Cada vez nos parecemos más a un pueblo del lejano oeste americano, como los que aparecían en las películas de John Wayne, o al Chicago de los locos años 20 del siglo pasado, con Al Capone y sus compinches.
Cada vez nos parecemos más a un pueblo del lejano oeste americano, como los que aparecían en las películas de John Wayne, o al Chicago de los locos años 20 del siglo pasado, con Al Capone y sus compinches.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas autoridades no parecen estar demasiado conmovidas con lo que ocurre, supongo que porque como estamos en tiempo de licencias y vacaciones, si algún periodista se llega a cruzar con el Bicho en bermudas y ojotas, caminando por las doradas arenas de Parque del Plata, y le pregunta por el robo del BROU (no el del aval perfecto, me refiero al del martes en la sucursal del banco en La Paz), ése en el que utilizaron los rifles de guerra que le afanaron al Batallón de Infantería hace dos semanas, lo más seguro es que diga “bueno, pero no mataron a nadie, y además no sabemos si las escopetas esas son las del cuartel de Infantería, o las que le robaron a la Fuerza Aérea hace como dos años, y al final de cuentas tampoco se llevaron tanta guita, no llega a veinte mil dólares, ¿qué te comprás con eso? Ni un autito chino”.
No sé si hay ministro interino mientras el Bicho veranea, porque el Perro, desde que le están matando colegas en Salto por la Leishmaniasis, ha desaparecido (comprensiblemente) de los lugares que solía frecuentar.
Ahora bien, estén o no estén, no hay día que desde unas motos fantasmas no baleen a varios tipos que “estaban conversando en una esquina”, siempre con la vieja y gastada excusa, o explicación, mejor dicho, de los famosos “ajustes de cuentas”.
Hay zonas copadas por los narcos, que se matan los unos a los otros sin importar mucho si alguno de los esbirros que usan para las “limpiezas” se equivoca de víctima, y se lleva puesto a algún inocente que justo estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado.
Uno está ya tan anestesiado, que cuando lee en un diario, escucha en la radio o ve en el noticiero de la tele alguna de estas noticias, se dice a uno mismo, “otro más”, o tal vez mejor, “otro menos”, mientras la imagen cambia a la estación de servicio asaltada, el almacén rapiñado por enésima vez, y suspira aliviado al saber que el comerciante baleado se recupera satisfactoriamente, y su vida no está en peligro.
Caminando por cualquier barrio de mañana, junto a los cordones de la vereda uno encuentra picadillos de vidrio de la ventanilla de uno de esos autos que no tienen garage, cuyo propietario ya está en la vidriería reponiendo la ventanilla rota, y lamentando los lentes de sol y los CDs que le afanaron en la madrugada, mientras él dormía adentro, y su auto afuera.
Esta columna, de humor tiene muy poco, pero me abuso de ustedes porque desde su nacimiento se publica bajo el apelativo de “no es broma”, y vaya si no lo es. La situación de la inseguridad, el aumento de la criminalidad, el crecimiento de la impunidad y la inoperancia de la autoridad, dan ganas de llorar.
Conversando hace unos días con un amigo sociólogo con un posgrado en criminología, me decía que las sociedades que se acostumbran a la violencia y al delito, terminan en un suicidio colectivo.
Al final a nadie le importa lo que le pasa al otro, y la ceguera, la sordera y el egoísmo anestesian de tal modo a la gente, que al final la sociedad entera termina aniquilada.
Ya casi nadie se acuerda de la pobre Lola Chomnalez, ni se interesa demasiado en cuántas partes la peruanita del balneario Bellavista serruchó a su madre para quedarse con su plata.
De lo que sí me acuerdo es que aquellas aguas trajeron estos lodos, no me olvido del ministro del Interior José Díaz liberando presos porque “eran víctimas de la sociedad” en la primera presidencia del Dr. Vázquez, de la Daisy Tourné revistando tropas policiales montada en un brioso corcel, al son de “Bésame Mucho” y otros boleros románticos, mientras encontrábamos que el aumento de la delincuencia no era sino una “sensación térmica”, ni del subsecretario licenciado en enfermería don Perro Vázquez, diciendo que si uno no andaba metido en las barras de los narcotraficantes o de los ladrones, nada malo le iba a pasar.
Es que los delincuentes no solo matan, sino que además roban estaciones de servicio, supermercados, casas de familia, almacenes barriales, clubes deportivos, escuelas, discotecas, jardines de infantes, mutualistas, clínicas y policlínicas, hoteles de alta y baja rotatividad, valijas de automóviles y automóviles con sus valijas, es un escándalo, pero eso sí: nadie roba como el gobierno.
Y si no que lo digan Pluna, Ancap y las tarifas de los servicios públicos, por poner ejemplos recientes.
Sean Penn, ya lo conocés al Pepe, ¡venite de nuevo y le hacés una entrevista a Tabaré!