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    Cartas al Director (III)

    La II Guerra Mundial

    Sr. Director:

    En mi última (así lo pensé yo) misiva respecto a la controversia respecto de la II Guerra Mundial manifesté que por mi parte daba por terminado el tema para no abusar de la gentil disposición del semanario Búsqueda de permitir que los lectores se expresen sobre diversos temas, porque me parecía y me parece que el semanario no es la mesa en la cual deben eternizarse los debates sobre este u otros temas, aunque más no fuere por el dicho de que “use pero no abuse”. Sin embargo, algunas manifestaciones del Dr. Mazzoni Abdala sobre el tema me obligan necesariamente a dar una breve respuesta, que esta sí será la última.

    Señala el Dr. Mazzoni que le produce decepción que un acontecimiento que costó millones de vidas no merezca un debate válido y necesario. Yo estoy de acuerdo, sobre todo para revisar falsos conceptos que durante las últimas siete décadas se han ido inculcando, muchos de ellos “made in Hollywood”, pero para ello sobran foros y blogs en Internet que abordan la temática. Y algunos con altísimo nivel.

    No voy a hacer una disección de todo lo que dice el Dr. Mazzoni, dado que sería largo y por lo demás algunas cosas no las entiendo, a saber qué tienen que ver mis estudios universitarios con el título de Sir de Mr. Churchill, por lo demás un personaje bastante nefasto durante la I Guerra Mundial (recuérdese la desastrosa campaña de Galípoli) y también de la segunda, al haber apartado de Gran Bretaña, casi al exilio, al duque de Windsor y a lord Halifax, partidarios ambos —más el primero que el segundo— de haber arribado a algún acuerdo con Alemania luego de la campaña de Francia en 1940, acuerdo que ofreció el propio Hitler aunque, justo es decirlo, con bastante torpeza. Ese acuerdo le hubiera ahorrado a Europa y al mundo millones de muertos y, sobre todo, los 45 años de dominación soviética sobre Europa Oriental y Central una vez cesado el tronar de los cañones.

    Respecto al libro del Sr. Overy, “Interrogatorios”, solo lo mencioné al pasar para expresar que era la única obra que yo había leído de dicho autor, pero me congratula leer que el Dr. Mazzoni admite que el juicio de Nüremberg estuvo signado por gruesos errores jurídicos, como ser, por ejemplo, la violación del principio de no retroactividad de la ley penal. Nada más ni nada menos.

    Pero creo que lo medular está referido a una guerra paralela, los anglonorteamericanos por un lado (sí, ya sé, en junio de 1941 Estados Unidos no había entrado en guerra, “elemental Watson”) y los soviéticos por otro. Porque combatir juntos no implicaba necesariamente tener una política conjunta, política nefasta que, bien aprovechada por Iosif Stalin le permitió quedarse con media Europa y con toda Polonia, puntapié de partida de la guerra y cuya cabal independencia, obviamente, no pudo garantizarse después de 1945. Un ejemplo de guerra paralela fue la que llevaron a cabo Alemania y Japón, en el acierto o en el error. Pero Mr. Churchill, cegado por el odio a los fascismos (latu sensu) y olvidando sus dichos de apoyo a Mussolini y su Italia fascista allá por los veinte del siglo pasado así como a su férreo anticomunismo de la misma época o incluso anterior, declaró muy suelto de cuerpo cuando se enteró de que Alemania había invadido a la ex URSS, que estaría dispuesto a aliarse con el Diablo con tal de combatir a Hitler. Como lo deja traslucir un tanto veladamente el historiador inglés David Irving, ¿no estaría defendiendo su ya declinante carrera política?

    Bien que lo lamentó en su famoso discurso después de la guerra cuando acuñó la frase de “la cortina de hierro”. Pero creo que lo lamentaron más los polacos, los húngaros, los checos, los búlgaros, los rumanos, los estonios, los letones, los lituanos.

    Las cosas, como son, como diría Pérez- Reverte.

    Dr. Esc. César Eduardo Fontana

    El procesamiento del general Dalmao

    Sr. Director:

    He leído con preocupación la carta enviada por la Sra. esposa del general Dalmao. Realmente, me cuesta creer que las cosas hayan ocurrido como se expresa en la misma. Por otra parte, el presidente de CEDDHHU parece coincidir plenamente con ella.

    Esto necesita una explicación de parte de nuestros jueces y fiscales que actuaron en el caso.

    A ellos me dirijo.

    Por favor, digan públicamente que:

    1) La Sra. está equivocada.

    2) Tenemos una prueba indiscutible de que el general Dalmao es culpable.

    3) Expongan en forma pública para la tranquilidad de la ciudadanía la prueba de esa culpabilidad.

    Lo necesitamos para mantener la fe en nuestra justicia.

    Ing. Ind. Salvador Koziolas

    CI 514.539-4

    La muerte del coronel Calcagno (I)

    Sr. Director:

    Requiem por el coronel Calcagno. Hace una semana murió el coronel del Ejército Carlos Calcagno.

    Hecho natural, corriente, propio del ciclo de la vida, triste y conmovedor para familiares, amigos y camaradas, pero a la vez rodeado de tales circunstancias que lo hacen especial, extraordinario. Porque el caso de Calcagno es emblemático y ejemplar y por ello excepcional para nuestra institución.

