figuras paradigmáticas— no aportó mayor caudal a la tercera fuerza naciente, excepto el de algún líder disidente y progresista, Enrique Erro, y el de una juventud renovadora que se sintió desarraigada de un estrato político y social conservador, y que como tal no representaba los ideales agitados por la reciente y seductora revolución cubana. La presencia de esta juventud fue gravitante —si no decisiva— en la conmoción institucional que sirvió de pretexto a la instalación de la dictadura cívico militar.

    Si al esquema que queda expuesto se pasa el esfumino para desdibujar sus bordes y dejar amplio margen a la relatividad y a salvar omisiones, se percibirá que el resultado de la votación del 23 de junio, tendiente —en lo intencional— a dejar sin efecto la ley de interrupción voluntaria del embarazo, era fácilmente predecible. La orientación política del gobierno actual —y no decimos de la coalición llamada Frente Amplio— es afín, aunque se lo niegue, al ideario de José Batlle y Ordóñez, orientado hacia el progresismo, hacia la más amplia concepción de la libertad y, como tal, de última raigambre liberal. Una radiografía de la composición del Frente nos revela un importante sector ideológico de izquierda y otro no menos importante de definido perfil liberal y progresista, o, si se prefiere, social demócrata.

    Pero más allá —o por mejor decir en lo basal— del actual mapa político partidario, hay ciertos hitos en la historia ideológica de nuestra política legislativa, timoneada durante casi un siglo por el Partido Colorado, que fueron determinantes —desde lo inconsciente histórico— de la abrumadora abstinencia ante la propuesta de derogar la ley legitimadora del aborto voluntario.

    Quizás el principal (y remoto) factor determinante se halle en la separación de la Iglesia y del Estado concretada en la Constitución de 1918 que institucionalizó la laicidad de Estado. La convicción de que vivimos en un Estado laico habita —al día de hoy— en la conciencia y en la convicción de los ciudadanos, aun de los propios católicos, como lo reconociera hace más de un siglo el nacionalista Martín C. Martínez. Si esta convocatoria a las urnas se hubiera realizado por el mismo motivo en alguno de nuestros vecinos, el resultado hubiera sido radicalmente diferente. Y esa convicción de laicidad institucional ha instalado en la colectividad la conciencia de que hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que le pertenece. Porque fue de toda evidencia que la Iglesia y sus autoridades se pronunciaron y trabajaron activamente —por todos los medios— a favor del voto derogatorio sin obtener mayores resultados. Ni el cura del pueblo ya es escuchado, ni el agitado slogan del “derecho a la vida” —emocional y abstracto— prevaleció a la racional necesidad de atender una problemática social concreta y a la reivindicación de un derecho.

    Causa no menor, en consecuencia, ha de haber sido “la abstinencia voluntaria” en el voto de la mujer, que reivindicó con su silencio lo que siente como un derecho inherente a su sexo.

    No obstante lo dicho, debemos sumar a la laicidad de Estado otra concausa de este hecho tan singular sucedido el 23 de junio. Creemos que en gran medida gravitó silenciosamente la educación laica implantada por la reforma vareliana, instalada con ciertos límites el 25 de agosto de 1877 en el marco ideológico de una fuerte corriente positivista y definitivamente instalada en la ley Williman de 1919.

    Un diputado del Partido Nacional, promotor de la recolección de firmas previa al plebiscito, dijo a un medio de comunicación que la escasa votación se debió a que el pueblo no se había expresado a través de los partidos políticos. Nada más erróneo. El proyecto de reforma constitucional impulsado por la dictadura fue rechazado el 30 de noviembre de 1980 por una fervorosa mayoría en medio del silencio impuesto por una total interdicción política. Es que las convicciones políticas de nuestros ciudadanos se hallan muy por encima y más allá de los marcos partidarios, y eso gracias a las generaciones que durante algo más de un siglo han asistido a la escuela pública.

