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    Como para un libro

    Nº 2194 - 6 al 12 de Octubre de 2022

    Al advertir, releyendo documentos, como siempre, cierta sentencia sobre el tango que había olvidado, se me ocurrió una metáfora: ese tango viajaba desde la Guardia Vieja en tranvías que, al avanzar sobre las calles empedradas, se veían cada vez más decorados, más cómodos y más veloces, atravesando épocas de creación y evolución.

    De pronto, ese tranvía tropezó con un inesperado desperfecto en las vías y, además de la sacudida, estuvo a punto de detenerse. Ocurrió apenas iniciada la década de 1950 y sus consecuencias se extendieron durante largos años: como desagradable resultado disminuyeron la participación del tango en el teatro, el cine y los escenarios principales para espectáculos en vivo, las grabaciones discográficas y la aparición de talentos creativos. O sea, todo lo que había florecido hasta fines de la década anterior como un gran resplandor en apariencia inagotable.

    Por supuesto, las principales orquestas, los solistas más destacados y los creadores con visión de futuro no cejaron en su esfuerzo. Pero ya no era lo mismo; debieron bajar del tranvía y se encontraron, entre otros obstáculos, con la expansiva aparición de otros ritmos que capturaban el entusiasmo de las nuevas generaciones.

    Sin embargo, esa suerte de circunstancia desalentadora produjo también una paradoja: precisamente entre las décadas de 1950 y 1960 aparecieron unos pocos tangos memorables que trajeron unas consecuencias que nadie imaginó y lo mantuvieron con vida.

    Como ejemplo, me encanta recrear la peripecia de Pasional, tango creado en 1951 por Jorge Caldara y Mario Soto, dos músicos de la orquesta de Osvaldo Pugliese. Aunque, según el historiador Benedetti, “salió en una etapa desguarnecida del género, se convirtió en una expresión áurea en medio de la languidez general”. Y fue la causa de un aluvión de hechos diversos y hasta extravagantes.

    Soto, bandoneonista que había entrado un año antes a prueba con Pugliese, gracias a este tango, del que se hizo cargo de la letra, fue confirmado.

    Lo explicó así: “Son escenas de tango. Las que vemos todas las noches. Solo hay que prestarles atención y seguir contándolas. La pista, la penumbra hablan… Están llenas de hechos, de diálogos, tristezas, momentos felices… La vida misma, el amor…”.

    Pasional significó, además, el renacimiento de Pugliese y la consagración definitiva de Alberto Morán, de quien el periodista José María Otero apuntó: “Gracias a Morán, este tango se instaló como uno de los más requeridos por el público. El dramatismo de sus versos y su genial interpretación resultó una fórmula perfecta”.

    ¿Otras rarezas? Abundan, pero elijo dos.

    Hasta hoy, Pasional se sigue interpretando incluso por los más jóvenes artistas y sus grabaciones tampoco se han detenido. En otro plano, su impacto fue tal que dio lugar a una obra de teatro, Una historia pasional, basada en la letra del tango, con 14 actores en escena, todos los cuales, al final, bailan la creación de Caldara y Soto.

    Y cierro con una anécdota —con disculpas por su esencia autorreferencial— al borde de lo insólito.

    Mi madre, allá por 1953, cuando aún no había aparecido la televisión, fue contratada como productora y locutora del programa Cartas con grabaciones, de CW 41 Broadcasting San José. Se recibían cartas con solicitud de temas y dedicatorias, se seleccionaban algunas para cada emisión, con un control relativo, y los discos salían al aire. Una noche ella leyó: “De Rosita, del barrio Ansina, para su eterno amor, Juan Pedro, del barrio Industrial. Le entrego este mensaje: el tango Pasional”.

    Minutos después, le pasaron una llamada telefónica de una mujer muy enojada: “Mire, señora. Habla María, la esposa de Juan Pedro. Espero que le diga a esa loca de porquería, de la que una vecina me acaba de contar que le dedicó Pasional a mi marido, que se lo puede meter donde ya sabe. Y que nos deje en paz, porque supongo que no lo sabe, pero Juan murió está tarde de un infarto y lo estamos velando”.

    Mamá sufrió un shock. Ya repuesta, se suspendió la audición, y el dueño de la radio necesitó de 15 días para convencerla de que volviera a Cartas con grabaciones…

    No sabrás, nunca sabrás / lo que es morir mil veces de ansiedad; / no podrás nunca entender / lo que es amar y enloquecer. / Tus labios que queman, tus ojos que embriagan / y que torturan mi razón… / ¡Sed que me hace arder / y que me enciende el pecho de pasión…!