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    viernes 14 de junio de 2024

    Clics modernos

    Nº 2225 - 18 al 24 de Mayo de 2023

    En 2023 cumple 40 años Clics modernos, el fabuloso álbum de Charly García. Probablemente porque tenía 20 años cuando se publicó, creo que sigue siendo un disco moderno.

    Cuando pienso que 40 años antes de 1983 el mundo estaba en guerra y Europa continental estaba sometida por una pandilla de dementes, no puedo dejar de asombrarme por las transformaciones que promovieron y protagonizaron las generaciones que nacieron en la posguerra.

    Miradas desde la perspectiva del ciudadano occidental promedio, las mejoras en las condiciones materiales de vida, el acceso a protección social y bienes públicos, así como los cambios en las actitudes y mentalidades ocurridos desde 1945, son extraordinarias. Dietas variadas y ricas en proteínas, vestuarios adaptables a las estaciones, viviendas confortables y con baños exclusivos, desplazamientos más rápidos y baratos, comunicación y acceso a información instantánea y casi ilimitada. Mejoras de las condiciones sanitarias, de enseñanza y de protección de la población gracias a sistemas de salud, educación y de seguridad social extendidos. Desaparición de la pena de muerte, legalización del aborto, consolidación de sociedades multiculturales y con libertades religiosas y de pensamiento, reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo. Quiero decir, los cambios que experimentaron las personas que nacieron a partir de la posguerra son mucho más profundos que los que vivieron las generaciones de sus padres y sus abuelos.

    Sin embargo, si bien tenemos más confort y protección e integramos sociedades más tolerantes, hay muchos desafíos que deberían preocuparnos. La abundancia material a la que hemos accedido ha sido, en gran medida, a costa de degradar de una manera muy grave el medio ambiente. A pesar del avance del Estado de bienestar y de las libertades y los derechos conquistados, las sociedades occidentales son más desiguales que a fines de los años 70. La revolución tecnológica de la que tanto nos beneficiamos facilita la precarización laboral y está erosionando, junto con la demografía, los sistemas de protección social, en particular a los de pensiones. La deslocalización industrial y la consolidación de las cadenas globales de producción provocan descontentos e indignación entre amplios grupos de población de ingresos medios.

    En un contexto así, los nacionalismos extremos, las reacciones xenófobas, las respuestas populistas y los liderazgos autoritarios no podían faltar a la cita. Mientras ello ocurre, las tensiones geopolíticas se acentúan y extienden debido al avance vertiginoso de China, que desafía a Estados Unidos como potencia global. En otras palabras, muchos de los consensos y equilibrios que se construyeron durante la posguerra y se consolidaron al finalizar la Guerra Fría se están diluyendo. Por ejemplo, la democracia de partidos tiene menos adherentes que hace 20 años, el mundo unipolar que emergió al caer la Unión Soviética ya no existe y la invasión de Rusia a Ucrania le da renovado protagonismo al fantasma nuclear. En poco tiempo el mundo dejó de ser lo que algunos creían que sería para siempre.

    En esos cielos cargados de cambios, incertidumbres y riesgos Uruguay navega. Como si fuera poco, nuestros vecinos y socios no parecen contar con un plan de vuelo al cual sumarse. La inestabilidad económica, social y política, así como la falta de un rumbo claro y de un liderazgo sólido en la región, nos dejan expuestos a nuestra suerte y aciertos. Sería de mucha ayuda que pudiéramos volar acompañados. Pero temo que hace falta que pasen muchas cosas y que transcurra mucho tiempo antes de que podamos hacerlo.

    Lo anterior supone que, como pocas veces en nuestra historia reciente, los uruguayos tenemos que tomar decisiones para el largo plazo en relativa soledad. Esas decisiones atañen a nuestra inserción externa, a nuestro modelo de crecimiento y a nuestro sistema de convivencia. Es que, en los tres capítulos, la agenda actual está agotada o requiere ser revisada de forma urgente.

    Por nuestro tamaño, dotación de recursos y localización, así como por nuestras preferencias sociales, estamos obligados a encontrar nuevas formas para seguir integrándonos a la economía global, producir y convivir sin afectar el medio ambiente y aumentar la productividad para crecer más de modo de extender, fortalecer y modernizar nuestro Estado de bienestar. Ello requiere poner énfasis en una revisión seria y factible de nuestra estrategia de apertura externa, en promover cambios en el esquema de ingresos-transferencias públicas para focalizar las políticas en la población verdaderamente vulnerable, en aumentar la eficiencia en varias actividades del sector no transable, en promover más competencia bajo estándares de regulación modernos, en fortalecer los sistemas de estímulo a la innovación y a la incorporación de tecnología, entre otros.

    Lamentablemente, esta agenda no es muy diferente a la que teníamos en 2019. Por eso, en contraste con lo que escribió Charly en 1983, son viejos y no “nuevos trapos” los que tendremos que manejar a partir de 2025. Lo malo es que contamos con menos tiempo. El problema del agua al que asistimos en estas horas es un ejemplo de los problemas que se enfrentan cuando no se actúa a tiempo.

    *El autor es economista, doctor en Historia Económica, profesor universitario y socio de la consultora CPA/Ferrere.