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    Comer un cerdo y echarse a leer

    La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey, una novela y su película

    Lo primero que despierta curiosidad es el título, tan extraño y largo que es casi imposible recordarlo. Lo segundo es la estructura, porque La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey (Salamandra, 2018) es una novela de estilo epistolar, elaborada a partir de las cartas que se envían sus personajes. Y después está el lugar, Guernsey, una bella isla británica ubicada en el Canal de la Mancha. Cuando se busca información, se descubre que ahora esa isla es un paraíso fiscal, pero la novela se remonta hacia la otra parte de su historia, la vinculada con la II Guerra Mundial, el hambre y la literatura.

    En la portada aparecen dos autoras: Mary Ann Shaffer, bibliotecaria, librera y editora, y su sobrina, Annie Barrows. Shaffer comenzó a investigar sobre la historia de Guernsey cuando visitó la isla en 1980. Después se decidió a escribir la novela, que le llevó varios años, y cuando estaba casi por terminarla, murió. Entonces fue su sobrina, también librera y editora, quien la terminó. Finalmente, el libro se publicó en 2008 y fue todo un éxito, traducido a 20 idiomas. Este año se estrenó la película basada en su historia y con su mismo título extenso. Está dirigida por Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral) y se puede ver en Netflix.

    En la historia real, Guernsey fue ocupada en 1940 por las tropas alemanas que transformaron la isla en una verdadera fortaleza, con búnkers, túneles bajo tierra, muros antitanque en la playa y hasta un hospital subterráneo. Sus pobladores, salvo los que marcharon a campos de concentración, quedaron allí atrapados. Hasta hoy se mantienen algunas de esas fortificaciones construidas con mano de obra esclava que los alemanes llevaban de otros territorios ocupados.

    En la historia real, Guernsey fue ocupada en 1940 por las tropas alemanas que transformaron la isla en una verdadera fortaleza, con búnkers, túneles bajo tierra, muros antitanque en la playa y hasta un hospital subterráneo.

    “Reclutaron a hombres y niños, algunos fueron arrestados, otros secuestrados directamente de las calles, en las colas de los cines, en los cafés. (…) El trato inhumano que recibieron respondía a la política dictada por Himmler. Denominaba a su plan ‘Muerte por agotamiento’ y lo llevó a la práctica”, cuenta en la novela uno de los personajes a través de su carta. También en esas misivas se relatan otros hechos que fueron reales. Por ejemplo, que los habitantes de Guernsey, anticipándose a la ocupación, enviaron a los niños hacia Inglaterra para vivir con parientes o incluso con extraños. Preferían que se fueran solos a que sufrieran el dominio nazi. Algunos de esos niños eran muy pequeños y nunca regresaron con sus familias.

    Además de opresión y soledad, los isleños pasaron hambre. El hambre de la guerra que atacaba a pobladores y también a soldados. Los alemanes les confiscaban los alimentos para alimentar a las tropas, sobre todo los cerdos, y solo les permitían plantar papas. Fue en este detalle que reparó Shaffer para la trama de su novela. Entonces creó un personaje, Amelia Maugery, que logra esconder un cerdo. Después de un tiempo decide matarlo y celebrar una gran cena clandestina con sus vecinos de más confianza.

    La comilona es un éxito, pero cuando los invitados regresan tarde a sus casas, en pleno toque de queda, son detenidos por los soldados de guardia. Para zafar de la reclusión, o tal vez de la muerte, a una de las jóvenes se le ocurre decir que son una sociedad literaria y que se les fue la hora leyendo. El nombre que inventa para esa sociedad es el del pastel de papas, la comida habitual en esa época de miseria, hecho solo con papas hervidas y sus cáscaras. Los nazis los dejan ir, pero deciden fiscalizar las reuniones de la sociedad. Entonces el grupo debe crearla y ponerse a leer, y de a poco sus integrantes se empiezan a interesar por los libros, que se transforman en sus aliados.

    Todo lo agradable que tiene la novela, llena de referencias a escritores como Charles Lamb, Jane Austen, Oscar Wilde o las hermanas Brönte, y de guiñadas hacia el ámbito literario, se pierde en la película, centrada en la historia de amor, bastante trillada.

    Toda esta trama va surgiendo a través de las cartas que recibe en 1946 Juliet Ashton, una escritora y columnista que vive en Londres durante la posguerra. La primera carta es de un criador de cerdos de Guernsey, Dawsey Adams, con quien empieza a intercambiar lecturas y libros a través del correo. Él fue uno de los fundadores de aquella sociedad que nació sin proponérselo en la cena prohibida. Después le llegan las cartas de otros de sus miembros, y así se va construyendo una novela a través de muchas voces que le dan profundidad a la historia. Son relatos cronológicamente desordenados, porque cada uno recuerda un momento del pasado.

    Esta estructura que sigue el ritmo de los recuerdos es uno de los logros de la novela. Al dejar en suspenso las pequeñas historias, que se retoman varias cartas después, se crea expectativa y cierto misterio por saber cómo siguen. El otro logro es el personaje de Juliet, una mujer que escribía columnas irónicas sobre la guerra en los periódicos. “Fueron lo más ingenioso que se publicó durante la guerra, y me gustaría conocer a la persona que las escribió”, le dice en una carta uno de sus admiradores.

    Por esas columnas firmadas con el seudónimo de Izzi Bickerstaff, la escritora obtiene después de la guerra varias propuestas, entre ellas, escribir un artículo para el Time. Las cartas que comienza a recibir de Guernsey le dan un tema interesante para su artículo y la oportunidad de conocer a sus remitentes. Y entonces conoce seres que, lejos de ser de una pieza, muestran sus miserias y sus bondades, sus heroísmos y sus rencores.

    Todo lo agradable que tiene la novela, llena de referencias a escritores como Charles Lamb, Jane Austen, Oscar Wilde o las hermanas Brönte, y de guiñadas hacia el ámbito literario, se pierde en la película, centrada en la historia de amor, bastante trillada, que se va gestando entre Juliet (Lily James) y Dawsey (Michiel Huisman). Igual vale la pena verla porque en su reparto hay grandes actores, muchos de ellos conocidos por la serie Downton Abbey. Además tiene hermosos paisajes isleños y muestra una Londres aún herida por los bombardeos, pero que revive en sus salones de té y fiestas. Y también en su correo, indestructible a pesar de la guerra.

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