Desde un fluido intercambio académico en áreas de tecnología, logística, transporte, medicina, arte y deporte hasta la creación de institutos y seminarios destinados a difundir su lengua y sus tradiciones, la República Popular China expande su oferta educativa y cultural en Uruguay, mientras las negociaciones por un tratado de libre comercio (TLC) bilateral ansiado por el gobierno de Tabaré Vázquez permanecen congeladas.
Hasta el año pasado, la cooperación del gigante asiático se basaba en la donación de equipos destinados a la Universidad Tecnológica (Utec), entre otras instituciones. Pero en 2017 se dio un “salto cualitativo” para profundizar los intercambios, explicó la directora de la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional (Auci), Andrea Vignolo. Existe “un antes y un después” del viaje del presidente Vázquez a China en octubre de 2016, aseguró, sobre todo en el sector educativo.
A vía de ejemplo, el 29 de julio viajaron a China 24 profesionales de las facultades de Ciencias y de Ingeniería, y del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (Inia) para especializarse en soja. Mientras, 31 médicos uruguayos viajarán próximamente para interiorizarse en medicina tradicional china, y también lo harán 24 técnicos del área logística de las intendencias de Montevideo, Canelones y San José, y de la Administración Nacional de Puertos, para profundizar sobre transporte de carga.
El lunes 7 llegarán a Uruguay ocho docentes chinos para dar un curso sobre cooperación internacional. El año pasado vinieron entrenadores chinos en tenis de mesa y en gimnasia artística.
Asimismo, una delegación parlamentaria nacional viajó en enero a China para establecer varios acuerdos. Según el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Gerardo Amarilla, entre otros convenios ya en curso figura la traducción de obras clásicas de la literatura uruguaya al chino, y de obras chinas al español (Búsqueda N° 1.905).
En su reciente visita a China, Markarian se contactó con “una Universidad que creará un centro de estudios uruguayos”, y con una profesora de la Universidad de Beijing que está trabajando en la traducción de Ariel, de José Enrique Rodó, al chino.
Nivel superior.
A su turno, el embajador Dong Xiaojun destacó la “comunicación sincera” entre los países. Explicó que desde la reanudación de relaciones, China y Uruguay “profundizaron su confianza política y comercial”. Tras superar la crisis financiera y la recesión económica mundial de estos años, entre otros factores desfavorables, “China aseguró su papel de socio más importante de Uruguay en el comercio”.
Pero no fue sino a partir de la visita de Vázquez a China, continuó Xiaojun, que los gobiernos acordaron una “asociación estratégica”, que implica una categoría de relación política y comercial superior a la que existía entre China y Uruguay, aunque aún menor a la que los asiáticos mantienen con Brasil y Argentina.
Vázquez anunció en ese viaje oficial que su gobierno intentaría firmar un tratado comercial bilateral con China. Pero Argentina planteó reparos y Brasil dejó claro desde el comienzo que no iba a permitir ese acuerdo por fuera del Mercosur, y la iniciativa se congeló (Búsqueda Nº 1.904).
Después de Brasil, China es el principal comprador de productos uruguayos —sobre todo carne bovina y soja—, y el mayor proveedor, según estadísticas oficiales.
Cuento chino del profesor Yim.
Dos pines y dos banderas: una uruguaya y otra china. Con esos distintivos sobre la solapa de un traje gris y una expresión risueña se presenta el profesor Cheung Koon-yim, desde hace 10 años uno de los impulsores del Instituto Confucio.
“La intención no es solo dar clases de idioma chino, sino profundizar en la difusión de esta cultura milenaria en Uruguay, porque para comprender la lengua hay que conocer la cultura”, explicó Yim a Búsqueda.
Por el momento se formó una comisión administrativa integrada por el rector Markarian, el decano de la Facultad de Humanidades, Álvaro Rico, y el profesor Yim como uno de sus directores. Habrá otro director chino, y también un vicepresidente nombrado por la Universidad Qingdao. El presupuesto chino destinado para iniciar las actividades es de US$ 150.000.
El Instituto Confucio tendrá sede en la Casa Lago, en Manuel Albo y avenida Italia (Parque Batlle), en un local que pertenece a la Facultad de Humanidades de la Udelar. Los cursos serán gratuitos para los universitarios, aunque serán abiertos a la asistencia paga del público en general. Humanidades creará una cátedra de idioma chino, aseguró Yim.
Yim nació hace 80 años en Beijing, y en 1953 llegó a Uruguay con su familia. Se hizo ciudadano, se formó como arquitecto, se casó varias veces. Hoy jubilado, fue docente Grado 5 de la Facultad de Arquitectura, que al cumplir 100 años, en 2015, lo nombró profesor emérito.
Formado en tres grandes corrientes filosóficas orientales —el confucianismo, el taoísmo y el budismo—, Yim llegó a Uruguay a los 16 años “eludiendo las guerras”, y encontró “una cultura judeo-cristiana, de fuerte impronta católica, filtrada por el laicismo estatal”.
Alumno del ingeniero Eladio Dieste, el arquitecto Yim dice haber dedicado su vida a “tender puentes” entre ambos países. “Muchos puentes todos los días, todos los meses, todos los años para cruzar ese océano al otro punto del globo, que no es solo geográfico, es cultural”. Recorrió varias veces Uruguay, conoce “180 localidades y unos cuantos rancheríos” por diversos trabajos de campo.
Fundador y coordinador académico del Centro de Integración China-Uruguay, hasta el año pasado dio clases de mandarín en la escuela República Popular China del barrio Casavalle —dejó por dolores de espalda, lamenta—, practica “algo de tai chi” e integra el coro de abuelos del Colegio Inglés.
Tras 12 viajes a su país de origen, el último en 2016, sostiene que “China, pese a sus complejidades diversas, es “totalmente capitalista y abierta al mundo, porque no hay más remedio: tiene que competir y avanzar en la globalización, en contra de la cerrazón y aprovechando los huecos que deja el presidente (Donald) Trump”.
Cuenta Yim que está vinculado a la historia del monumento al filósofo chino Confucio, ubicado en el Parque Rodó, frente a la playa Ramírez. La estatua de bronce mide 2,5 metros, fue esculpida según el diseño del escultor chino Chen Yi-fan y “donada por Taipei, capital de la provincia de Taiwan”, en 1985. El arquitecto chino decidió la estructura de la obra, definió su ubicación basado en el feng shui y trabajó sobre las inscripciones del basamento, sujeto a la caligrafía de Sun Yat-sen, primer presidente de la República de China, sobre el texto La Gran Armonía, de Confucio.
Cuando en 1988 el gobierno de Julio María Sanguinetti reestableció relaciones con la República Popular China, el monumento de Confucio se mantuvo como “testimonio de un feliz acto cultural”, en palabras del profesor Yim, quien precisa que la obra contiene un error: “El nombre del escultor, Yi-fan, está mal escrito”. Sonríe.
Información Nacional
2017-08-03T00:00:00
2017-08-03T00:00:00