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Sr. Director:
Los santos de Francisco. El cardenal Jorge Mario Bergoglio, al aceptar ser el obispo de Roma, toma como nuevo nombre el de Francisco, lo cual fue una gran novedad. Es el primero en tomar ese nombre en dos mil años de papado.
También llamó la atención que un jesuita, seguidor de Ignacio de Loyola, tomara el nombre de Francisco, aquel gran santo del siglo XIII, fundador de los franciscanos, una orden religiosa pero más que nada de la espiritualidad franciscana, la más difundida en la Iglesia Católica.
Es interesante, entonces, conocer quién fue Francisco de Asís para intentar comprender el gesto del nuevo Papa y tal vez desentrañar su programa de gobierno. Entre el nombre elegido por los papas y sus proyectos de pontificado siempre se encontraron pistas muy orientadoras.
En este caso resulta que hay otros Franciscos posibles de ser tenidos en cuenta en esta elección de Jorge Mario Bergolglio. Ellos son San Francisco Javier y San Francisco de Borja.
Francisco de Asís nació en 1181 en Italia y murió en 1226, a los 45 años de edad. Hijo de un rico comerciante en telas, durante su juventud participó de la vida de los jóvenes de su época en todos los aspectos sociales, políticos y militares. Siendo aún muy joven descubre el mensaje evangélico de Jesús y decide conformar su vida con sus enseñanzas muy especialmente rescatando el sentido de la pobreza cristiana. Su familia reacciona ante esta vocación radical y le pide cuenta de sus actos apoyados por el obispo de su ciudad. Francisco no encuentra mejor modo de expresarles cuáles son sus intenciones de nueva vida al desnudarse totalmente frente a ellos y entregarles todas sus ropas para manifestar que de este modo él se sentía libre para seguir el camino que había descubierto en el testimonio de Jesús de Nazareth.
A partir de este momento entiende que la mejor predicación, para ese tiempo histórico, es vivir la pobreza evangélica. Recorre las ciudades y campos con sus “hermanos menores” mostrando que el rechazo de los bienes materiales trae la libertad y la felicidad que erróneamente los ricos buscan en las riquezas y el poder. Esto conmociona a aquella Iglesia tan mundana, corrupta y atada a la riqueza, la ostentación y el poder.
En “la porciúncula”, aquella vieja capilla en ruinas que encuentra en las afueras de su ciudad, escucha la voz del Señor que le pide que reconstruya a su Iglesia.
¡Vaya si no hay aquí todo un programa de gobierno para el actual Pontífice! Si bien las épocas históricas no se repiten podemos encontrar similitudes que saltan a la vista. Después de un papado muy teológico y empeñado en destacar la ortodoxia sobre la vivencia, sencilla y humilde, del cristianismo viene un Papa que nos recuerda lo esencial del mensaje.
Querer a los pobres y ser pobre es un mandato cristiano y una bienaventuranza evangélica. Desde hace un tiempo el pensamiento liberal economicista confunde “pobrismo” con capacidad salvadora de la pobreza. Querer y defender al pobre no es confundirlo con el holgazán, el que “la va de vivo” o el “vividor”. El pobre es el rostro de Dios como descubrimos en la Biblia. El que sufre y lucha por superarse, el que trabaja y cae y una y mil veces se levanta. El pobre no es el que aspira a ser rico para el disfrute de los bienes sin merecerlos, sino de quien descubre en su esfuerzo y la amistad el regalo de Dios.
También Francisco de Asís tiene algo que decirnos hoy en nuestras relaciones con el mundo musulmán. Él luchó contra el uso de las armas y las conquistas violentas de los cruzados en tierras palestinas. Fue al mismo territorio de los hechos a dialogar con el Sultán para encontrar caminos de paz y reconciliación entre los hombres, para que se reconociesen como hermanos poseyendo la misma tierra.
Otro posible inspirador del papa Bergoglio es San Francisco Javier. Este formidable joven del siglo XVI (1506 - 1552) que entrega su vida por aquellos a quienes no conoce pero que confían en la palabra de Dios, que buscan un sentido para sus vidas, es un jesuita amigo y compañero de Ignacio de Loyola que parte de Lisboa a predicar el cristianismo en la India, China y Japón. Su obra misionera es realmente la de un gigante de todas las épocas, luego continuada por otros jesuitas, entre ellos el Padre Ricci. Este gesto humanizador y evangelizador se detuvo, curiosamente, por las intrigas palaciegas de la Curia Romana que veían con desconfianza y envidia la portentosa obra de los jesuitas.