    El silencio de las urnas del 23 de junio pasado fue un abrumador rechazo al intento de derogar una ley que encuadra a la perfección —quizás pueda mejorarse con retoques reglamentarios— en la ya tradicional libertad de pensamiento que caracteriza nuestro perfil ideológico. Los ciudadanos han hecho caso omiso —lo mismo que en 1980— a un intento de limitar nuestra libertad de decidir. Simplemente han dicho no al temor, no a la excomunión, no a falsos dilemas y sí a la libertad

    Jaime Monestier

    CI 477.837-4

    Idas y vueltas del gobierno

    Sr. Director:

    Es más fácil. No suelo andar criticando ni comparando a los distintos gobernantes ni a sus formas de gobernar. Pero creo que esto ya es grave; se está llegando a un punto en el que parecen una tomadura de pelo las resoluciones que se toman en nuestro querido Uruguay. Leo las versiones de los distintos diarios y todos muestran —cada uno con su enfoque— noticias que son en verdad tristes.

    Da pena ver cómo “profesionales” en el área de la educación critican los buenos proyectos que funcionan con recursos privados, como es el caso del Jubilar. Pero es verdad, es más fácil criticar y decir que no sirve a embarcarse en una tarea tan difícil como es instalar un liceo de nivel en un barrio carenciado. Es más fácil decir que no se puede imitar en otras instituciones a evaluar los excelentes resultados que se obtienen donde en verdad se pone dedicación. Es más cómodo justificar la mediocridad que impulsar la iniciativa.

    Esto último también se ve en el área impositiva. Es diferente a lo que pasa en la educación, pero muestra otro aspecto de la mentalidad de nuestros gobernantes. En primer lugar, la eliminación de la devolución del excedente de aportes al Fonasa significaría la expropiación de un dinero que es de los contribuyentes. Pero claro, cuanto más ingresos tenga el Estado, mejor. Parece el colmo que ahora quieran amplificar la franja alta del IRPF para financiar el gasto público. No sólo tenemos una de las tasas de I.V.A. más altas en América, sino que además hay gente que debe dar hasta un 30% de su sueldo al Estado. Y así nuestros gobernantes se siguen quedando en lo más cómodo. Es más fácil sacarle el dinero a los que trabajan que reestructurar el gasto público y la distribución del capital estatal. Cabe mencionar que en Uruguay hay 270.000 empleados públicos y, sin embargo, los servicios públicos no se caracterizan por su excelencia. ¿En qué país de cada diez habitantes, uno trabaja para el Estado? Tal vez haya algo que ajustar ahí también...

    Además, parece que el Estado tuviese una inagotable creatividad a la hora de poner impuestos, pero no a la hora de mostrar lo que se hace con ellos. Siempre está buscando otras maneras de sacarle más dinero a los que trabajan. Pero sería muy notorio exigir un mayor porcentaje de sus sueldos. Entonces nos queda sacarle dinero a los que tienen bienes; por ejemplo, un auto. Por eso ahora la Intendencia decidió aumentar el precio del estacionamiento tarifado. Y claro, hay que financiar muchos planes ¿y de dónde sacar dinero? No sólo el Estado se queda con un casi 50% de lo que cuesta el vehículo al momento de comprarlo sino que además la gente tiene que pagar por estacionar en la cuadra de su casa. Son cosas que no se entienden a simple vista, pero sí a la luz de los miles de planes sociales y asignaciones que da el Estado. Muy claramente lo dijo el senador y secretario general del Partido Comunista, Eduardo Lorier, quien afirmó que si no se atienden los reclamos por mayor gasto social, “se corre el peligro de tener una votación en primera vuelta que no permita sostener una mayoría parlamentaria”. Ahí está todo dicho.

