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    Conaprole enfrenta el desafío de hacer “equilibrio” entre los grandes remitentes y los pequeños tamberos para ser “eficiente” y no abandonar el “espíritu cooperativo”

    “Los tamberos familiares son los que siempre defendieron el esprítu cooperativo y ese debe ser el perfil de los productores que remiten leche a Conaprole (Cooperativa Nacional de Productores de Leche) y no las grandes compañías extranjeras o empresarios, que sólo van detrás del mejor precio que les paguen”.

    Palabras más, palabras menos, esa era la idea que reafirmaban un grupo de productores en una conversación informal en el marco de una charla técnica sobre lechería realizada recientemente.

    La preocupación de esos tamberos, según dijeron a Campo, que presenció ese intercambio, es la creciente participación de firmas de gran porte en el volumen de leche que procesa Conaprole, que es la principal industria del sector y la mayor empresa exportadora de Uruguay, y la dependencia que implica en su operativa; mientras que cada año desparecen pequeños productores de ese sector.

    Para analizar ese tema, Campo consultó a Conaprole, tanto a productores como a miembros del Directorio, que destacaron la estrategia de “equilibrio” entre tamberos de menor porte y los grandes empresarios, que ganan peso en la venta de leche a la cooperativa.

    “Que haya grandes jugadores remitiendo leche, sean empresas extranjeras o productores uruguayos, no perjudica a los pequeños y medianos, y permite que la cooperativa tenga suficiente materia prima para elaborar sus productos”, dijo el presidente de la Asociación Nacional de Productores de Leche (ANPL), Eduardo Viera. Señaló que esa gremial, que nuclea a los remitentes de leche a Conaprole, pretende que esa industria “no les cierre las puertas a los productores pero que sea selectiva a la hora de aceptar nuevos, específicamente al tener en cuenta que sean conscientes del sentido cooperativo y de pertenencia” que existe.

    “Si no tienen ese perfil no debería dejar que ingresen” otros remitentes, opinó.

    Actualmente, Conaprole recibe unos 3,4 millones de litros de leche por día de unos 2.000 productores pero su capacidad de procesamiento es superior a los 5 millones de litros diarios.

    Por eso, Viera reconoció la importancia de asegurar la mayor cantidad de materia prima pensando en la eficiencia de la industria.

    Entre los mayores remitentes de la cooperativa figuran la empresa New Zealand Farming Systems Uruguay (NZFSU), propiedad de la compañía Olam, de Singapur, que opera en el país mediante las sociedades anónimas Gimley y Lembay; la firma Estancias del Lago, perteneciente al inversionista argentino Alejandro Bulgheroni; la compañía Union Agriculture Group, que este año adquirió El Tejar en Uruguay; y Campos Orientales, del grupo inversor francés Pergam Finance. Uno de los productores que envía volúmenes significativos de leche a Conaprole es el actual vicepresidente de esa industria, Wilson Cabrera.

    Los departamentos que tienen mayor peso en el volumen de leche remitida a la coooperativa son Florida, San José, Colonia, Canelones y Soriano.

    NZFSU remite unos 400.000 litros por día, lo que representa un 12% del total de leche que ingresa a las fábricas de esa industria.

    Respecto a la dependencia creciente de grandes remitentes, el director de Conaprole, Miguel Bidegain, destacó a Campo la importancia de acompasar las inversiones realizadas y proyectadas para ampliar la producción con los volúmenes remitidos de leche.

    “No podemos realizar un desarrollo industrial y que mañana se nos vaya un millón de litros”, dijo. Eso, manifestó Bidegain, en el entendido de que hay una “planificación previa” que “le da estabilidad” a ese sistema productivo. “De hecho, hoy la empresa está exigiendo a los nuevos productores que entran a Conaprole que hagan un compromiso de producción por un mínimo de tres años”, informó.

    Bidegain dijo que con este tipo de medidas la cooperativa busca un “equilibrio” entre el papel que desempeñan los pequeños tamberos y los grandes emprendimientos lecheros.

    “Ante el eventual alejamiento de un remitente importante, eso deberá darse en forma progresiva”, enfatizó.

    Nadie es más que nadie

    A propósito de ese tema, el gerente general de la cooperativa, Ruben Núñez, señalo que “Conaprole nunca premió el mayor envío de leche; siempre pagó el litro de leche o el kilo de grasa y protenías al mismo precio, se haya remitido una o mil unidades (del producto)”. La empresa “nunca discriminó entre grandes y pequeños remitentes. A igual calidad, igual precio unitario, y a diferente cantidad, igual precio unitario”, señaló ese ejecutivo en la edición de mayo de la revista digital “Vadenuevo”.

    Desde enero de este año, Conaprole paga un precio de 10,60 pesos por litro de leche al productor.

    Núñez consideró este aspecto “de la mayor trascendencia, porque en la práctica demuestra que en Conaprole, para decirlo en criollo, nadie es más que nadie, por mayor diferencia de tamaño que exista”. “Es un gran valor para la cohesión empresarial”, agregó.

    Para Núñez, “pese a todo, a la modernidad y a los volúmenes producidos, Conaprole sigue siendo fundamentalmente familiar”.

    “Más que un modelo de producción, es un estilo de vida que determina que Conaprole no tiene techo para su desarrollo”, planteó.

    En el último ejercicio, que cerró a fines de julio de 2013, el gerente general dijo que la cooperativa alcanzó ventas por U$S 1.000 millones, distribuidos en U$S 850 millones en exportaciones y el mercado interno y U$S 150 millones correspondiente a la facturación de sus empresas subsidiarias, como Prolesa, Conapac y Cerealin.

    Otras fuentes de la empresa precisaron a Campo que la facturación del año pasado finalmente quedó en U$S 980 millones y estimaron que en 2014 logrará superar los U$S 1.000 millones.

    El tambo y la tierra

    Al reflexionar sobre los objetivos de la principal industria lechera y el futuro del sector, el titular de la ANPL resaltó “el rol del Instituto Nacional de Colonización para mantener a los pequeños productores familiares, porque el valor de la tierra sigue aumentando y es cada vez más difícil comprar o arrendar un campo”.

    “Hay muchos jóvenes que quieren iniciar o continuar un emprendimiento lechero pero no existen demasiadas posibilidades de acceder a tierras”, se lamentó. Reconoció los planes del gobierno en apoyo a los tamberos en ese sentido, mediante la creación de un fondo de tierras, entre otras medidas.

    Viera se mostró optimista en cuanto al avance de una idea planteada en 2013 por algunas gremiales de productores y que cuenta con el visto bueno del Ministerio de Ganadería, que es la modificación de la extensión de los campos que deben ser ofrecidos a Colonización antes de su venta en el mercado de tierras. La ley 11.029, modificada en 2007, establece que “antes de vender un campo con una extensión igual o superior a 500 hectáreas con un índice Coneat 100 (productividad media), todo propietario está obligado a ofrecerlo en primer término” al INC, que “tendrá la preferencia en la compra por igual valor y plazo de pago.

    El presidente de la ANPL consideró “conveniente analizar ese planteo por departamento”, considerando que la mayoría de los predios transados en los años recientes en algunos lugares, como Canelones y otros, son campos con una extensión inferior a las 500 hectáreas. Entonces, Colonización no puede intervenir para dar una oportunidad a los pequeños tamberos.

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