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    Con Europa luchando a varios frentes, el Mercosur ofrece negociar

    Un acuerdo con Estados Unidos, la llegada de los refugiados y la posible salida del Reino Unido ocupan a la UE

    Nunca ha sido un buen momento para negociar desde que Europa y el Mercosur empezaron las conversaciones, más de quince años atrás. El proteccionismo de ambos lados, las crisis, los cambios, el paso del tiempo. Ahora, con nuevos nombres y nueva coyuntura, los astros parecen alinearse para que los dos bloques logren un tratado comercial.

    Sin embargo, la situación encuentra a la Unión Europea (UE) concentrada en otros frentes: discutir un acuerdo comercial con Estados Unidos, resolver qué hacer con los refugiados que llegan en masa desde Medio Oriente y apaciguar al Reino Unido, que vuelve a amenazar con su “independencia”.

    Europa y el Mercosur iniciaron sus conversaciones oficiales para un tratado comercial en el 2000. Al año siguiente Argentina y Uruguay cayeron en una crisis económica. En 2004 y 2007 varios países entraron a la UE, lo que absorbió la atención del bloque. En 2010 las partes retomaron las negociaciones y desde entonces hubo nueve rondas que se centraron en las reglas sin llegar al intercambio de las listas de productos que ofrecerán.

    Además, el proteccionismo de algunos países de ambos lados trancó más el proceso. A los europeos agricultores como Francia no les servía que Uruguay, Argentina, Brasil y Paraguay exportaran con más facilidad a su continente. A su vez, Argentina y Brasil decidieron proteger sus industrias de la posible llegada de productos del otro lado del océano.

    Pero algunas cosas cambiaron. Por un lado, todos los países del Mercosur excepto Paraguay subieron de categoría según sus ingresos y perdieron el derecho del Sistema General de Preferencias, que permite acceso más fácil a Europa. Además, el gobierno kirchnerista argentino cambió por otro que considera que un acuerdo es una “prioridad”. Por otro lado, la UE desde el 2012 tiene una balanza comercial favorable con el Mercosur. En el 2004 vendía por 20.000 millones de euros y compraba por 30.000 millones. Ahora compra por 45.000 millones y vende por más de 50.000 millones, según los datos oficiales. Entonces le sirve facilitar ese comercio.

    La canciller alemana Angela Merkel visitó en agosto a Dilma Rousseff en Brasil y dijo que la encontró con disposición a lograr un acuerdo. Merkel sostuvo que hay que buscar el camino para que se concrete, porque sería útil para las más de 1.500 empresas alemanas radicadas allí.

    La llegada de Mauricio Macri al poder en Argentina modificó el punto de vista de ese país, que ahora cree que el tratado es “prioritario”. Cuando asumió Macri, el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, dijo que recibió señales “alentadoras” del nuevo mandatario y que ve “mucho compromiso desde los dos lados para llegar a un acuerdo”.

    En diciembre los presidentes del Mercosur se reunieron en una cumbre en Asunción, donde Macri y Rousseff se pronunciaron a favor de dar impulso a las negociaciones. El gobierno brasileño dijo en un comunicado que es hora de pasar a una “fase definitiva”.

    El fin de semana el jefe de Estado uruguayo, Tabaré Vázquez, quien ostenta la Presidencia del Mercosur, dijo que el bloque ya presentó sus listas de productos. “Más del 93% de lo que producimos ya lo ponemos a disposición para llevar adelante un tratado de libre comercio”, anunció. “Quien tiene ahora problemas y dificultades es la UE, sobre todo por algunos aspectos vinculados al proteccionismo agrícola”, agregó Vázquez.

    François Hollande, presidente de Francia, el país más aferrado a proteger su agricultura, visitó ayer miércoles Buenos Aires, donde se reunió con el presidente Macri. Hoy jueves llegará a Montevideo para encontrarse con Vázquez. La posibilidad de un tratado está sobre la mesa.