    En conclusión —y sólo considerando estos pocos puntos, pero hay muchos más— vivimos en un país donde se quiere igualar para abajo. No se impulsa a tener una mejor educación, un mejor ingreso para las familias, sino que al contrario. Hay que sacarle a los que tienen para darle a los que no. ¿Y por qué no ayudar a los que no tienen a que puedan tener por su propio mérito? Ah, claro, eso significaría tener que educar mejor y eso cuesta y, además, es más fácil conseguir votos dando dinero —que es de otros— que formar cabezas inteligentes que puedan optar por no votarlos.

    Josefina Inthamoussu

    CI 4.561.648-2

    Una carta del Papa

    Sr. Director:

    El pasado jueves 13 de julio, Búsqueda tuvo la gentileza de publicar una carta que en nombre de la Asociación Alberto Methol  Ferré le dirigíamos al Papa Francisco. Tengo del agrado de enviarle ahora la respuesta que recibimos del Santo Padre, a través del Secretario de Estado del Vaticano.

    Considerando que podría ser de interés de los lectores de su semanario, mucho le agradeceríamos su oportuna publicación.

    Cordialmente

    Fernando González Guyer

    Segretaria di Stato

    Sr. Fernando González Guyer

    Presidente

    Asociación Alberto Methol Ferré

    Vaticano, 19 de junio, 2013

    Señor presidente,

    Me complace acusar recibo de su amable carta, fechada del pasado 27 de mayo, con la que hacía llegar a Su Santidad el Papa Francisco sus cordiales felicitaciones por su elección a la Cátedra de San Pedro, a la vez que recordaba con satisfacción que, hace dos años, el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio, sj, había dado su beneplácito para participar honoríficamente en las actividades de la Asociación que tan dignamente Usted preside.

    El Santo Padre corresponde a su delicada atención pidiendo a Dios que se le retribuya generosamente. El Papa guarda viva memoria de la actividad filosófica, literaria, y eclesial del Sr. Alberto Methol Ferré, que supo formular una luminosa reflexión sobre la actividad cultural, ética y cristiana de América Latina, poniendo de relieve también la importancia del compromiso laical en el desarrollo de la misión evangelizadora de la Iglesia. El valor de su pensamiento hizo que el Consejo Episcopal Latinoamericano contara con las apreciadas aportaciones de este preclaro hijo del Uruguay, que, inspirado en la palabra evangélica, nunca se olvidó de los más pobres y necesitados.

    El Presidente de la República, Excmo. Señor José Alberto Mujica, en su reciente visita al Vaticano, ha querido resaltar el ejemplo y la nobleza interior de este compatriota suyo regalando al Santo Padre una publicación sobre el Sr. Methol, obsequio que Su Santidad ha apreciado vivamente.

    El Sumo Pontífice, mientras confía a Ustedes y a sus seres queridos a la materna intercesión de Nuestra Señora de los Treinta y Tres Orientales, le pide el favor de que rece por él y, como prenda de copiosos dones celestiales, le imparte la Bendición Apostólica.

    En esta circunstancia, Señor Presidente, me es propicia la ocasión para manifestarle mi más alta y distinguida consideración.

    Tarcisio Cardenal Bertone

    Secretario de Estado de Su Santidad

    Limpiavidrios y otros reclamos

    Sr. Director:

    Quiero por su intermedio expresar mi total apoyo a las medidas que adoptaron las autoridades y la IMM con los limpiavidrios y los malabaristas que permanentemente acosaban a las automovilistas en todos los cruces importantes de la capital, pero todavía quedan algunos que ejercen la mendicidad.

    Pero los automovilistas todavía nos vemos generalmente acosados por los cuidacoches que están autorizados por la Intendencia de Montevideo y si uno concurre a varios lados todos los días de la semana además de pagar el tique  de estacionamiento tenemos que tener varias monedas para el cuidacoches y considero que tendríamos que tener otro trabajo para así pagar a los cuidacoches para que queden conformes…

    Lo ideal sería que la IMM los respalde y les dé un carnet autorizándolos a trabajar y les dé un sueldo también, así no molestan a los automovilistas.