    Emblemático porque es el primer militar que fallece en prisión, cumpliendo una pena injusta. Todos los que lo conocieron, de cerca o de lejos, amigos, compañeros y camaradas del Ejército, enemigos de otrora hoy en el gobierno, jueces y fiscales, saben bien que Calcagno era inocente de todo aquello por lo que fue culpado. Ningún recurso jurídico, ninguna demanda o denuncia de lo irregular de su procesamiento, ninguna convicción aún de autoridades de la Defensa Nacional, pudo cambiar el camino que llevó a esa sentencia flagrantemente injusta. Y murió en una dadivosa prisión domiciliaria que solo le permitió expirar en el ambiente propio de su esencia chacrera y naturalista, después de purgar 5 años de una condena inaudita, que para nadie puede resultar ajena al acelerado deterioro de su salud que llevó al desenlace hoy tan lamentado.

    Por eso su sacrificio es un emblema que debe inspirar a todo soldado a cumplir con su deber, aun consciente de que el arriesgar su vida en la convicción de defender la Patria, más tarde puede no solo ser ignorado sino juzgado, imponiéndosele un castigo inmerecido del que no alcanzará a liberarlo en vida ni el tardío juicio de la Historia.

    Fue ejemplar la conducta de Calcagno en todos los órdenes de la vida. Porque enfrentado a las mayores situaciones límite imaginables en el Uruguay para un hombre y para un soldado actuó siempre haciendo gala de las cualidades más preciadas de la profesión militar y aun del ser humano.

    Tuvo el valor requerido y aún más que ello, para enfrentar con éxito al enemigo cuando el destino militar le deparó el privilegio de estar en primera línea. Y cumplió las obligaciones del servicio en toda misión que le encomendó el Ejército con el mismo sincero desinterés que las normas militares definen como abnegación.

    La lealtad en todas direcciones fue un rasgo típico de su personalidad, por lo que nunca defraudó a superiores, compañeros y subalternos, obrando siempre con la ponderación de palabra y de hecho ?en el servicio, ante los Tribunales y en la vida cotidiana? que impone la discreción propia de un verdadero soldado.

    La imagen de su robusta figura no era imaginable sino transmitiendo jovialidad, buen humor, optimismo y así perduró hasta su último suspiro, infundiendo ánimo a sus compañeros de infortunio ante la dura prueba de la prisión y del hospital, que afrontó con la misma dignidad y grandeza de espíritu de toda su vida.

    Por todo eso hoy estará sin duda en un lugar de paz eterna, ganada en este mundo, por hombre de honor, cabal y digno, esposo y padre ejemplar, paradigma del verdadero soldado, que murió en prisión por defender la Patria.

    Este modesto oratorio castrense, además de rendir el sentido homenaje al camarada, aspira llegar a aquellos que no lo conocieron y contribuir a que sepan que esos hombres virtuosos existieron y deberán existir. Porque serán imprescindibles otros Calcagno en el futuro para que el Ejército siga siendo Ejército y la Patria siga siendo Patria.

    Hasta siempre, coronel Calcagno. Gracias por tu legado. Te vamos a extrañar.

    Teniente General Fernán Amado

    La muerte del coronel Calcagno (II)

    Sr. Director:

    Ha muerto un soldado. Con dolor, rabia e impotencia despido hoy a un entrañable amigo, quien con su bonhomía contagiaba a quienes tenía a su alrededor y con su humor alegraba los días de prisión.

    Con el Cnel. Calcagno se va una parte de la historia de la lucha fratricida que nos arrastró a muchos.

    Este soldado no murió el 15 de mayo; comenzó a morir cuando una jueza con cara de “yo no fui” lo procesó. Ese día le pegaron en donde más nos duele a los humildes soldados vocacionales: el honor.

    Proceso judicial que empaña y pone en duda la imparcialidad de la justicia, pero ni así pudieron doblegarlo.

    Fue un verdadero guerrero que junto a “su” jefe y camaradas de su querido Batallón Florida lograron una de las mayores victorias de la guerra: la caída de la “cárcel del pueblo” de los tupamaros.

    Quiero dirigirme al ministro de Defensa Nacional, Sr. Eleuterio Fernández Huidobro: me consta que usted ha mantenido su palabra y quiero decirle que el Cnel. Calcagno mantuvo la suya llevándose consigo la parte de historia que supieron compartir.

    Por esto pensé que usted concurriría al sepelio como gesto de reconocimiento entre combatientes y así enviar una señal de reconciliación, pero evidentemente me equivoqué.

    También me equivoqué al pensar que el comandante en jefe y sus generales acompañarían a un viejo soldado a su descanso eterno, pero después recordé que somos prisioneros políticos.

    Finalmente mi más profundo agradecimiento para el personal del quinto piso del Hospital Central de las Fuerzas Armadas y, en particular, a una nurse que concurrió a contener y apoyar tanto a la familia de Calcagno como a mí.

    Se nos fue un amigo y un soldado pero nos dejó su sonrisa y sus ganas de vivir…“por siempre jamás”.

    Cnel. (r) Ernesto Ramas

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