    Problemas europeos.

    Pese al optimismo de los países sudamericanos, en la prensa europea nada se dice sobre el posible acuerdo con el Mercosur. Lo que sí sale en los diarios es la negociación entre la UE y Estados Unidos de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP). El lunes 22 activistas de Greenpeace se encadenaron al edificio de Bruselas donde se llevan adelante las negociaciones. Protestaban contra el levantamiento de barreras que ellos consideran una garantía contra la contaminación.

    Europa y Estados Unidos negocian desde mediados del 2013 un tratado para liberalizar su intercambio comercial. Cuando se apruebe, será el mayor tratado bilateral que se haya negociado en la historia. Según la información oficial, en el 2014 Europa le compró a Estados Unidos por valor de 206.000 millones de euros y le vendió por 311.000 millones.

    Además, hay dos problemas políticos que aquejan a la UE. El jueves 18 y el viernes 19 los líderes de los 28 países se reunieron en una cumbre en Bruselas. Mientras la crisis de los refugiados sumaba una página con la decisión de Austria de poner un tope a los pedidos diarios de asilo, Merkel intentó lograr que la UE la apoye en su plan de aliarse con Turquía. Quiere que ese país ayude a canalizar en forma ordenada a los refugiados, reforzando los chequeos en la frontera y organizando contingentes de personas. El viernes pudo anunciar al público que la UE decidió dar “prioridad” al trabajo con Turquía, enviándole más dinero. En esa jugada tiene puestas sus fichas Merkel para lograr un respiro a un problema que le está costando apoyo político en Alemania (Búsqueda Nº 1.854).

    Pero el punto que acaparó la atención de la cumbre es la posible salida del Reino Unido, que otra vez discute si le conviene permanecer en el bloque. Este año planea celebrar un referéndum para decidir si se queda o se va, lo mismo que ocurrió en 1975, poco después de su ingreso. Ahora la opinión pública está dividida.

    Para preparar políticamente el terreno y tener algo que ofrecer a la hora de hacer campaña por la permanencia, el primer ministro David Cameron pidió condiciones especiales para los británicos dentro de la UE. El viernes de noche, luego de una maratón de dos días de negociaciones diplomáticas, anunció un acuerdo que le da al Reino Unido un “estatus especial”.

    Las principales concesiones que obtuvo fueron: la posibilidad de recortar por cuatro años los beneficios de los ciudadanos de la UE que no son del Reino Unido pero trabajan allí; modificar el cálculo de los beneficios a los hijos de migrantes europeos que viven en el exterior; enmendar los tratados de la UE para explicitar que el requerimiento de buscar “una unión cada vez más estrecha” no aplica al Reino Unido; y una “salvaguarda de emergencia” que proteja a la ciudad de Londres de la relocación de empresas en otros territorios y que asegure que los británicos no sufran “discriminación” por no integrar la Zona Euro.

    Cameron dijo que ahora va a hacer campaña con “alma y corazón” para lograr que su país permanezca en la UE. No obstante, fue enfático en que “Gran Bretaña nunca será parte de un ‘superestado’ europeo”.

    Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, dijo que el acuerdo contempla todas las preocupaciones de Cameron sin comprometer los “valores fundamentales” del bloque. “Hicimos todo lo que pudimos”, aseguró. “La decisión final está en manos de los ciudadanos británicos”. Según las últimas encuestas, entre el 50 y el 60% del electorado tiene intención de votar por permanecer.

    En un artículo que publicó en la revista inglesa “New Statesman” el viernes 19, el columnista Charles Grant opinó que el Reino Unido debería quedarse. Observó que de lo contrario, pierde los beneficios de los acuerdos comerciales que ese bloque tiene con 60 países y los que vienen en camino, como Japón, la India, Australia, Tailandia, Estados Unidos y el Mercosur, esa alianza comercial que vuelve a aparecer en medio del remolino.

    Fuera de Fronteras
    2016-02-25T00:00:00

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