¿Otro posible mensaje del papa Francisco? No cabe duda que el mundo no cristiano es un fuerte desafío al celo apostólico del sucesor de Pedro.
Y finalmente, abreviando, tenemos a otro santo jesuita: Francisco de Borja o Borghia, que vive entre 1510 y 1572. Es hijo de Juan Borja, duque de Gandía, que era hijo de Juan Borja y Enriquez de Luna, a su vez hijo del papa Alejandro VI de Borghia. Por lo tanto si bien de una cuna muy noble, constatamos que proviene de ancestros transgresores, nada menos que bisnieto del papa Alejandro VI de quien tantas calamidades narra la historia. Cardenal español que en el trono petrino fue el responsable del reparto del mundo entre españoles y portugueses cuando firmó, como Papa, el tratado de Tordesillas. El descubrimiento del Nuevo Mundo, por Colón en 1492, y por los portugueses en el más absoluto silencio, hizo surgir un enfrentamiento entre las potencias marítimas de España y Portugal, que un año más tarde tuvo que laudar, como “señor de tierras y mares”, Alejando VI, el papa Borgia, de insalubre memoria.
Francisco de Borja, el santo, era virrey en España, duque de Gandia y señor de fama y poder. Siendo laico recibió la designación de cardenal, pero renunció a este alto honor por querer ingresar a la Compañía de Jesús, donde lo recibió Ignacio de Loyola. Fue el tercer Padre General (papa negro) de la orden de los jesuitas: la Compañía de Jesús.
También en esta temática vaticana, para purificar esta Iglesia pecadora, deberá adentrarse nuestro Jorge Mario Bergoglio, hoy papa Francisco. No le será nada fácil recoger el guante de semejantes antecedentes.
Toda la Patrística y la mejor teología cristiana afirman que la Iglesia es santa y pecadora. Pero cuidado: no dice “acá estamos los santos y buenos y allá los malditos pecadores”. Todos estamos llamados a la santidad y salvación y todos somos pecadores. Que el dedo acusador no descanse en el rostro ajeno sino que se vuelva a nuestro propio corazón.
Desde aquí valoramos su gesto y le deseamos una feliz gestión sabiéndose acompañado por el impulso renovador del pueblo cristiano que anhela ver el resplandor del Espíritu entre los hombres de buena voluntad.
Lic. Jorge Scuro
Sr. Director:
7 años de prisión. El próximo 6 de mayo los prisioneros políticos del régimen progresista cumplimos 7 años de prisión.
Ante la indiferencia de la mayoría, el regocijo alimentado por el odio de unos pocos y el apoyo constante e incondicional de nuestras familias.
Después de la hipócrita “transición en paz” del año 85 y luego de años de “silencio austero” nos ganó la indiferencia.
Hipócrita transición porque los militares pecamos de orgullo y soberbia al no aceptar ser amnistiados y los civiles que pactaron en el Club Naval proscribieron en esas primeras elecciones a la izquierda y algunos más. Nunca hubo una reconciliación entre los bandos enfrentados ya que quienes luchamos no participamos en las negociaciones.
Quienes hoy gobiernan durante años se dedicaron ha instaurar la “Memoria Histórica” e hicieron de los legítimos reclamos sobre derechos humanos una bandera política y un negocio millonario en reparaciones que hoy le cuesta al Estado cerca de U$S 80 millones al año.
Reparaciones que hoy se pagan con los impuestos de todos los uruguayos al igual que el “asistencialismo” practicado por las políticas sociales progresistas.
Invirtieron la historia a tal punto que los tupamaros surgieron para combatir a la dictadura, increíble falacia que los jóvenes adoctrinados de la izquierda repiten sin dudar.
El odio sistematizado, el adoctrinamiento y la construcción de esa “Memoria Histórica” siguen los postulados de Gramsci.
Pero todo esto tiene como silenciosos cómplices a los medios de comunicación, a los partidos de oposición, a la Iglesia y a las Fuerzas Armadas.
En estos últimos me quiero detener. El “silencio austero” es lo que más daño nos hizo, fuimos soldados y en el acierto o el error combatimos de la mejor manera, cumpliendo órdenes.
Nuestra sociedad ha sufrido un lavado de cerebro y sufre de hemiplejia histórica; gobierno y sindicatos se han encargado de esto.
