Nº 2241 - 7 al 13 de Setiembre de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando daba clases de economía una de mis favoritas era en la que tratábamos los temas de monopolio y oligopolio. Era una clase muy divertida, porque el tema invitaba al debate con los estudiantes y eso enriquecía mucho la actividad docente. El monopolio es un villano al que es fácil pegarle, porque se lo asocia a los males de la manipulación del mercado ya que (en teoría) hace lo que quiere si no se lo regula.
Con el oligopolio las cosas eran más difusas, sobre todo cuando se trataba del tema de la colusión, esto es que unos pocos oferentes de un bien se ocupen de acordar entre ellos en perjuicio de los demás.
Pero seamos honestos, ¿quién no quisiera tener el poder del monopolio? Es una tentación que incluso llevó a nuestros políticos a soluciones nada innovadoras en el pasado. Así decidimos como país que los servicios públicos deben ser monopolios estatales para asegurarnos que los servicios estratégicos sean accesibles a todos y para cuidar que no tengan ganancias extraordinarias que hagan de sus costos algo imposible para la sociedad.
Todo esto muchas veces hecho sin mirar mucho la eficiencia de los procesos y no siempre cuidando los costos, lo cual nos lleva a que el factor clave para controlar lo que ocurre en una industria es tener información de los procesos y que sea transparente y accesible a todos.
En el Uruguay tenemos muchos ejemplos de enromes concentraciones de poder. En el caso forestal dos empresas son las que ocupan todo el mercado de la celulosa. No solo eso, son dueños de enormes cantidades de tierras, en un proceso de extranjerización nunca visto en nuestra historia. ¿Escucharon a alguien quejarse por la concentración de poder en la industria forestal?
En la lechería una empresa recibe el 75% de la leche del país, ¿hay alguna queja sobre su poder de mercado? En la carne nos enfrentamos a una empresa que eventualmente tendrá la mitad de la capacidad de faena y es un escándalo. Lo que Uruguay tienen que preguntarse de sí mismo es ¿por qué en el caso de la carne bovina eso es un problema potencial y no lo es en los otros casos? Un amigo me decía que no es lo mismo que el poder esté concentrado en una empresa de productores que en una multinacional. Discrepo, si es malo lo es sin importar quiénes son sus dueños, así sea la asociación más benéfica del mundo e inspirada por las mejores intenciones.
Anteponiendo lo que ocurre con los monopolios públicos, como sociedad somos difíciles de entender. En el caso de la carne el problema parece ser que el grande nos impondrá condiciones que pueden no ser favorables. ¿Alguien se cuestiona si UTE nos cobra lo correcto o si Ancap tarifa sus combustibles de forma razonable y no abusa de su posición dominante?
Creo que si el novillo valiera US$ 5 por kilo nadie se acordaba de la concentración de poder, porque nadie valora las cosas de otro lado. Que la mitad de la fanea esté en manos de una empresa del tamaño de Minerva, ¿por qué no puede ser una oportunidad para mejorar nuestra inserción internacional, captar más valor en la escala industrial y tener otras oportunidades?
No me preocupa la concentración en la carne vacuna. Hay suficiente información generada por el Instituto Nacional de Carnes (Inac) sobre cómo funciona la cadena para monitorear de forma suficiente. No creo que empresas de primer nivel global y con reconocida trayectoria en Uruguay se jueguen a embarrar la cancha.
Cuando me tocó defender mi tesis doctoral un miembro del tribunal me preguntó: ¿por qué la industria frigorífica brasileña compra plantas en Uruguay? Mi respuesta fue: es como que Volkswagen compre a Porsche. Brasil vino a comprar una marca –más allá de su evolución a un titan de la carne en el mundo– y no va a desandar ese camino. Va a pagar por la carne lo que el mercado internacional le permita, igual que hacen los otros.