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Vamos a entendernos. Cada espectáculo del Ballet Nacional del Sodre demuestra uno a uno y con toda seguridad que la compañía oficial bajo la dirección de Julio Bocca se va superando notoriamente, lo que entusiasma al público que llena las salas y expresa con generosidad su reconocimiento. Así que no sorprende para nada que la reposición de El corsario (que se había estrenado en 2011) mejore la puesta anterior que, según recuerda este cronista, ya mostraba al elenco oficial en su momento de esplendor (ver Búsqueda Nº 1631). Aquella vez la escenografía de Simon Pastukh había sido realizada en la Vozrozhdenie Theatrical Shop de San Petersburgo (Rusia). Ahora todo el trabajo de vestuario y decoración pertenece a los talleres del Sodre y fue diseñado por Hugo Millán.
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Este ballet había sido estrenado en París en 1856 con música de Adolphe Adam y coreografía de Joseph Mazilier, pero sufrió varios cambios con el correr del tiempo e incluso dejó de ser representado por muchos años. Desde que fuera puesto en escena en San Petersburgo en 1858, Marius Petipa asistió al coreógrafo Jules Perrot y luego se encargó él mismo de sucesivas reposiciones hasta la versión definitiva de 1899. A esa altura, la partitura original de Adam había tenido agregados sustanciales de otros compositores como Cesare Pugni, el príncipe Piotr Georgievich de Oldenburg, Riccardo Drigo y Leo Delibes. El papel del esclavo Alí fue aumentando en importancia desde que lo bailó Vajtang Chabukiani (del Ballet de Kirov) hacia 1930, quien le inventó la indumentaria de pantalón bombachudo, torso desnudo y una tiara en la frente, tal como lo usan todos los bailarines hasta hoy. Hay registros fílmicos de Rudolf Nureyev y Mijaíl Baryshnikov (y otros varios célebres bailarines en Youtube) en el famoso pasaje del Acto 2º.
A pesar de la ausencia de orquesta en el foso, la función no se desmereció gracias a la vibrante partitura ejecutada por la Evergreen Symphony Orchestra de Taiwan, orquestada por Kevin Galiè. Desde que se levanta el telón ya se ven efectos especiales de excelente factura como esa nave pirata que surca el mar a la vista del público en medio de gran oleaje, con un realismo impresionante. Son pocos segundos como para preguntarse si valía la pena semejante despliegue, pero luego se verá que eso era solo un anuncio. El notable decorado de Millán, los fondos animados, el colorido de los trajes, las luces de Claudia Sánchez y la coreografía original repuesta por la canadiense Anna-Marie Holmes son todos elementos que trasladan al espectador a un mundo de fantasía típico de las Mil y Una Noches, con su historia de piratas, mercaderes de esclavas, pashás con mucho dinero, harenes repletos de odaliscas, amores y desencuentros según el argumento que tuvo su origen en Lord Byron adaptado por Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges y Joseph Mazilier.
A fin de cuentas, El corsario es un ballet tradicional, cuya música siempre funcional se adapta a las evoluciones típicas de los bailarines, quienes se dividen en solos, pas-de-deux, tríos y cuartetos, más varias escenas de conjunto, siempre de acuerdo a las normas específicas de abrir el escenario en círculo para que el solista haga su despliegue de habilidades o las luces creen un entorno poético para que la pareja principal realice su clímax romántico inevitable. Son las reglas del juego y lo que se debe exigir entonces es que el cuerpo de baile disponga de solistas virtuosos que sepan elevar la danza al sublime lugar que le corresponde.
Nadie puede dudar que el Sodre ha llegado a ese nivel, no importa el solista que haga la función, aunque Ciro Tamayo como Alí se robó la mayor ovación de la noche. Y aún queda el sorprendente final que no se puede contar porque hay que verlo. Si uno creyera que está sentado en el Metropolitan Opera House de Nueva York viendo un brillante despliegue de efectos especiales, con olas embravecidas, tormenta furiosa, truenos y relámpagos y un barco al garete, quedaría deslumbrado. Pero eso ocurre acá con igual bravura y convicción, como para pensar que se llegó a donde se quería llegar. Tal vez no a la perfección (¿qué es eso?), pero cómo se le parece.
“El corsario”, en el Auditorio Nacional del Sodre. Nueva función: sábado 12 a las 15 h (entradas entre $ 150 y $ 600). Previo a cada función, la investigadora de ballet Lucía Chilibroste ofrece charlas en el hall sobre la historia de la obra, con entrevistas a los bailarines (hasta el miércoles 16 a las 19, domingo a las 16, con entrada libre).