También están aquellos jueces, fiscales y abogados oportunistas y carroñeros que hacen su negocio a nuestras costas y que son partícipes de este atropello. Tanto así que ni siquiera respetan a la Suprema Corte de Justicia; todo es relativo.
Han pasado 7 años. De nuestros enemigos seguimos esperando lo mismo: más odio y venganza. Jamás habrá lugar para otra cosa; no poseen la grandeza suficiente.
De la institución que se quebró el 1° de marzo de 2005 no esperamos nada pero tampoco queremos más mentiras o promesas que no se puedan cumplir.
A la sociedad en general, después de más de 40 años, ¿esta era su idea de justicia y reconciliación? ¿Un establecimiento de reclusión con unos pocos presos, viejos soldados que aún mantienen su dignidad?
Hoy, como siempre, me siento orgulloso de haber combatido y de ser un prisionero político. También quiero recordar a aquellos que se encuentran en Chile y en Buenos Aires.
Finalmente me pregunto: aquellos que nos olvidaron y/o nos traicionaron, ¿podrán dormir en paz?
Cnel. (r) Ernesto Ramas
Sr. Director:
En reuniones celebradas en Agadu y en el Ateneo de Montevideo hemos resuelto peticionar a quienes corresponde disponerlo, que se inicien los trámites pertinentes para que el lugar donde estuvo emplazada la casa donde nació José Artigas, en la entonces San Felipe y Santiago de Montevideo, pase a formar parte del patrimonio de los uruguayos.
Esta petición, que ya ha sido firmada por cantidad de personas y recibido adhesiones del interior y del exterior del país, es de origen enteramente popular, para adherirnos a lo resuelto por unanimidad en la Junta Departamental para que este sitio forme parte del patrimonio histórico municipal. Y está suscrita ya por cantidad de personas de distintas profesiones, sin distinciones partidarias, religiosas o filosóficas.
Se trata del inmueble sito en calle Cerrito y Colón, donde nació el Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres.
Consideramos que dicha propiedad, empadronada con el Nº 2741, con frentes de 17,30 mts. sobre Cerrito donde está numerada con el Nº 293, y 10,30 mts. sobre Colón, numerada aquí con el Nº 1501, debe ser considerada de interés cultural. Pues allí nació nuestro héroe, en lo que entonces era una casa con paredes de piedras, y techo de tejas, el 19 de junio de 1764, siendo bautizado dos días después en la Iglesia Parroquial por el Dr. Pedro García, actuando de padrino el Dr. Nicolás Zamora, según partida de bautismo. Donde consta que sus padres Martín José Artigas y Francisca Antonia Arnal, eran “vecinos de esta Ciudad de Montevideo”. Y además, del proceso dominial del inmueble surge que fue propiedad de los ascendientes de Artigas.
En la Catedral se conserva la pila bautismal donde se cumplió, usada entre los años 1758 y 1842, como dice la placa allí colocada.
Las construcciones actuales del año 1931 fueron para depósito, salón y vivienda, calificadas como económicas y muy económicas. Durante mucho tiempo el inmueble fue ocupado por un bar y se encuentra actualmente desocupado, cerrado, en estado de total abandono, suciedad y objeto de pintadas que ocasionan malestar. Y es desconocido no solo por turistas, sino también por gran parte de nacionales. Aunque ya en el año 2007 la Junta Departamental de Montevideo colocó allí una placa recordatoria.
Sin desconocer la importancia de otros, este sitio debe ser preservado y darle un destino compatible con lo que significa para todos, que podamos mostrarlo con orgullo y con explicaciones a quienes nos visitan. Debe formar parte de nuestro patrimonio material cultural y ser lugar de recordación. Como ya se ha hecho, hace muchos años, con el Solar de Artigas en Asunción del Paraguay, aunque en el caso que es motivo de esta carta, a un costo realmente insignificante en comparación con el aludido.
Pues, en principio, salvo mejor opinión, bastaría con demoler la actual edificación, que no presta utilidad alguna, eventualmente realizar pericias arqueológicas y dejar el espacio libre, con las explicaciones del caso escrituradas en los muros y colocando allí algo alegórico, como podría ser —por ejemplo— una estela recordatoria, una fuente o plantar un ibirapitá.
Concretamente, lo que queremos es que se declare a esta propiedad de interés departamental y, en su mérito, previos los trámites legales, se disponga su expropiación, y una vez que se tome posesión de la misma, se le dé un destino apropiado a su valor histórico.
Dr. Nelson Sica Dell’Isola
CI 3.213.956-4