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Cayó 27% la inversión en maquinaria para la agricultura en 2023
El contexto climático y de precios llevó a disminuir las importaciones de tractores, cosechadoras y sembradoras, aunque las perspectivas para 2024 son positivas, según un análisis del estudio Carle & Andrioli
Trabajos de cosecha de soja en un campo agrícola de Florida. Foto: Pablo La Rosa, adhocFOTOS
Debido a factores climáticos, el año pasado fue adverso para muchas empresas agrícolas, por el descenso en los precios de los cultivos como en las cantidades producidas –con caídas pronunciadas en la soja y el maíz-. En ese contexto, la incorporación en equipos totalizó US$ 197 millones y cayó 27% respecto a 2022, según el indicador elaborado por el estudio Carle & Andrioli.
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Este índice de inversión en maquinaria agrícola (Idima) se basa en información de los montos importados de tractores, cosechadoras y sembradoras de la Dirección Nacional de Aduanas. A partir de 2019 se había verificado un proceso de mayor dinamismo de la inversión, luego de un cuatrienio 2015-2018 con niveles decrecientes de incorporación de activos fijos. El significativo aumento observado en los años 2021 y 2022 ubicó el índice en 2022 en el mayor nivel de los últimos ocho años, aunque algo por debajo de los máximos históricos. Pero en 2023, por la disminución de todos sus componentes –tractores 34%, sembradoras 26% y cosechadoras 20%-, el Idima interrumpió el ciclo de cuatro años de crecimiento en ese tipo de inversión.
Según el análisis de Carle & Andrioli, la trayectoria de la inversión agrícola durante el año pasado muestra que la baja se dio a partir de marzo, por el impacto del déficit hídrico en la producción obtenida. En particular, en el segundo semestre la inversión cayó a la mitad respecto a igual período de 2022.
En el promedio del año, la inversión en máquinas y equipos agrícolas en dólares calculada por hectárea sembrada -un “indicador importante para la productividad y las finanzas de la agricultura”, explica el informe- se situó en US$ 88, una baja de 34% respecto a 2022 (US$ 134).
Financiamiento.
“Los rendimientos excepcionalmente bajos por la sequía afectaron en forma importante la rentabilidad de los productores agrícolas y su generación de fondos”, señala. Según información de Fucrea, los resultados brutos -antes del costo de arrendamiento e intereses- de los productores agrícolas-ganaderos fue nulo, mientras que la media del último quinquenio había sido de US$ 300 por hectárea (superado, incluso, los US$ 700 en 2022). En ese marco, agrega, para cubrir las necesidades de fondos las empresas “tuvieron que diferir los planes de inversión, reprogramar pagos con proveedores y solicitar asistencia financiera a bancos”.
Según datos del Banco Central citados en el informe, los préstamos bancarios al sector agropecuario a noviembre pasado totalizaron US$ 3.422 millones, un aumento interanual de 20% y un máximo en dólares corrientes. En el caso de los préstamos a la agricultura, el incremento fue de 25%, y de 45% en particular para el rubro de oleaginosos. “En consecuencia, la relación deuda bancaria/producto del agro se sitúa, al cerrar 2023, en 70%, superior al 60% que finalizó el año anterior”, calculó Carle & Andrioli.
Agrega que la tasa de morosidad del agro aumentó a 2% a noviembre -el doble que un año atrás (1%)- en el contexto, además, de un mayor costo por el incremento de las tasas de interés observado desde mediados de 2022.
Mejores perspectivas
Para la nueva zafra 2023-2024, los productores agrícolas también revisaron las superficies de siembra. En los cultivos de invierno se mantuvo el área de trigo, bajó algo la de cebada y disminuyó más de la mitad la superficie de colza, por razones de precios y rotaciones productivas. Por su parte, en los cultivos de verano destaca la intención de siembra de la soja -un incremento estimado inicialmente en el orden de 15%-, aunque las lluvias retardaron los trabajos y dificultaron esa decisión productiva, señala el informe, con un enfoque de proyección. Considerando estos elementos para la campaña 2023-2024, Carle & Andrioli estima que habrá una baja del área agrícola de entre 3% y 8%.
De todos modos, las altas productividades de las cosechas de los cultivos de invierno recién finalizadas y la normalización de los rendimientos de soja y maíz “permiten proyectar un rebote de la producción de la agricultura para la zafra 2023-24”. Este desempeño productivo, junto con el dinamismo de la silvicultura, impulsa para 2024 el aumento del Producto Bruto Interno agropecuario, que la Oficina de Política y Programación Agropecuaria del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca proyecta en 8%, agrega.
Por el lado de los costos agrícolas, el análisis consigna que en las dos últimas zafras acumularon un incremento mayor a 30%, que incidió en los márgenes de rentabilidad. Si bien la cotización del dólar finalizó en 2023 con descenso de 3% -que se acumuló a la caída de 10% de 2022-, los costos de producción para la campaña agrícola 2023-2024 “se estiman a la baja por menores precios de insumos y gasoil”. Dada la inversión productiva acumulada en los años anteriores, la baja de 2023 “no afectaría el desempeño productivo. Además, superada la sequía y reestablecidos los equilibrios financieros, con mejores expectativas de rentabilidad, los productores retomarán la mayor incorporación de equipos y tecnología en las operaciones para mejorar su producción, rentabilidad y desempeño ambiental”.