    La Intendencia de Montevideo debería preocuparse más por la ciudad, por la iluminación de 18 de Julio que al igual que la Plaza de los 33, la Plaza del Entrevero y la Plaza Independencia con el monumento a Artigas deberían estar iluminadas a giorno al igual que la Plaza Libertad. La calle Colonia y la calle San José en varios de sus tramos están en la penumbra al igual que casi todas las calles que cruzan 18 de Julio. El obelisco de los constituyentes está muy poco iluminado, si queremos que los turistas nos visiten tenemos que tener bien iluminadas nuestras principales avenidas y toda la rambla, nuestras principales plazas y sus monumentos al igual que el Palacio Legislativo y el Hotel Carrasco, que el edificio está impecable, precioso, pero que las autoridades de la IMM no se percataron de poner en las afueras de este hotel una excelente iluminación. Hay una oscuridad total, es horrible. Lo único bueno es que instalaron semáforos en el cruce de Avenida Arocena y la rambla. Sin iluminación buena o excelente los corremos a los turistas y a todos los montevideanos.

    Sería conveniente que la IMM haga una inspección detallada en todos los comercios de Montevideo en el ramo de alimentación ya sea restaurantes, bares, pizzerías, cantinas, etc., etc. y comprobar primero si todos los que trabajen en esos locales poseen carnet de salud al día. Luego los lugares de elaboración de alimentos y conservación de los mismos, y también dónde tienen sus baños para funcionarios y empleados y los baños para damas y caballeros que muchas veces no tienen la higiene que tendrían que tener, y si es así aplicar la ley con todo el rigor necesario porque primero está la salud de la población. Además se tendría que verificar si los alimentos no están vencidos y si están en buen estado.

    Además considero que sería muy importante que la IMM tenga una brigada de funcionarios de la sección bromatológica e inspeccione a los vendedores de garrapiñadas, de tortas fritas, y demás alimentos que aparecen de noche en 18 de Julio y en las inmediaciones de espectáculos públicos y de eventos y actos donde hay gran cantidad de público y verificar si tiene carnet de salud y si cumplen con las normas vigentes para la elaboración de alimentos y si los mismos están en condiciones para ser consumidos por la población.

    Raúl Tuneu

    CI 1.158.279-4

    Inseguridad pública

    Sr. Director:

    El tema de la seguridad ciudadana pasa por autorizar expresamente a muchos vagos a circular y vivir en la calle como así también autorizar actividades de limpiavidrios, cuidadores de coches y a mucha gente que desarrolla actividades seudocomerciales en la calle ilícitamente y finalmente también contemplar a mucha gente que vive en viviendas ocupadas en forma ilegal.

    Si se desalojaran todas esas viviendas y se sacara a toda la gente de la calle que está vagando o haciendo actividades ilícitas, el delito bajaría sustancialmente (esto podría ser con una ley de vagancia).

    Pero se ve que políticamente no se quiere hacer.

    Por otra parte, la actividad de represión y vigilancia que debería hacer la Policía es nula; no sabemos si no se cuenta con medios suficientes o es que dentro del instituto policial no se acatan las órdenes jerárquicas.

    Se piensa en invertir en Antel Arena, búsqueda de restos en Cerro Largo, gasto en la enseñanza que no sirve para nada y así en muchos gastos superfluos que son para sociedades ricas y no para pobres como la nuestra.

    Por lo tanto, digo, destinar muchos más fondos en tener una Policía profesional bien equipada, entrenada y paga al servicio de todos los ciudadanos que pagamos muchísimos impuestos y que no vemos resultados hace años.

    Si no tenemos seguridad al salir a la calle, no tenemos libertad y todo, propiedades y empresas, valdrá mucho menos porque seremos un país no seguro.

    José Antonio Curotto

    Nuevos paradigmas

    Sr. Director:

    Hablando de traiciones, capitalismo, socialismo y desarrollo. Estos últimos tiempos tuvieron como actualidad relatos de la historia reciente nacional y nuevos paradigmas del presente.

