En su penúltimo concierto de la temporada, el Centro Cultural de Música nos trajo el jueves 22 a la Orquesta Filarmónica de Hamburgo, con dirección de Kent Nagano y la presencia del notable violonchelista francés Gautier Capuçon. Fue en el Solís.
En su penúltimo concierto de la temporada, el Centro Cultural de Música nos trajo el jueves 22 a la Orquesta Filarmónica de Hamburgo, con dirección de Kent Nagano y la presencia del notable violonchelista francés Gautier Capuçon. Fue en el Solís.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa primera parte fue ocupada por Don Quijote, de Ricardo Strauss (1864-1949), una obra atractiva y compleja por la indefinición de su forma, entre poema sinfónico descriptivo —variaciones que en la forma clásica no son tales— y concierto para solista y orquesta. Capuçon confirmó sus credenciales: un sonido aterciopelado de belleza impar, el fraseo justo y una gama interminable de matices entre el fortísimo y el pianísimo. En más de un pasaje el chelo no recibió el debido respeto de la orquesta en el balance sonoro y desapareció en medio de un tutti que Nagano debería haber regulado con más cuidado. La orquesta, bajo la batuta del conductor californiano, hizo una lectura muy cuidada en los distintos sectores, obteniendo muchas veces sonidos inéditos en otras versiones. Pero le faltó amalgamar esas prolijidades sectoriales en un torrente común que contribuyera a crear ese característico “sonido Strauss”, que solo por breves momentos apareció en esta versión, en la que en cambio predominó un enfoque desmembrado.
Hace tres años Nagano estuvo en Montevideo al frente de la Sinfónica de Montreal. En ese entonces dirigió la Cuarta Sinfonía de Brahms en el Auditorio Adela Reta. El resultado fue un Brahms arrollador en intención y en sonido. No fue este el caso de la Primera Sinfonía del mismo autor que escuchamos ahora: una versión cuidadísima, perfecta en sus detalles, que sin embargo no llegó a levantar el vuelo sonoro y conmovedor de aquella Cuarta de tres años atrás. Las razones pueden ser varias: para empezar, la diferencia de acústica entre las dos salas. Se sabe que el Solís tiene una acústica “seca”, mientras que la del Auditorio Adela Reta es mucho más brillante. Otro motivo quizás pueda encontrarse en el hecho de que cuando Nagano nos visitó en 2013 con la Sinfónica de Montreal, ya llevaba siete años al frente de la orquesta, con todo lo que eso implica, mientras que al frente de la de Hamburgo apenas acaba de cumplir un año.