    Por un lado, parece que los que delataron delincuentes y terroristas ya no son informantes o delatores sino que son traidores, ya sea que aún vivan o no. Los delincuentes y terroristas ya no lo son y parece que fueron injustamente delatados por compañeros de lucha, por debilidad e interés personal. Los que traicionaron a las instituciones a las que pertenecían dando información reservada sobre actividades, instalaciones y autoridades legales del país y el Estado, no fueron tan así ya que sin ningún interés personal ni material, colaboraron con planes pacifistas y de liberación nacional de corte puramente nacionalistas y populares. Por eso son héroes y merecen los más altos títulos, honores y respeto.

    La justicia ilegal y arbitraria, que había juzgado oportunamente a esos terroristas, parece que fue de algún modo justa y legal, ya que los crímenes y delitos juzgados ya están laudados por dichos juicios, pero los supuestos traidores deberían ser juzgados ya que no pasaron por esa absolución dada su colaboración.

    A su vez, la apropiación de los medios de producción por parte de los capitalistas, imperialistas y burgueses nacionales y del resto del mundo (dado que poseen, por sus métodos confiscatorios al proletariado, dicha propiedad), no pasará por ahora ni de inmediato, primero al Estado ni luego a los proletarios, sino que hay que dejarlos continuar produciendo y generando ingreso en forma capitalista y hacia y desde y con los países imperialistas y capitalistas, para luego así poder distribuir. Porque el mercado asigna recursos, por ahora.

    El Estado, que planificaría y haría que cada uno diera acorde sus posibilidades y que daría a cada uno lo que necesita basado en el Derecho Público, por ahora lo hace en base a contratos con privados que lo producen en forma capitalista en el país y en el exterior, y los bienes y servicios los seguirá distribuyendo en base a empresas e instituciones que más que públicas son del Estado, pero a través de millonarios contratos, muchos asignados en forma directa y con casi o ningún control de los organismos encargados, por Derecho Privado para ser más efectivo y ágil.

    Así, la seguridad, la educación, la salud, etc., roles básicos del Estado como prestador y/o coordinador sin fines de lucro por su carácter social, las dirige ese Estado pero los privados, generalmente burgueses y capitalistas, en forma creciente las prestan por ahora con mucho lucro ya que aun con incremento exponencial de recursos humanos y financieros las cosas no andan si se las deja a sus empleados y jerarcas.

    Los servicios esenciales o imprescindibles para la vida y producción, ya sea de energía, telecomunicaciones, combustible, agua y saneamiento, limpieza, infraestructura y comunicaciones de todo tipo, también los planifica y dirige el Estado, pero también crecientemente se ejecuta por privados, lamentablemente por ahora con mucho lucro y sin posibilidad de competencia, para así poder elegir y bajar costos y mejorar la calidad.

    Los impuestos y costos, en forma generalizada y permanente, no bajan por ahora pero ya llegará el momento que no haya más inflación ni presión fiscal.

    El desempleo baja y se mantiene menos el de los más jóvenes y las mujeres que, por ahora, se les dificulta estudiar y tener el mismo acceso que los hombres de mayor edad y preparación académica.

    Las modificaciones legales a temas relativos a valores tradicionales de la sociedad, más allá de coyunturas ideológicas, como la droga, el aborto, la familia y similares, no tienen por qué ser respaldados por la mayoria de la sociedad; solo hay que impulsarlos y votarlos rápidamente para “concientizar” y abrir las mentes. Luego habra tiempo de instrumentarlos mientras se observa lo que pasa.

    ¿Es “su versión” o “subversión”? ¿Cuál de las cosas debo decir o entender?

    ¡Qué difícil es no ser progresista y revolucionario, fiel a las instituciones y valores nacionales y explicarles todo esto a las generaciones futuras.

    Gustavo Formento

    CI 1.455.700-5

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